El Pro pescará en aguas turbulentas en este fin de ciclo

El Pro pescará en aguas turbulentas en este fin de ciclo

Para lograr el sábado la aprobación del habitual "paquete" de leyes de fin de año, el Pro intentaría que Sergio Bergman adelante su renuncia, ya que no concurrirá ese día al recinto por su fe.


En la habitual correntada de leyes de fin de año, suele ocurrir que los legisladores oficialistas deban apelar a los juegos de malabarismos para lograr la aprobación de las leyes que envía el jefe de Gobierno de turno. En el pasado, hubo ocasiones en que presidentes del Concejo Deliberante como Juan Carlos Farizano o Jorge Argüello o vicepresidentes primeros de la Legislatura, como Diego Santilli y Santiago de Estrada debieron apelar a febirles negociaciones para conseguir que los “paquetes de Año Nuevo” pasaran el filtro opositor y se convirtieran en ordenanzas o leyes.

Todo vale

En este año legislativo que termina, el oficialismo porteño tiene aún varias asignaturas pendientes. El vicepresidente actual de la Legislatura, Cristian Ritondo deberá extremar su capacidad negociadora para aprobar una modificación al Código de Faltas que permitirá extender a casi toda la ciudad los parquímetros, triplicando y cuadruplicando las tarifas actuales.

Ritondo también deberá esmerarse para que las designaciones de los actuales legisladores en los organismos descentralizados se conviertan en votos para aprobar algunos proyectos polémicos, como un nuevo endeudamiento y una modificación al Código de Planeamiento Urbano que viene atada a la cosntrucción de un shoping en Caballito. Nada hay peor que el descenso al llano de los diputados que no renuevan sus mandatos, por lo que es habitual el trueque entre un “voto positivo” y una pronta designación-beca en algún organismo satélite del Gobierno como la Corporación Puerto Madero, la Auditoría, la Defensoría o el Ente de Control de los servicios públicos privatizados.

Para que los proyectos del oficialismo sean aprobados es necesario, en la mayoría de los casos, reunir 31 votos o, al menos, la mitad más uno de los legisladores presentes al momento de la votación. Hay algunos casos en que son necesarios los dos tercios del total, lo que obligaría a lograr 40 votos.

El Pro posee hoy un bloque de 26 diputados, a los que hay que sumar los dos votos del bloque Unión por Todos, el partido que lidera Patricia Bullrich, hoy sumada con armas y bagajes al Pro. Estos 28 votos deberán ser complementados con tres más, pero estas mayorías son deletéreas y circunstanciales. Lo normal es que el monobloque Confianza Pública acompañe las iniciativas del oficialismo, al igual que los dos legisladores radicales, con lo que se llegaría a los 31 votos, más allá de que no siempre esto sea posible, porque alternativamente unos u otros se niegan a votar algunos proyectos puntuales y entonces el oficialismo debe salir a “pescar” con mediomundo los votos necesarios en los bloque opositores.

A partir del 10 de diciembre, el Pro va a poseer una bancada de 28 legisladores propios, pero a la vez se acrecentarán sus problemas para captar votos en el resto del espectro político presente en la Legislatura. Esta circunstancia, unida a que Ritondo convocará a sesión el sábado próximo, podría adelantar la renuncia de Sergio Bergman a la Legislatura, teniendo en cuenta que el rabino fue elegido para ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la Nación.

El Pro necesita todos sus votos para las ríspidas sesiones que se aproximan. El problema es que entre la tarde del viernes y la aparición de las primeras estrellas en la noche del sábado, el shabbat de los judíos, Bergman no puede hacerse presente en el recinto a causa de su fe. Por esta razón, una de las posibilidades que maneja el Pro es que el rabino adelante su renuncia -que iba a producirse con fecha del 10 de diciembre- y en la sesión del sábado asuma su reemplazante, Cristián Bauad, que el mismo día votaría con su bloque los proyectos reclamados.

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