Las moscas en la sopa

Las moscas en la sopa

Varias agrupaciones fueron a la Justicia para que el Pro le dé forma al Consejo de la Juventud, un organismo que vehiculizará políticas para que los ciudadanos de 13 a 30 años sean actores de una vez.


Pibes en la calle, pibes sin trabajo, pibes sin crédito, sin educación, pibes y pibas sin cobertura social. Y no es casual el dicho, en boca de un pibe: “Te doy hasta que alguien de mi generación tenga casa propia”. El déficit habitacional, claro. Y tantos otros temas –carencias, rengueras– que se hacen carne en esa construcción sociohistórica que es la juventud. Es que lo que hoy se entiende por juventud no es lo que se entendió ni lo que se entenderá. La juventud es puro presente continuo. Y en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debería existir, justamente, un Consejo de la Juventud. Debería.

Para muestras –o razones– basta el artículo 40 de la Constitución local, que establece: “La Ciudad garantiza a la juventud la igualdad real de oportunidades y el goce de sus derechos a través de acciones positivas que faciliten su integral inserción política y social y aseguren, mediante procedimientos directos y eficaces, su participación en las decisiones que afecten al conjunto social o a su sector. Promueve su acceso al empleo, vivienda, créditos y sistema de cobertura social. Crea en el ámbito del Poder Ejecutivo y en las Comunas, áreas de gestión de políticas juveniles y asegura la integración de los jóvenes. Promueve la creación y facilita el funcionamiento del Consejo de la Juventud, de carácter consultivo, honorario, plural e independiente de los poderes públicos”. Pero no solo la Carta Magna porteña dispone la creación de un organismo de tales características: existe, desde 2005, una ley promovida específicamente para tal fin, la 1.865, de Creación del Consejo de la Juventud.

Como ya lo indicara la Constitución porteña, dicha entidad puede proponer políticas de juventud, efectuando el correspondiente seguimiento de las existentes y colaborando en la ejecución de las que estén en marcha. Es de carácter honorario, siendo contrario a los principios que la gestaron la percepción, por parte de alguno de los representantes de las organizaciones miembros, de dietas, viáticos o de todo aquello que lleve la marca del signo pesos. Y ostenta otros rasgos afines a la democracia: su espíritu plural, debiendo procurar la representación de todas las juventudes sectoriales, gremiales y políticas, asociaciones y organizaciones locales, nacionales e internacionales con acción en la Ciudad, y su impronta de independencia de los poderes públicos. ¿Su finalidad? Según la ley que le dio vida, que data de la gestión de Jorge Telerman, se trata de un espacio de encuentro para los y las jóvenes de la Ciudad en el que se propicie la convivencia democrática, la cooperación, la tolerancia, la integración y la solidaridad, basadas en el respeto al principio de igualdad y los derechos humanos, al promover la participación de la juventud en el quehacer político, económico, social, cultural, sindical, deportivo y en aquellos ámbitos cuyas decisiones afecten al conjunto social o concretamente a la juventud. Concebida desde una perspectiva horizontal en lo relativo a su conducción y respetuosa de la representación de género, como pocas instituciones públicas en nuestro país, el órgano se propuso con el objetivo de apuntar a un trabajo global, integral, desde los derechos humanos, fuera de la lógica que estereotipa la mirada –la política, algo que vienen sufriendo sobremanera, por ejemplo, las minorías sexuales, como si la vida fuera solo sexo–.

Entonces, esta institución se orienta a romper con el paradigma que ata a los jóvenes a la cama, a la droga y a tantas cosas malas, atendiendo al detalle de que jóvenes, para el Estado, para la Ley, son aquellas personas de 13 a 30 años, aunque para muchos pueda resultar un recorte un tanto reduccionista del rango etario, que hace (mucho) pie en la clase media, en realidad, de media para arriba, porque sabemos que en ninguna parte del mundo los sectores populares –o dicho sin eufemismos, los pobres, quienes paradójicamente sacarían el mayor provecho de políticas públicas en la sintonía del Consejo– gozan de tamaña moratoria social: las chicas son madres de chicas y los chicos conocen el yugo, fuera de casa, también desde chicos.

Ahora bien, ni en la gestión de Nicolás Pechersky ni en la de Luciana Blasco, desde enero directora general de Juventud del GCBA tras el desplazamiento del twitero Pro a manos de la vicejefa María Eugenia Vidal, de quien depende directamente el área, dieron lugar a la creación del Consejo. Y no hay indicios de que la cosa cambie. Es por eso que distintas agrupaciones sociales y juveniles, como Colectivo por la Igualdad, Corriente de Organizaciones de Base La Brecha, El Acento, Juventud Frente Popular Darío Santillán Capital, Juventud Libres del Sur, Juventud Proyecto Sur, Marea Popular, Movimiento Emancipador y Partido Socialista Auténtico pidieron en diciembre al Ejecutivo porteño la pronta conformación del organismo. Pero ni Papá Noel los escuchó. Entonces, tuvieron que judicializar el reclamo.

Es así como el 3 de abril más de una decena de organizaciones político-partidarias, sociales, estudiantiles y sindicales, críticas del macrismo pero también del kirchnerismo, realizaron la presentación de una acción de amparo en el fuero Contencioso, Administrativo y Tributario de la Ciudad, puntualmente en el juzgado número 17 a cargo de Marcelo Segón. Se trata de Buenos Aires para Todos, Colectivo por la Igualdad, la Juventud de la CTA Capital, Frente Popular Darío Santillán (Corriente Nacional), Marea Popular, Movimiento Emancipador, el MST, el PSA, El Acento, La Gleyzer, Corriente de Organizaciones de Base La Brecha y Los Hijos de Fierro, quienes solicitaron a la Justicia la exigencia al Gobierno porteño para que forme el Consejo de la Juventud, “órgano que nunca fue creado por la administración local, pese a ser un mandato constitucional y contar desde hace ocho años con una ley específica, la 1.865, y su modificatoria, la 3.392”. Para eso habría que destinarle, de mínima, un espacio físico donde operar. Y presupuesto. Ah, el presupuesto.

Desde las organizaciones firmantes explicaron que “después de 17 años de sancionada la Constitución de la Ciudad y tras ocho años de haberse aprobado la ley, la vía judicial es la única alternativa para la conformación del Consejo de la Juventud”. Y agregaron: “Impulsamos esta iniciativa porque estamos convencidos de que es necesario y fundamental contar con un ámbito de organización, debate, discusión y acción por y para las y los jóvenes, que pueda abordar desde una visión reflexiva y crítica todos los temas de la Ciudad de Buenos Aires que conciernen a los sectores juveniles: educación, salud, vivienda, trabajo, transporte, por nombrar solo algunos. El Consejo de la Juventud no solo puede constituirse en un sujeto político de peso para la definición de políticas públicas, sino que además se trataría de una voz institucional, no la de una agrupación política en particular o un conjunto de organizaciones militantes: sería la voz de un espacio avalado y legitimado en la Constitución, con reconocimiento público”.

“El amparo presentado solicita a su vez una medida cautelar que, mientras se avance en la sentencia definitiva, le ordene al Ejecutivo de la Ciudad la difusión del Registro de Asociaciones Juveniles –único aspecto de la ley que actualmente está reglamentado–, para que las organizaciones partidarias, sociales, universitarias, terciarias, de colegios secundarios y sindicales mayoritariamente integradas por jóvenes de entre 13 y 30 años, o que desarrollen actividades vinculadas a la juventud, que deseen inscribirse, lo hagan, ya que está previsto que una vez que el Consejo exista esté conformado por todos los espacios allí registrados”, manifestaron a NU.
Además, las organizaciones que participan de la campaña por el Consejo de la Juventud criticaron la falta de políticas para las y los jóvenes. Por un lado, señalaron que “el Gobierno porteño no está ni cerca de cumplir con lo que plantea el artículo 40 de la Constitución de la Ciudad y, por otro, sostuvieron que “es necesario superar el esquema binario de una supuesta rivalidad entre el Pro y el kirchnerismo, que muchas veces han acordado en la Ciudad y cuyas gestiones presentan deudas similares en materia social: según el Censo 2010, existen en nuestro país casi 400 mil adolescentes de entre 15 y 17 años que no asisten a ningún establecimiento educativo; y de acuerdo al Barómetro de la Deuda Social, en áreas urbanas del país hay un cuatro por ciento de niños y niñas de entre 5 y 13 años y un 22,8 por ciento de adolescentes de entre 14 y 17 que realiza trabajos no domésticos”.

En tal sentido, Agustín Vázquez, militante de Colectivo por la Igualdad, expresó a NU: “No solo lo único que se hizo, desde el gobierno de Telerman a esta parte, fue la confección del registro de organizaciones, sino que además criticamos fuertemente la nula difusión que el Consejo tiene. Prácticamente nadie conoce la posible existencia de un organismo de estas características”.

 

Mucho tuit y pocas nueces

Nacido el 19 de febrero de 1986, Nicolás Pechersky pasó por Derecho, donde fue apoderado de la agrupación Pro, y derecho fue, hace un tiempo, a hacer ruido a Twitter. A hacer lío. En su cuenta, @supersifon, que hoy tiene unos 4.919 seguidores, declara abiertarmente bancar a Henrique Capriles, “presidente electo y líder legítimo de Venezuela”. Suena a duro, pero su avatar parece indicar lo contrario. Un beso a un gatito bebé, que no llega a los dos meses, alcanza para inmortalizarlo.

Y a puro golpe terminó en 2011 con chances de ser legislador porteño cuando se definía como “el (Orlando) Barone del movimiento NacandPro”, rótulo que, traducido en la bipolaridad política de cabotaje, sería algo así como “muy progre para ser liberal, muy facho para ser radicha”. “Me gusta hacerle saltar la térmica a los militantes kirchneristas”, se entusiasmaba el creador del merchandising Che Macri, quien ya en ese tiempo guardaba mucha memoria de su trabajo junto al legislador Fernando De Andreis.

Pechersky tiene su columna de opinión en Infobae, en donde cita tanto a los Redondos como a Neo de Matrix, pide a Mauricio que corra al resto por izquierda, parafrasea al General y se le anima a los K, claro, advirtiendo que no les sobran libros. Lejos de la Dirección General de Juventud, a principios de año le encomendaron trabajar en el armado nacional del macrismo. Tendrá mucho trabajo, seguro. Y no se gasten con tuis dedicados como el que le ofreció hace poco a Juan Cabandié por un grafiti que decía “Macri gato”, porque hace poco, también, aseguró que son necios aquellos que no se dan cuenta de que Twitter es la espuma de la espuma de la espuma.

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