Unión Europea: las sanciones económicas como boomerang

Unión Europea: las sanciones económicas como boomerang

Opinión.


Luego del 24 de febrero de 2022, el aparato occidental de guerras “proxy” e “híbridas”, inventadas y desarrolladas por los Estados Unidos de América, se desplegó por completo entendiendo que era “el momento adecuado” para demonizar el accionar de la Federación de Rusia e intentar destruir definitivamente su aparato económico, debilitar al extremo el gobierno de Vladimir Putin y de ser posible generar su desintegración territorial. El motivo invocado a esos fines fue el conflicto militar en Ucrania que llevaba adelante la OTAN desde 2014 luego del golpe de Estado conocido como Euromaidán, a nivel colectivo e individual, con el apoyo de otras naciones como Japón, Australia y Corea del Sur, entre las más destacadas. Algo menos de 50 países del globo se comprometieron en esta conspiración – fallida- que ya iremos desglosando, no desde el punto de vista bélico sino acerca de los objetivos perseguidos, haciendo especial hincapié en algunas de sus herramientas preferidas para ello como lo son las sanciones económicas.

La Federación de Rusia hoy debe lidiar con algo más de 18.772 sanciones, último dato proporcionado hace menos de un mes por el jefe de la Duma Estatal rusa, Vyacheslav Volodin, lo que significa más del doble de las sanciones que tienen los demás países sancionados del mundo, todos enemigos del eje punitivo, como Irán (4.268), Siria (2.643), Corea del Norte (2.133) o Venezuela (651) para dar una idea de lo que ello significa.

Siguiendo con el capítulo ruso de las sanciones pergeñadas por la OTAN+, alrededor de 15.000 de ellas tienen que ver con personas físicas, mientras que el resto se reparten entre instituciones, la desconexión del sistema de mensajería financiera SWIFT, empresas de todo los rubros, medios de comunicación (más de una veintena), recorte de visados para los ciudadanos de Rusia, y restricciones absolutas para usar aeropuertos o puertos de los países complotados, así como sus cielos para empresas de origen ruso.

Las sanciones obviamente tenían como objetivo desequilibrar al fisco ruso, retrasar su avance tecnológico, estallar su economía a partir del supuesto recorte del ingreso de divisas, deteriorar al máximo su programa espacial y militar y cambiar su gobierno con el supuesto “descontento social”.

Un ejemplo de esta ingeniería americana, avalada por la Unión Europea desde Bruselas, dictaminó que no se podría exportar a Rusia ninguna de las cosas que detallamos a continuación:

Tecnología de vanguardia (por ejemplo, ordenadores cuánticos y semiconductores avanzados, componentes electrónicos y software);

 Determinados tipos de maquinaria y equipos de transporte;

 Bienes y tecnología específicos necesarios para el refinado de petróleo;

 Equipos, tecnología y servicios de la industria energética;

 Productos y tecnología de la industria aeronáutica y espacial (por ejemplo, aeronaves, motores de aeronaves, piezas de recambio o cualquier tipo de equipamiento para aviones y helicópteros, así como carburante para reactores);

 Productos de navegación marítima y tecnología de comunicación por radio;

 Una serie de productos de doble uso (que podrían utilizarse tanto para fines civiles como militares), como drones y programas informáticos para drones o dispositivos de cifrado;

Artículos de lujo (como coches, relojes y joyas);

 Armas de fuego civiles, sus partes y demás materiales militares;

 Productos químicos, baterías de litio y termostatos.

A su vez restringía la importación de Rusia de estos productos:

Petróleo crudo (desde diciembre de 2022) y productos petrolíferos refinados (desde febrero de 2023), con escasas excepciones;

Carbón y otros combustibles fósiles sólidos;

Acero, productos siderúrgicos y hierro;

Oro y diamantes, incluida la joyería;

 Cemento, asfalto, madera, papel, caucho sintético y plásticos;

 Pescados y alimentos marinos y licores (por ejemplo, caviar y vodka);

 Cigarrillos y cosméticos.

Por lo que respecta a los diamantes, la prohibición se aplica a:

 Diamantes originarios de Rusia;

 Diamantes exportados de Rusia;

 Diamantes que transitan por Rusia;

 Diamantes rusos procesados en terceros países.

Toda esta maquinaria infernal de sanciones nunca vista antes, no solo no logró lo que deseaba, sino que tuvo un desarrollo imprevisto, casi contrario, para los “dueños de esas decisiones”. Mientras que la Eurozona tuvo una inflación creciente y récord en las últimas dos décadas, a partir del encarecimiento de la energía (mientras USA festeja) y del desbarajuste que ocasionó este cambio de reglas -lo que podría llevarla a una recesión en el próximo semestre-, para Rusia estiman -desde centros financieros occidentales- que su economía crecerá un 3.5 % este año. La conflictividad social y el aumento persistente de los costos en Europa, son moneda corriente toda vez que Bruselas insiste en pagar lo que no tiene (hoy aprobó 50.000 M en ayuda a Ucrania) en una maniobra geopolítica que no la favorece, que tampoco intervino en su gestación, y que lleva un neto corte anglosajón. 

Mientras tanto, 21.500 millones de euros están inmovilizados en distintos países de Europa, pertenecientes a personas rusas que el sistema punitivo occidental consideró “peligrosas” por financiar o simplemente por sus acciones o cargos, y con esa “razón” les congeló los fondos. A su vez también se encuentran bloqueados aproximadamente 300.000 millones más de euros que son activos del Banco Central de la Federación de Rusia. Por estos días, de pleno desastre financiero y militar de la aventura ucraniana, algunos líderes proponen confiscar ese dinero para seguir hundiéndolo en una causa a todas luces perdida. Con el agravante de instaurar el más peligroso antecedente (delito) del sistema financiero global: el robo. Pero con la miopía de esta lógica, sólo depende quién lo haga y cómo se comunica.

En este conflicto full híbrido, la comunicación es central y mantener la rusofobia extrema en Europa es ahora su aspiración de máxima, ya que todo lo demás engrosa la columna de pérdidas. El enemigo de la OTAN es su antiguo vecino, el país más grande de la tierra, el que derrotó a los europeos las dos veces que quisieron someterlo.

Es bastante extraño que los mismos países que se preocupan tanto por los derechos humanos y los ataques terroristas, y que aplican sanciones justamente por esas causas, no hayan permitido y ni siquiera solicitado una investigación internacional cuando volaron en una operación encubierta las dos ramas del gasoducto Nord Stream o mucho menos con el ataque esta semana de un avión IL-76 con un sistema americano Patriot de defensa antiaérea, en el que viajaban 65 militares ucranianos que iban a participar de un canje de prisioneros, además de la tripulación rusa y tres custodios. Todos actos criminales (entre otros) que, con la doble vara de la mirada de los gobiernos y la complacencia de los organismos internacionales, probablemente sigan impunes hasta que cambie este orden o desorden reinante. El temor a perder los importantes privilegios que tuvieron durante siglos algunos países coloniales, a veces nubla las mentes de los gobernantes que se aferran a intereses ajenos a los suyos.

Para finalizar, volvamos a la rusofobia desatada en el mundo occidental, algo absurdo para personas adultas, casi un tema de niños caprichosos. Valga un ejemplo cualquiera ya que hay miles, ahora que acaba de terminar el Australian Open. Los tenistas rusos masculinos, con tres jugadores en los primeros 15 del ránking mundial juegan bajo bandera blanca como si no tuvieran patria o país de origen. Todos hablan en el circuito de tal o cual ruso, de lo bien que juega, de su carácter, pero no se puede poner la bandera de su país ni en el court ni en la TV, tampoco el público aficionado puede portar sus banderas para alentarlos.  ¿No existen? ¿Son diferentes y no humanos? Lo mismo pasa con las tenistas bielorrusas.

Desde la mirada occidental, esta historia se repite en cuestiones mucho más complejas,  se pretende -sin éxito- silenciar a Rusia, su pensar, opinión y voz, en organismos como la ONU, donde reside en la Asamblea General un mundo más amplio que no comparte esta visión y en donde además Rusia ocupa una silla de veto en el Consejo de Seguridad. ¿Será que si se los niega por un tiempo no van a existir más los rusos? Parecería que Washington y Bruselas pretenden tapar el sol con las manos. Es realmente absurdo.

El deporte olímpico tiene al país euroasiático en la cima de muchas disciplinas (y aunque así no fuera), la Fórmula 1, o las Copas Mundiales o europeas de fútbol ya sea a nivel de clubes o selecciones y tantas otras “sanciones” que se aplican contra ellos y ellas (deportistas), debieran ser repensadas por una dirigencia que ya no se especializa en su metier, sino que reconoce jefaturas políticas para tomar estas decisiones.

Es ridículo intentar desaparecer a Rusia del planeta con esa premisa, solo negándolo o sumando decisiones parciales para perjudicarlo. Lo que se analiza en ámbitos del pensamiento más globales e inclusivos, es que lo mejor sería sentarse a dialogar para encarrilar los temas sensibles y acuciantes, antes que el mundo empeore del todo (Medio Oriente), y en un gesto inteligente para el futuro se reconozcan todas las realidades, se intente la construcción de una convivencia pacífica basada en el beneficio mutuo, respetando las culturas y reconociendo en el multilateralismo el signo de lo nuevo que ya llegó. Todo sin sanciones y con justicia. 

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