Una guerra con demasiado plomo blanco

Una guerra con demasiado plomo blanco

El aumento del negocio y el consumo de la cocaína en la Ciudad provoca una guerra de narcos en las principales villas porteñas. La batalla del Bajo Flores entre bandas peruanas, argentinas y paraguayas. Las sospechas sobre la policía.


Parte primera: la guerra silenciosa. Las imágenes están revestidas de la más cruda realidad. El cantante de narcocorridos mexicano Valentín Elizalde pagó con sus tripas la osadía de las palabras musicalizadas. La canción “A mis enemigos” no necesitaba segundas lecturas “¿Y de qué se murieron los quemados?/ conmigo no andan jugando/ pa’ qué se arriesgan la vida, y los traigo en la mira./ Para hablar a mis espaldas, para eso se pintan solos, por qué que no me hablan de frente, acaso temen al mono./ Ya saben con quién se meten, vengan a rifar la suerte./ Ya les canté este corrido a todos mis enemigos”. Los hechos de la war entre narcos tienen el agregado de los corchazos de la muerte rápida. Así resuelven sus cuitas los carteles de la droga mexicana, mal ejemplo, pero ejemplo al fin, que se sigue a pie juntillas en las villas porteñas.

Las fuentes políticas y policiales consultadas por NOTICIAS URBANAS corroboran los sucesos capitalinos. Esta vez las imágenes tienen un tono sepia con tintes rojizos. “La producción y comercialización de cocaína en las villas más importantes de la metrópolis creció y esa situación desató un conflicto armado entre varios grupos por el control del negocio. A los asesinatos se suman los secuestros silenciosos, que no son denunciados, de familiares de los narcos, cuyo rescate no es en billetes, sino en kilos de droga sin cortar”, detalló ante este semanario un comisario inspector de la Policía Federal que conoce la crónica de una batalla que se inició en la tristemente célebre villa 1-11-14 del Bajo Flores. El enfrentamiento entre peruanos, “perucas”, sitió la zona de movileros y cámaras de televisión. La historia comenzó con una pelea entre ex socios que se disputaron el control del negocio narco y por ende, el manejo de la populosa villa. Marco “Marcos” Estrada González y Alionzo Rutillo “Ruti” Ramos Mariño decidieron zanjar sus diferencias a pistoletazos.

El primero en gatillar fue “Ruti”, quien a través de sus sicarios ametralló una procesión religiosa que realizaba la comunidad peruana en octubre de 2005, con el pretexto de matar a su rival, algo que no ocurrió. “La muerte de inocentes exilió a ‘Ruti’ en la villa de Retiro, donde se dedicó a manejar el comercio de estupefacientes, mientras que en la 1-11-14, el control total pasó a manos de ‘Marcos’. Sin embargo, el ruido causado por la acción del narco provocó ajustes de cuentas en el Bajo Flores y a los meses fue asesinado el hermano de ‘Ruti’ y varios de sus fieles aparecieron asesinados en un volquete”, le contó a NOTICIAS URBANAS un comisario que trabajó en la investigación de las muertes entre bandas rivales. El aumento de cadáveres produjo el descalabro de las dos organizaciones en pugna. Con escasa diferencia de tiempo, tanto “Ruti” como “Marcos” fueron arrestados.

Parte segunda: la zona blanca. “Con la caída de ‘Marcos’ la guerra creció, luego de una temporada de perfil bajo. En realidad, en la pesquisa surgieron indicios sobre la participación en el negocio de ex oficiales de la Federal que estarían relacionados con las autoridades de la comisaría 38 que tiene jurisdicción en la zona. A eso se agregó un nuevo conflicto entre grupos que pretenden manejar el negocio vacante. La disputa involucra a ex peruanos de la banda de ‘Marcos’, a un grupo de paraguayos y a una banda de argentinos que pelean entre ellos. La novedad de la nueva guerra se basa en los varios secuestros de familiares de los involucrados, que por obvias razones, no son denunciados y cuyo rescate consiste en el pedido de varios kilos de cocaína. Esas acciones tienen el agregado de muertos por ajustes de cuentas, cuyos cuerpos, generalmente nadie reclama”, le comentó en off the record a este semanario un abogado cercano a la investigación principal.

El ruido de las balas tiene la rara característica de estar acompañado por el silencio mediático que envuelve al nuevo conflicto. A pesar de ello el aumento del tráfico de sustancias ilícitas preocupa a los políticos porteños. “Aunque todavía no hay cifras oficiales, las extraoficiales nos demuestran que existe un crecimiento en la cantidad de droga que se procesa en los laboratorios clandestinos de las villas y eso genera un aumento del comercio en la Capital Federal”, aseguró a NOTICIAS URBANAS un político cercano al macrismo, al referirse a los sucesos que tienen como escenario la villa del Bajo Flores.

Con “Marcos” detenido su poder disminuyó considerablemente pese a los esfuerzos por reemplazarlo que realizaron su mujer, Silvana, de nacionalidad argentina, y uno de sus laderos más cercanos, su hermano Jonathan Estrada Reyes. La caída del capo hizo crecer la violencia en la barriada humilde y con ella aparecieron dos grupos de narcos con grandes ambiciones de poder. Una de esas bandas es la conocida como la de “Los Paraguayos” y la otra está integrada en su mayoría por killers argentinos. Ambas se beneficiaron con el debilitamiento de los peruanos y sacaron de las sombras sus fierros para proclamarse como los nuevos barones de la merca incaica. Ante la incontrastable realidad fierrera y los crecientes números del negocio prohibido, los involucrados prefieren manejarse entre susurros de palabras encriptadas y de pocas sílabas. Saben que no hace falta que hagan demasiado ruido. De eso se encargan los plomos de los sacados killers urbanos.

(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 151 DEL 28/08/08)

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