Voluntariado en comedores: cómo es ayudar en época de hambre y pandemia 

Voluntariado en comedores: cómo es ayudar en época de hambre y pandemia 

NU dialogó con Ernestina, voluntaria en comedores comunitarios, quien especificó también todas las formas de poder ayudar.

PH Eloísa Molina

Se viene el invierno y son nueve mil. Esa es la cantidad de comedores y merenderos que la UTEP -Unión de Trabajadores de la Economía Popular- tiene distribuidos en todo el país. Cada vez más personas se acercan a estos espacios de contención social, azotados no solo por su estado de vulnerabilidad, sino sumergidos también por la emergencia que genera el contexto de pandemia. Y aun falta que llegue otro factor desalentador: el frío. La temperatura baja, las necesidades de los barrios populares aumentan, la crisis se intensifica, y la ayuda social también debiera hacerlo. 

Esas necesidades ya existían, y la imposibilidad de trabajar, de producir, de salir de casa, de cuidar a los mayores, de cuidar a los chicos que no pueden ir a clase, de salir a buscar el sustento para el hogar, las multiplicó.

Es mucho lo que se resta pero ellos están para sumar: los voluntarios y voluntarias de los comedores y merenderos de todo el país. 

Nadie les pidió que se arremanguen y se pongan a trabajar, que salgan de casa para ayudar a quienes menos tienen, pero ellos se acercan y se exponen. No hay para ellos un aplauso programado a las 9 de la noche, pero sí hay un espacio en este medio para darles voz, a esos seres invisibles pero gigantes y que son piezas fundamentales para que el engranaje social no caiga a niveles de desnutrición insospechados.

Ernestina Paolorossi es referente de la UTEP y coordinadora de un centro comunitario en la Comuna 1, en Humberto 1° y Santiago del Estero, quien habló con Noticias Urbanas para contar qué es ser voluntarix en comedores y merenderos plena pandemia y para  invitar a más personas a sumarse a la acción solidaria de ser voluntarix, o de poder aportar a la distancia a través de donaciones. Cada unx según sus posibilidades.

“Soy de capital, estudio ciencia política y trabajo en el área de comunicación de La Dignidad. Sin embargo ahora, como en muchos de nuestros espacios, nos estamos dedicando a montar comedores comunitarios donde dada la cuarentena no podemos tener actividad. Y a partir de la gran demanda que estamos viendo en los barrios, estamos armando 20 comedores que se suman a los más de 100 que ya se venían trabajando en la Ciudad”, se introdujo la voluntaria.

“Soy voluntaria en Esquina Dignidad (Constitución) y a veces me toca entregar las donaciones e insumos de salubridad a los distintos comedores de la capital, por lo que recorro diversos comedores en distintos barrios conociendo las distintas circunstancias en las que se encuentran”, indicó.

Ernestina Paolorossi

 

Vulnerabilidad al cuadrado

Ernestina contó que no se dedicaba al voluntariado en comedores comunitarios previo al Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio dictado por el Gobierno nacional a través de un DNI el 19 de marzo: “Me sumé como muchxs de lxs que están como voluntarixs hoy a partir de la realidad que vemos. Y escuchando a las personas que transitan el barrio, que laburan de changas o en laburos informales y que por la pandemia hoy no pueden salir a laburar, sabemos que en muchos casos, si lo hacen, la policía recurre a su violentas metodologías para agredir al que va a buscar incluso un plato de comida”.

Asimismo, especificó cuál es el grupo que más preocupación provoca por el grado de su perjuicio en cuarentena: “La pandemia afecta sobre todo afecta a aquellxs que no tienen un sueldo por un trabajo en relación de dependencia y que si no salen a trabajar no tienen qué llevarles de comer a sus hijxs y que, en el caso de hacerlo, lo hacen a costa de no comer ellxs. Creo que esa es la foto que más duele de esta cuarentena, que consideramos como privilegio para quien la puede transitar seguro dentro de la casa en contraposición a aquellxs que se encuentran en situación de calle”.

La entrevistada, además, mostró especial consternación por la inminencia del invierno y las bajas temperaturas, sumado a que “los paradores están estallados, hacinados y sin las garantías de salubridad para lxs más de 7 mil personas asisten en búsqueda de alimento», y a la situación que se vive hoy en “los hoteles conveniados con el Gobierno de la Ciudad», que «corren la misma suerte».

 

Precariedad habitacional

Más de 200 casos de contagios confirmados ya se advirtieron en los barrios populares de la Ciudad. El número creció de forma exponencial en los últimos días, una situación ya advertida por las y los vecinos pero deoída por parte del Estado: la villa 31 lleva casi una semana sin agua, imposibilitados de una correcta higienización para la prevención de la propagación del coronavirus.

Las condiciones de hacinamiento y precariedad habitacional son deudas de un Estado ausente que los vecinos y vecinas hoy pagan con su salud y hasta con sus vidas, en especial la de los adultos mayores que allí no tienen los medios para un aislamiento correcto que los preserve del peligro de enfermarse.

Estas condiciones complican, a su vez, las precauciones sanitarias, mas Ernestina contó las formas en las que se posibilitan un cuidado personal: “En los comedores usamos todxs barbijo, alcohol en gel y guantes cuando nos llega una donación pero estamos con mucha falta de esos elementos”.

“Al finalizar la jornada limpiamos todo con lavandina. Durante la entrega, al ser varixs, acompañamos la fila asegurando que se cumpla con el metro y medio de distanciamiento, aunque a veces a la hora de servir mucha gente tiene miedo de quedarse sin comer”, detalló.

Y se sinceró a continuación: “El primer día se dieron 80 viandas. Al otro más y más hasta llegar a 170 entregas al cabo de 3 semanas. Impresionante como aumentó la población en los comedores, se corrió la voz y mucha gente de Constitución hoy se acerca a muchos de los comedores que hay en el barrio, y es notorio la suma de las clases medias en la participación de estos espacios porque el salario ya no alcanza, la gente no tiene un mango e intuyo que esta situación va a dar para rato”.

Así como Ernestina narra sus vivencias en primera persona dentro de Constitución, también transita otros barrios como el Padre Mugica (villa 31 y 31 bis) y diferentes barrios populares de la Ciudad, donde asegura que la situación es “muy similar”.

 

La importancia de ser voluntario

Dormir sabiendo que muchas personas no pudieron cenar esa noche no es algo que todos puedan hacer. Las y los voluntarios no. Y ante el incremento de personas que no pueden cenar, almorzar, o dormir sin pasar frío, Ernestina invita a que cada vez más personas comprendan el valor del voluntariado en época de hambre y pandemia. 

“Cada día, hay más familias que abren sus puertas para cocinar con donaciones de vecinxs porque nos duele irnos a dormir sabiendo que hay mucha gente que si no le damos de comer no come, quizás hasta por días”, relató Paolorossi.

Y continuó: “Ahí también son las propias vecinas quienes cuidan, informan y aseguran que las cuarentenas se cumplan porque hay una lógica de comunidad más arraigada y fortalecida. Por eso queremos que haya un acompañamiento desde el Estado sobre eso, para que no suplamos su ausencia, sino que podamos abordarlo en conjunto asegurando los protocolos de bioseguridad, como lo vienen haciendo en la provincia de Buenos Aires con ‘El barrio cuida al barrio’. Allí el rol de las mujeres del barrio está siendo fundamental a la hora de arremangarse hasta los codos y buscar soluciones para poder luchar contra la crisis”.

Por todo lo expuesto, Ernestina indica que “más manos siempre vienen bien, para los distintos espacios e incluso para seguir armando ollas populares en distintos puntos de la Ciudad”.

 

Cómo ayudar

Hay varias formas de ayudar. “Es importante que la comunidad y aquellxs que no pueden salir porque son o conviven con gente con factores de riesgo aporten con donaciones, con la difusión del trabajo que venimos haciendo para que la ayuda sea más grande, y que la comunidad toda se sienta en un rol activo en estos difíciles tiempos que nos tocan vivir”, explicó la voluntaria.

“Recibimos donaciones en el mismo espacio de Humberto primo 1290 o escribiendo a 11 5997-2009, quien centraliza muchas de las donaciones tanto de comida, elementos de higiene y ropa/frazadas que buscan lxs que asisten al comedor para poder pasar los fríos que se aproximan”. 

Y, por último, “llamar a todxs aquellxs que puedan dar una mano a estos comedores»; «Hay mucha gente dando todo y podemos ser más, hasta que todo sea como lo soñamos”.

Entre los elementos necesarios, se pide la donación también de utensilios como cucharones de 20 cm., pelapapas metálicos, cuchillos de 20 cm., coladores de 42 cm., ollas de 72 lts., olla 8 lts., ralladores, tablas de picar 35×50 cm., cajas de plástico con tapa para guardado, y todo aquello que se tenga en desuso y se considere de potencial ayuda.

Ayudar está a mano: difundiendo la información, siendo voluntarix, ofreciéndose en las urgencias o realizando donaciones. El distanciamiento social se limita a su significado físico, porque es ahora cuando más cercanía se necesita.

 

 

 

Créditos por fotografía: Eloísa Molina

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