Las tres claves del triunfo de Cambiemos

Las tres claves del triunfo de Cambiemos


Primero hay que describir la magnitud del triunfo en el mapa: Cambiemos ganó en las provincias de Córdoba, Entre Ríos y Mendoza, sorpresivamente en Neuquén, La Pampa y Jujuy, contundentemente en San Luis, Santa Cruz y Corrientes y, de modo apabullante, en la Ciudad de Buenos Aires. De mantenerse los resultados, sumarían nueve senadores, los que obtendría, sin contar el final bonaerense, que le podría dar dos más o al menos uno, en caso de perder en octubre. Bien por Rogelio Frigerio, un gran winner del fin de semana.

Perdió por nada en Santa Fe y en Tierra del Fuego y logró mejorar su performance en casi todo el país.

Esto le garantiza al presidente Mauricio Macri presentar ante la oposición y el mundo una importante victoria a nivel nacional como hace tiempo no lograba ninguna fuerza ajena al peronismo, ratificar el rumbo (más allá de los llamados de atención, como el del Conurbano), aumentar la gobernabilidad y, como frutilla, haber empardado en las PASO a la ex presienta Cristina Fernández, con una gran posibilidad de derrotarla en octubre, al final del camino. Al peronismo le quedan las provincias denominadas «pequeñas», salvo Santa Fe, que la logró por décimas, mientras que el resto de las grandes, de la Pampa húmeda y las industriales, que concentran el 80 por ciento del padrón, quedaron, por ahora, del otro lado en esta elección.

 

La territorialidad

En la política argentina hay que diferenciar el concepto de la calle con el de la territorialidad. Las calles, sobre todo las porteñas (llenas de luces y cámaras mediáticas), están en manos de la oposición kirchnerista o de la izquierda, ya sea por motivos políticos, sociales, de género o todos ellos a la vez.

Mientras tanto, la territorialidad –esto contiene pero excede totalmente a los timbreos– tiene que ver con un manejo mucho más racional del andar en las ciudades y los barrios a lo ancho y a lo largo del país, en donde desde ya hace un tiempo se verifica como mucho más eficaz el despliegue de las fuerzas amarillas que las de sus opositores. A pesar de no habitar en las zonas más pobres de la Patria, la militancia Pro es ya consciente de las problemáticas y las encara de manera diferente y más eficiente. Tiene otra mirada más ligada al hacer por fuera del esquema «punteril» de los partidos tradicionales. Ya no es solo el Excel y las redes sociales, que por supuesto no abandonaron; todo creció con Marcos Peña a la cabeza y se constituyó un ejército de gente que tiene asignada determinada misión, que incluye contención y atención que en términos generales cumplen.

 

El peronismo en todas sus variantes

El kirchnerismo sufrió una dura derrota en 2015, y la crisis inevitablemente continúa. Parece estar en pleno apogeo ya que, a pesar del enorme malestar de la gente con la carestía del costo de vida, no lo lograron capitalizar y primaron otros valores que no supieron detectar. La realidad del costo de vida que todos analizan para establecer culpables es más simple: a la gente le importa que le alcance la plata y no los culpables, sean estos anteriores o actuales. El silencio y la poca visibilidad fue su mayor acierto. Casi coronan con eso. Difícilmente eso se repita ahora con otras necesidades y riesgos.

Cristina fue el único proyecto que sobrevivió por su densidad a la derrota. Si bien se tuvo que comprimir desde una nación entera a una sección del conurbano, hay que reconocer que estuvo a punto de establecer un freno al festejo de Cambiemos. El Pro manejó la cirugía esa noche con éxito sin brindar títulos incómodos para la segunda parte de la contienda.

El resto de los intendentes no puede hablar, ya que se puso bajo la falda de la ex presidenta y careció de ideas superadoras (antes y después) tras doce años «cómplices» y este año y medio de duelo. Los gobernadores tenían el gol debajo del arco y la mandaron a la tribuna. Hay que ver cuándo tienen otra tan fácil. Falla grave.

 

María Eugenia Vidal (ella y diez más)

La gobernadora fue la centralidad absoluta del oficialismo cuando los números no daban. Ni el famoso equipo, del que tanto habla, era capaz de alcanzar un resultado favorable. En una metáfora futbolera de lo que fue Diego Maradona en el año 86, cuando ganó solo el Mundial de México, la joven y seductora dirigente de Haedo ganó sola a pesar de algunos valiosos acompañantes y otros no tanto. La remontada –como aquel gol a los ingleses– fue de ella. El equipo la gozaba y la aplaudía, no podía hacer ninguna otra cosa que pasarle la pelota.

Su precisión respecto de los problemas (heredada de su amigo Horacio Rodríguez Larreta), su manejo con esa mezcla de «mina hipersensible» a la que la injusticia no la deja dormir y la firmeza para combatir los problemas más graves y reales, que le valieron el mote de «Leona», constituyen una integralidad que fue y es demasiado para cualquiera. Es muy difícil seguirle el tren, con ese porcentaje de aciertos que deja en ridículo a propios y extraños. Cuando camine en la Provincia los lugares que dejó libre en las PASO por priorizar la seguridad de votos más blandos, la elección perderá la equivalencia que tiene hoy. El futuro es todo de ella, lo saben Cristina, el resto del peronismo, todos nosotros y sus compañeros del Ejecutivo, que ven resignados como la sucesión de Macri (cuando llegue) ya tiene dueña.

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