El legado que nos dejó

El legado que nos dejó


En el día de la fecha el abogado, político, profesor, escritor y juez de la Nación, Carlos Fayt depuso su cargo como miembro de la Corte Suprema de Justicia. Una decisión que se conoció anticipadamente el 15 de septiembre del corriente año, cuando formuló su renuncia con plazo establecido. El magistrado que formó parte del máximo tribunal de la Nación durante 32 años, desde su asunción en 1983 con la restauración de la democracia de la mano del Doctor Raúl Alfonsín, se retira a los 97 años con inconmensurables aportes que interpretan los mejores valores de un ser humano: la ética y la moral.

Como hombre de derecho y custodio del cumplimiento de las leyes que me he propuesto ser, al reflexionar sobre el legado que nos deja el Dr Fayt en su extensa trayectoria, encuentro a alguien que ha sido un tenaz defensor de la transparencia y la Justicia independiente. Un luchador incasable en pos de los valores de la democracia, y ferviente custodio de las instituciones republicanas. Abanderado de los derechos humanos, la igualdad, la equidad y la libertad.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el final del mandato de Néstor Kirchner y particularmente en los dos períodos de gobierno de Cristina Fernández, sufrió permanentes presiones políticas y embates hasta casi sediciosos en aras de un proyecto hegemónico, que casi cotidianamente mostraba su desprecio por la división de poderes consagrados en nuestra Carta Magna. Interpretar la justicia con «magistrados militantes» devenidos en meros instrumentos para consolidar «el proyecto» fueron una constante. A pesar de todo eso y de otras tantas artimañas a las que recurrió el kirchenrismo,-quien además de atacarlo en lo personal de manera despiadada, solo pretendió tener jueces del poder y no de la Constitución-, el Doctor Fayt mantuvo una conducta intachable, profesada a través de fallos impecables. Exhibió sus reales convicciones, su objetividad y principios de identidad, los cuales demostraron que fue un fiel servidor de la Justicia y de la sociedad civil.

Admiro y he aprendido mucho de este brillante intelectual de las ciencias jurídicas que fue el único miembro de la Corte Suprema que formo parte de ese cuerpo en todos los periodos constitucionales. Supo adaptarse a los contextos políticos que lo demandaban sin perder la pureza, la nitidez, el respeto, la tolerancia y el pluralismo que su labor atraviesa.

Su legado quedará vigente para que las generaciones futuras se sirvan de su conocimiento, creatividad e innovación. Un gran jurista que se retira, «un prócer» al cual debemos recordar como un ejemplo de compromiso tenaz, de constructivismo y como aquel sobresaliente al cual la Democracia, las Instituciones, la República y la Justicia le sienten muy bien.

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