Un peronismo insustancial rumia la derrota, mientras busca una nueva síntesis política

Un peronismo insustancial rumia la derrota, mientras busca una nueva síntesis política

Hasta que llegue la síntesis, es todos contra todos.


Envuelto en su propio caos, rumiando los repetidos fracasos de su última etapa en el poder, el peronismo se dispone a entrar en el proceso de su fase de crisálida.

Por ahora, el estado de quietud en el que se encuentra, anticipa las tormentas que vendrán. Después, el tradicional folklore peronista se traducirá en un combate de todos contra todos. Cuando se aquieten las aguas, sobrevendrá el proceso de la tríada dialéctica: tesis, antítesis y síntesis. A veces, una piña es una síntesis. Ha ocurrido.

La primera tesis anticiparía una oposición recia a las políticas de ajuste de Javier Milei. Éste plantea una reforma tan drástica que asusta hasta a los más templados. De todos modos, no es el miedo al cambio o a la represión lo que desmovilizó al peronismo en los últimos años.

Las razones de la inmovilidad peronista de este tiempo responden a dos premisas fundamentales, que desviaron a la militancia de sus objetivos: la traición a los principios tradicionales -corporizada en una tremenda claudicación frente al FMI y a “los mercados”- y el “dedo” utilizado para designar a candidatos que nadie hubiera aceptado sino hubieran tenido “padrinos”. Sólo el respeto a algunos/as dirigentes/as desarmó la rebeldía de las bases, porque sin eso, algunos “elegidos” no hubieran pasado el filtro. De todos modos, existe tanta frustración que la consigna de estos días es: “basta de tragar sapos”.

El primer sapo de este período fue Alberto Fernández, que aún ostenta la presidencia del Partido Justicialista y anunció que pretende continuar en esa función, a pesar de que algunos dirigentes le solicitaron la renuncia. Es tradicional que los “mariscales de la derrota” lo hagan cuando se pierde una elección, como hizo Néstor Kirchner en 2009, cuando perdió una elección legislativa.

Pero Fernández no se detuvo allí, sino que pretende convocar al Congreso Nacional Justicialista -que preside el gobernador formoseño Gildo Insfrán-, para que llame a elecciones internas y replantee la política, ya que los mandatos de los integrantes del Consejo Nacional Federal vencen en abril de 2024. Un desatino sin precedentes.

La solicitud de las renuncias para los mariscales será la segunda parte de la tesis. El perfil que adopte el peronismo de ahora en más, superando el progresismo inmovilizante, el europeísmo importado y las tesis delirantes, se constituirá en la antítesis. Luego, no se puede anticipar cuál será la síntesis, porque ese proceso aún no se produjo y sería de desear que se desarrolle alguna vez. De todos modos, volver a las raíces será una de las consignas. Si no ocurre, el peronismo habrá completado su proceso de “alvearización”, similar al que vivió el radicalismo tras la caída de Hipólito Yrigoyen. Así, podría desaparecer como el radicalismo, que se convirtió en el furgón de cola del neoliberalismo. Más antipopular no se puede pedir. Por eso, la tesis de la dirigencia intermedia es que renuncien, porque no representan al Pueblo peronista. Al fin y al cabo, el no peronista Sergio Massa se tuvo que ponerle el hombro a la campaña casi en soledad, porque algunos gobernadores y muchos intendentes defeccionaron.

¿Resistencia heroica o Alternativa de Poder?

El bloque dominante de la economía -agrupado en especial tras las banderas de la Asociación Empresaria Argentina (AEA)- profundizará sus políticas de negocios y de aislamiento de las protestas populares. La represión no está lejos de sus inquietudes primigenias.

El peronismo, que tiene una conformación tan heterogénea que es muy complicado de conducir en las condiciones políticas actuales, no consiguió en sus últimos seis mandatos, a saber: 1989-1995; 1995-1999; 2003-2007; 2007-2011; 2011-2015 y 2019-2023 una redefinición duradera de su base doctrinaria actualizada.

No hubo definiciones acerca de las políticas industriales, de las políticas sociales, del nivel de proteccionismo de su mercado interno, de las políticas agrarias, de la redistribución del ingreso, del crecimiento económico ni de las áreas estratégicas. Ni siquiera se redefinió la estructura que debería tener el PAMI en el siglo 21, que sigue funcionando como 40 años atrás. Hasta la recaudación del PRODE perdió este organismo, hace ya demasiados años. Todo se redujo a una fútil pelea por espacios de poder, sin doctrina, sin política ni consulta a las bases.

Para construir la resistencia, falta organización en los sectores populares, más proclives por esta razón a aceptar la asistencia estatal que a luchar por la cobertura de sus necesidades básicas. No existe hoy el despliegue de una militancia obstinada y esclarecida, que le dé contenido político a los planteos de la clase trabajadora. Los viejos setentistas se van extinguiendo por óbitos y sus herederos deben lidiar con el “barrabravismo”, los narcos y los pibes chorros para captar militantes. Ahora los jóvenes de los barrios obreros son captados por otras opciones y a veces se convierten en carne de cañón del enemigo.

Entre estos dilemas se debate el campo popular. Y estas son apenas algunas de las disyuntivas posibles. El surgimiento de un antiperonismo de raíz popular habla del abandono de las banderas históricas por parte de los apócrifos representantes de un Pueblo que se siente traicionado. Si en tres de sus seis mandatos, el peronismo no cambió nada, el futuro no es peronista.

La discusión interna no debe ser por cargos, como hasta ahora. Al fin y al cabo, las agrupaciones son cajas cerradas, en las que se discuten espacios de poder. mientras la militancia trabaja para objetivos que se barruntan a sus espaldas. En 1970, la Jotapé era una sola. Había líneas internas, pero los grupos no se desmembraban, a pesar de los muchos desacuerdos que a veces surgían en las discusiones. No había recompensas posibles, quizás por eso las ambiciones eran tan limitadas. Una celda, una golpiza o algo peor solían ser el único premio a tantos titánicos esfuerzos.

Hoy, todos piensan que los derechos descienden de la naturaleza e ignoran deliberadamente que hubo gente que luchó por ellos, consiguió hacerse escuchar y logró que todos accedieran a una vida mejor. No eran luchas personales, sino colectivas. El individualismo, el materialismo y la falta de solidaridad llevan a esto que estamos viviendo ahora.

Si la respuesta es que de ahora en más, hay que buscar el poder a cualquier precio, el resultado será más Macri.

Ahora, sin lamentos, habrá que escuchar al Milei que supimos conseguir. Mañana será otro día.

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