Néstor, el hombre que cambió todo: un libro del Topo Devoto

Néstor, el hombre que cambió todo: un libro del Topo Devoto

Un coro de amigos, compañeros, supuestos enemigos que no lo eran. Un libro imperdible.


El Topo Devoto –el Jorge quedó olvidado en algún lugar, hace tiempo- fue el publicista más cercano a Néstor Kirchner, un trabajo que culminó en una larga amistad. Producto del conurbano, Devoto fue montonero, cineasta, dueño de una imprenta, productor televisivo y cinematográfico y ahora, además, compilador de opiniones sobre el expresidente argentino, el último líder del peronismo tradicional.

Hace tres años, la Editorial Planeta le encargó una biografía sobre Kirchner, que “yo pensé que debía ser encarada de manera coral, no individual. Por eso, salí a buscar testimonios que definieran por sí mismos la estatura del líder del peronismo de aquellos días”, manifestó Devoto a Noticias Urbanas.

En la introducción de su libro, el autor recuerda que Kirchner “cumplió, desde la primera semana de gobierno, cuando personalmente viajó a Entre Ríos para convencer a los docentes de reanudar el ciclo escolar o en cualquiera de las siguientes etapas en las que le tocó hacerse cargo de los errores del pasado –el default heredado de los gobiernos neoliberales, la negociación con concesionarios energéticos, el No al ALCA o los juicios por “Memoria, Verdad y Justicia”-, Néstor trabajó sin descanso. Decía siempre que no había tiempo para eso. Tengo presente en mi memoria su rutina de trabajo desde hora temprana en Casa de Gobierno y la extensa jornada nocturna en Olivos. Ningún secretario, durante su gestión, conoció las vacaciones”.

Finalmente, el Topo, que alguna vez debió exiliarse –vivió en Suecia y en Brasil, empujado por la cruel represión que sufrió la generación a la que pertenecieron él y el propio Néstor Kirchner-, confesó que “haber militado en los años más duros de la historia de nuestro país, ver la muerte injusta de jóvenes compañeros de cerca y conocer el dolor del exilio, hace creer que uno ya no se sorprendería por nada, que ya está todo dicho y no queda mucho más por hacer. Néstor Kirchner sacudió toda esa pereza, ese dolor y esa frustración con los que nos golpearon los genocidas. Nos devolvió las ganas y la confianza de que la militancia es una manera de caminar esta vida que uno elige y que una vez que la encaraste, no hay vuelta atrás. El compromiso con nuestros ideales se persigue y se milita hasta el último aliento”.

El Papa Francisco, cuando era Bergoglio

Desde allí, todo fue una aventura. Una de las primeras quimeras que se le cruzó por la cabeza fue obtener el testimonio de Jorge Bergoglio –hoy, el Papa Francisco-, que según pintaban algunos medios de comunicación, era un “enemigo íntimo” de Néstor Kirchner.

En realidad, nunca fue así. No necesitaban ser amigos. Cada uno tenía un rol que cumplir: Néstor Kirchner como jefe del Estado argentino –y del peronismo- y Jorge Bergoglio, como guía de los católicos del país y dueño de un corazón tan cercano al peronismo, que era confuso el límite entre el dignatario eclesiástico y el seguidor de la doctrina justicialista.

“Yo lo conocía al cardenal primado argentino. Cada dos o tres meses iba a visitarlo y charlábamos de todo. Para empezar, siempre hablábamos de nuestra pasión común por el glorioso San Lorenzo de Almagro. Inclusive, alguna vez tomamos juntos el subte para irnos cada uno a su casa. Fueron conversaciones muy profundas. Cuando comencé a armar el libro, le escribí a un mail que él suele contestar. Sabía que lo iba a hacer, si era necesario. Me contestó y me propuso que transcribiera la hermosa homilía que pronunció en la Catedral el mismo día en que murió Néstor. Después le envié, por alguien que viajaba a Roma, cuatro ejemplares del libro y a continuación me llamó y me dijo que le había gustado. Sólo me pidió que dedicara dos libros para dos personas aquí, en Argentina. Además, acotó que lo había leído en cuatro días, justo en coincidencia con un feriado italiano y me expresó que el libro aportaba a la conciencia sobre la historia y sobre quién había sido realmente Néstor Kirchner”, se emociona el cineasta y ahora compilador privilegiado, en diálogo con Noticias Urbanas.

Al actual Papa le tocó brindar la homilía en honor al expresidente Kirchner, en la cual se refirió a las manos de Dios, que reciben a quienes pasan a revistar en el equipo celestial. “Y hoy, que venimos a rezar por un hermano nuestro que murió, pensemos en esas manos. Son las manos que lo acompañaron, son las manos que lo amaron, que acariciaron su vida y que lo recibieron. Si bien el momento de la muerte es de profunda soledad, porque uno muere solo, están esas manos; pero también están junto a él hombres y mujeres que lo acompañaron en su vida: hay una familia, su mujer, sus hijos, hay amor de familia…y ellos quedan acongojados”.

Luego, Bergoglio continuó su alocución destacando que “veo aquí varios compañeros de militancia del Movimiento Justicialista, de la Confederación General del Trabajo…tantos otros y también aquellos que en el trabajo político (porque es un trabajo) fueron sus opositores. Porque es necesario ese trabajo de conjunto. Y todos ellos participan de alguna manera de esa muerte. Todos ellos son despojados. Los que más cerca estuvieron de él en su familia, en su militancia, en su trabajo”.

Finalmente, Bergoglio cerró su homilía recordando que “hoy estamos aquí para rezar por un hombre que se llama Néstor, que fue recibido por las manos de Dios y que en su momento fue ungido por su Pueblo. Hagámoslo todos juntos”.

En su comunicación con Devoto (justo un apellido tan coincidente con los afanes del Papa), Bergoglio le manifestó que “me gusta la idea del libro, la gratitud de la memoria siempre ennoblece”, para finalmente desearle al autor “que Jesús lo bendiga y la Virgen Santa lo cuide. Fraternalmente. Francisco”.

Andrés “Cuervo” Larroque

El ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense no pudo ocultar su emoción al recordar a Néstor Kirchner. “Básicamente, creo que Néstor es la persona que le dio sentido a las cosas. Para aquellos que transitamos una militancia quimérica allá por los años 90 y que estábamos al borde de ser considerados parias en una sociedad que había elegido la amnesia como patrón de conducta, él vino a poner las cosas en su lugar, él vino a reparar, él vino a darle sentido a la vida”.

Para describir a la Argentina en la que irrumpió como un huracán Néstor Kircner, Larroque relató que “la fractura social se hacía insoslayable ¿Cómo responder desde la política a esa realidad que avasallaba todo? El 1 a 1 funcionaba como un narcótico perfecto para una clase media presta a la distracción. Mientras tanto, el aparato productivo era arrasado y la desocupación crecía como nunca en los últimos 50 años. El peronismo, que había sobrevivido a todas las persecuciones, ahora se sumergía en una coyuntura terrible: la cooptación liberal”.

En medio de tanta adversidad, el dirigente camporista compara esa realidad con una frase de José Hernández. “Y dejo rodar la bola, que algún día se ha de parar, tiene el gaucho que aguantar hasta que lo trague el hoyo o hasta que venga un criollo en esta tierra a mandar, así decía Fierro en el poema y así pedía la realidad argentina de aquel tiempo. Y el criollo apareció. De la forma menos pensada se abría el tiempo de la reparación en nuestra Patria. Emergía Néstor Kirchner a la historia, y emergía rodeado de dificultades. Para empezar, ganó las elecciones perdiendo la primera vuelta y no teniendo la segunda, hecho que amenazaba con mellar su legitimidad. Hasta su apellido era difícil de aprender para la gente, al punto que los paredones discutían cuál era la versión correcta, sin que nadie se atreviera a terciar. Y el Sol del 25 asomó esplendoroso y Néstor dio un discurso imbatible. Un diagnóstico certero de las últimas décadas, que llamaba a las cosas por su nombre, a la vez que ofrecía un programa cargado de esperanza. Nuestra ilusión de un futuro lejano de redención para los olvidados comenzaba a tutearse, de manera increíble, con el presente. Como una ráfaga, desconociendo los aprietes del poder, Néstor empezó a poner las cosas en su lugar, casi como un ente celestial que viniera a sacarnos del descarrío histórico”.

Hugo Moyano

El líder cegetista, que llegó al 2003 cargando un combativo pasado en la lucha contra el neoliberalismo de los ’90, se refirió a los comienzos de su relación con Kirchner. “Hacía muy pocos días que Néstor Kirchner asumía en su cargo y el ministro de Trabajo nos comunicaba que por decisión del flamante presidente de la Nación se enviaría un proyecto de ley urgente para modificar la nefasta Ley Banelco. El termómetro social de esas épocas marcaba siempre en la línea de las broncas y las desilusiones, pero poder volver a nuestra sede con esta noticia tan importante, fue un bálsamo. Pude decirles a los compañeros: Ahora sí, éste es un gobierno peronista”.

Luego de afirmar que “Néstor Kirchner siempre le dio respuestas al laburante, como buen peronista que era”, el líder camionero relató su desazón al enterarse del destino final del expresidente. “Recuerdo con dolor y bronca el día de su partida. El dolor que me produjo la voz de Julio de Vido del otro lado del teléfono, diciéndome: ‘Se nos fue el Jefe. Murió el Flaco’. Y la bronca por la maldad que regaron los medios de comunicación al decir que nos habíamos peleado. Eso es mentira, sí habíamos hablado dos días antes, pero sólo para acordar cuestiones relacionadas con la reunión del PJ. Pero bueno, los peronistas tenemos los mismos amigos y los mismos enemigos y por eso Clarín y compañía quisieron meter cizaña”.

Alejandro Dolina

El autor de “Crónicas del Ángel Gris”, “El Libro del Fantasma” y “Bar del Infierno” comenzó su testimonio solicitando permiso “para exponer un tímido elogio del desacuerdo, de la bifurcación, de la heterodoxia, de la herejía. Después de todo, las revoluciones son hijas de la discrepancia. El hombre es un mono disidente”.

En esa imagen, Dolina describió a un Néstor Kirchner al que “ahora lo vemos, por fin, como un venturoso gestor de discrepancias. Él recorrió caminos que nadie se atrevía a transitar y que parecían alejarse de las avenidas centrales que recomendaban los poderosos del mundo global. Y se metió por calles ya olvidadas, cuyos nombres sólo se conocían en los foros estudiantiles, en las reuniones de soñadores y en rincones siempre alejados del poder. Esos caminos de insurrección, que estuvieron durante décadas invadidos por yuyos de olvido, pueden ahora reconocerse. Poetas de mistonga inspiración proselitista podrían explicar que uno de esos senderos conduce al crecimiento del mercado interno, el otro al control del comercio exterior, el de más allá, a la intervención del Estado”.

Tras recorrer esos caminos, Dolina acierta con una tecla que sólo Juan Domingo Perón apretó en el pasado. “Pero aquí viene el último acto de insujeción de este hombre que ahora se ha ido. Al morir, encendió la luz. Y como en un refucilo, vimos algo que la cerrazón de los medios había ocultado en la oscuridad: las calles laterales, los senderos humildes, los caminos que nunca habían recorrido los poderosos estaban llenos, llenos, llenos de gente”.

Hebe de Bonafini

Cofundadora de Madres de Plaza de Mayo, líder social, luchadora incansable por la vigencia de los derechos de los trabajadores y madre de Jorge Omar y Raúl Alfredo Bonafini, que fueron secuestrados por patotas milico-policiales y desaparecidos en el año 1977, Hebe Pastor de Bonafini fue (y seguirá siendo) un ejemplo de coherencia absoluta y un modelo para quienes se niegan a conjugar el verbo claudicar.

Ella le escribió una conmovedora carta a Néstor Kirchner. La encabezó: “Querido hijo y compañero, como vos me enseñaste que eras”. Después de “compartir algunos momentos que me hiciste vivir intensamente”, Hebe –que se fue al comando celestial el 20 de noviembre último- le escribió, premonitoriamente: “Yo sigo cumpliendo años, así que en algún momento nos encontraremos en alguna nube tormentosa con rayos y truenos, como fueron nuestras vidas. Querido mío, tus sueños junto a este gobierno los estamos reconstruyendo de a poco, porque el ataque de distintos virus es permanente. Nos quieren paralizar pero no pueden”.

El cierre de esta ejemplar luchadora, que fue Madre de tantos argentinos que no se pueden contar, caló hondo en el corazón de todos: “Néstor, te llevo en mi corazón, te abrazo fuerte, te sueño muy cerca cada noche y te digo: hasta siempre, querido hijo, compañero del alma”. Firmó: “Mamá Hebe”. Un honor que Ella reservó para casi nadie.

Teresa Parodi

En su compilación de homenajes, Devoto eligió inteligentemente cerrar la edición con un bello poema de Teresa Parodi, porque ¿qué es un líder popular sino un poeta, un rebelde o un solitario que de repente se vuelve muchedumbre?

La exministra de Cultura dedicó “estos versos que no tienen nombre al compañero que camina con el Pueblo, al que lleva la antorcha levantada, Néstor Kirchner”.

La cantante, poetisa y exfuncionaria ocasional cerró su lírica desafiando al tiempo:

Y ya no hubo quien pueda con su fuego.
Él se puso a vivir con toda el alma.
Él se puso a vivir ya para siempre
en las miles de flores que brotaban
desde todos los rumbos del olvido,
desde el fondo profundo de la Patria.

Finale allegro, ma non troppo

Provocar a la poesía, trepar hasta el corazón de los Pueblos o quedarse a vivir en el alma de sus compatriotas más humildes es un honor reservado para pocos. No son muchos los que gozan de esa honra, reservada sólo para los que fueron guerreros en función de poesía o poetas en función de guerreros. Según el Capitán Troiani, fueron éstos, “héroes de coraje civil”, a los que definió como portadores de “un coraje sin polvorines”. En realidad, tras la muerte del coraje militar, al que el oficial marechaliano definió como “reducido a una mera costumbre administrativa”, el coraje civil es el único que “responde actualmente a la definición de la palabra”.

Algún día, la Argentina construirá su Panteón de los Héroes, en el que no faltarán muchos ilustres nombres que no figuran en los libros de la historia oficial. Kirchner morará en él eternamente, más allá de las opiniones de sus exégetas y de sus detractores.

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