José María López: "Con Alterio barríamos el hall del teatro"

José María López: "Con Alterio barríamos el hall del teatro"

Su cara es más conocida que su nombre. Si bien hizo mucha televisión, su pasión es el teatro, al que retorna con El ex alumno. De la TV, asegura que está en su peor momento.


La posibilidad de participar en El ex alumno surge porque Luis Sáez, el adaptador y director de la obra, me llamó. Con (Carlos) Somigliana (autor de la obra) tengo una relación maravillosa a pesar de que murió hace casi veinticinco años. Había trabajado en una obra suya, en el segundo Teatro Abierto, que se llamó Oficial Primero. Fue en el año de la Guerra de Malvinas, y esa obra, que era corta, contaba sobre el tema de los desaparecidos y los hábeas corpus. Tuvo mucho éxito. Hicimos temporada en el Margarita Xirgu y después fuimos al Festival Latino de Caracas, con dos obras de Teatro Abierto. Fue una especie de bisagra en mi? me da no sé qué decir carrera, como si fuese muy importante. Bueno, el personaje de esa obra lo iba a hacer Ulises Dumont o Jorge Rivera López, pero ocurrió una cosa muy curiosa. Beatriz Mata había venido a ver una obra que hacíamos en el Teatro de San Telmo, El espléndido cornudo, de Maeterlinck. Cuando salí, ella me estaba esperando y me dijo que le había gustado mucho mi trabajo. Pasó. Ese año había que inscribirse en Teatro Abierto para estar y me mandé. Al poco tiempo, me llama Beatriz y me pregunta: ?¿Estás inscripto en Teatro Abierto??. Terminamos haciendo con mucho éxito, en ese ciclo, la obra en el mejor horario, en el teatro Odeón, que desgraciadamente lo tiraron abajo para hacer una playa de estacionamiento.

Mi personaje en El ex alumno es muy lindo. Es un viejo profesor del Nacional Buenos Aires ?colegio al que había ido? jubilado hace 30 años. Y lo viene a visitar un ex alumno. Este viejo profesor es muy complejo. De repente pasa de ser un tipo bueno a un hijo de puta. Tiene cambios, y eso es lo lindo: componer algo, arriesgar. En general, los actores ahora, con la televisión y eso, arriesgan poco.

Impasse 1: Llego al bar en que quedamos con Pepe López un par de minutos tarde. Veo su rostro y recuerdo a muchos malvados que hizo para varias tiras. Le pido disculpas y, risas de por medio, comenzamos la charla.

Los actores jóvenes no componen, hacen de ellos mismos porque la televisión no pide otra cosa que saber la letra y decirla con naturalidad, pero el teatro es otra historia. Acá es una sala chica y está pegada al público. Los actores recibimos la energía del auditorio y la devolvemos. En cambio, en una sala como la del San Martín, te tienen que escuchar. En la televisión tenés el micrófono, por lo que podés susurrar y se te escucha igual. Los actores se arriesgan poco y a mí me gusta arriesgar, sabiendo el riesgo que corro, de hacer el ridículo, de hacer una maqueta de sobreactuación. El teatro es un arte y hay que arriesgar en el arte. Poner todo, las tripas, el cerebro, ¡todo! Y te digo más, no creo en que haya un ?retiro? de la actuación. En el teatro pueden participar personas de cualquier edad. Grandes, chicos, jóvenes, viejos, cosa que en la televisión no. Hoy parece que los abuelos en la televisión no pueden tener más de 45 años.

¿Que querés que te diga sobre la televisión? Me parece muy mal como está todo ahora. El otro día estaba escuchando que el programa de Tinelli tuvo 90 minutos dedicados a Fort y sus novias o lo que sea, con un rating de 30 puntos, o sea tres millones de personas. Al mismo tiempo, Carlos Rottemberg decía en un reportaje que la cantidad de público que va al teatro en Buenos Aires es de cuatro millones de personas aproximadamente, en un año. ¡Casi la misma cantidad de gente que tuvo Tinelli con la historia de Fort! ¡Por favor! Es muy triste eso. La televisión tuvo una involución, al revés que el cine argentino, que tuvo una evolución muy importante. Mirá lo último de Campanella, de Trapero. Las cosas van cambiando y quizás este momento de la televisión sea el más bajo en cuanto a calidad artística.

Impasse 2: Pepe López responde contando anécdotas que podrían estar en cualquier libro. Gesticula, piensa y habla. Y tiene muchas cosas para decir.

Estudié en el Buenos Aires y en la Facultad de Arquitectura. Me recibí y todo, pero siempre tuve en mi cabeza el actuar. Después, siendo arquitecto, vi en el diario el aviso de la inscripción para entrar en Nuevo Teatro, que era el teatro independiente importante de aquella época, con Alejandra Boero. Hice el curso de tres meses, que era como un filtro para ver quién era más disciplinado. Después era un régimen terrible, de 8 a 12, todas las noches, haciendo de acomodador, limpiar y eso. Me acuerdo que, con Héctor Alterio, limpiaba el hall de la sala Planeta, que se inundaba con porquerías que salían del baño, y de haber acomodado a Lola Membrives, muy viejita, a la que llevaban de atrás para que no se cayera.

Nunca dudé de la actuación. En la escuela primaria, era el que recitaba en los actos pero en la época en que cursaba en el Buenos Aires? ?había que tener un título universitario? (imposta una voz seria). ¡Tendría que haberme metido en el conservatorio a los 15 años! Pero igual, después le di para adelante y me metí igual en el teatro. No ejercí la arquitectura pero sí la docencia, gracias al título de arquitecto. Fui profesor de secundaria. ¿Te acordás de un programa llamado Telescuela técnica? Ahí daba clases de dibujo técnico, porque estaba con la mesa y tenía dos cámaras, una para mí y la otra para la mesa. Alfredo Casero hizo una parodia bárbara al respecto. Con un delantal puesto agarraba un vaso de agua y decía: ?Esto es agua?. Un genio, Casero.

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