Postales desde Macondolandia

Postales desde Macondolandia

En Brasil “tristeza nao ten fim”. En Ecuador, los muertos no resucitan.Argentina se planta y resiste. Venezuela es un misterio. Realismo mágico al palo.


Sudamérica, este continente nuestro que conoce los males más crueles, cuyas tierras fueron azotadas por la fiebre amarilla, el dengue, el cólera, la gripe española y otras muchas pestes de todo tipo –sin hablar de algunos gobiernos- no se encontraba en condiciones de liberarse de la pandemia del Coronavirus.

Para colmo de males, la ola de liberalismo que viene gobernando la región “ahorró” dinero abandonando las inversiones imprescindibles para que el área de la salud pública continuara desarrollándose junto con la evolución social y poblacional. Esta inercia favoreció ampliamente la aparición y la expansión de la malvada epidemia. Para peor, los dineros ahorrados fueron a parar al sistema financiero, que sólo se enriquece a sí mismo.  

 

Postal do Brasil

El coloso de la región, Brasil, es el país que más viene sufriendo la acometida del virus. Es asombrosa la desidia de la clase dirigente brasileña que encabeza Jair Bolsonaro, que minimizó las consecuencias de la pandemia, llamándola “gripezinha” y alentó a sus connacionales a hacer como si nada estuviera ocurriendo.

Las consecuencias fueron, hasta ahora, terribles. Al día en que esta crónica se está escribiendo, había en el país más grande de Sudamérica 1.151.479 infectados y 52.645 brasileños habían perdido la vida en esta desigual batalla. En el país de la verdeamarelha, habían muerto hasta el 23 de junio 210 personas por cada millón de habitantes, desde el 26 de febrero, cuando se detectó en San Pablo el primer caso de Coronavirus en toda América Latina, un hombre de 61 años, originario de esa ciudad.

Vinicius de Moraes escribió la letra y cantó “A felicidade”, cuya música compuso Antonio Carlos Jobim. En ella, el poeta anticipó que:
tristeza no tiene fin, (Tristeza não tem fim) 
la felicidad sí (Felicidade sim)
La felicidad es como una pluma (A felicidade é como uma pluma)
que el viento va llevando por el aire (que o vento vai levando pelo ar)

Nadie definió mejor a Brasil bajo la influencia del Coronavirus… y de su presidente, Jair Bolsonaro, que ignoró los consejos de los expertos, despidió a dos ministros de Salud –Luiz Enrique Mandetta y Nelson Teich- y designó al general Eduardo Pazuello en su lugar. Éste venía de comandar el recibimiento a los venezolanos en la frontera con ese país en 2018 y 2019 y posee cero conocimiento en salud. Coherente con su particular visión del virus, al que también llamó “resfriadinho”, el exmilitar se burló además de la muerte, mientras promovía el uso de la hidroxicloroquina para combatir al virus. Se trata de un fármaco que el propio gobierno del Estado de Amazonas dejó de utilizar el 16 de abril pasado porque mató a once pacientes sobre 81 que intervenían en un experimento.

 

Uruguay: Postales sin corona

En el país rioplatense ocurre una extraña situación. El virus atacó a 1.062 orientales y mató sólo a 25 de ellos. El epidemiólogo Julio Vignolo aseguró que no hay manipulación estadística, como insinuaron algunos desconfiados. Su argumento principal es concluyente.

“Quien no crea en los test –dice el científico-, ¿cómo explica que estén libres las camas de los Centros de Tratamiento Intensivo? ¿Por qué no están abarrotados los sistemas de salud? ¿Por qué no hay un aumento de la letalidad? Eso no se puede ocultar”, concluyó.

Vignolo atribuye el éxito a la celeridad ejecutiva del Gobierno, que el mismo 13 de marzo, día en que se conocieron los primeros cuatro casos, decretó la emergencia sanitaria, suspendió las clases y cerró sus fronteras.

Lacalle propuso a sus connacionales el confinamiento voluntario, que fue aceptado masivamente. Coadyuvó también a la solución la baja densidad de la población uruguaya, donde no hay grandes urbes. De todos modos, los asesores presidenciales aconsejaron enseguida proveerse de cautela y prudencia.

Que tenían razón se comprobó el domingo 21 de junio pasado. Un brote que se produjo entre trabajadores de la salud del departamento 33 Orientales, provocó diez contagios, obligó a aislar a alrededor de 80 de ellos y amaga con hacer que se replanteen algunas pautas. Ya hay quienes piensan que los uruguayos se relajaron demasiado rápido. Ni esa licencia otorga este enemigo solapado, que aparece y desaparece en los lugares más inesperados.

En Ecuador, hasta los muertos resucitan

Alba Maruri, una guayaquileña de 74 años fue reportada como fallecida el 27 de marzo último en el Hospital de Guayaquil, el mismo día en que había sido internada, con fiebre alta y dificultades respiratorias. Días después, su familia recibió la comunicación de su fallecimiento, le enviaron sus cenizas a su hogar y se despidieron de ella con mucho dolor.

El “shock” sobrevino el último 27 de abril, cuando un médico, un trabajador social y un psiquiatra golpearon la puerta del hogar de los Morla-Maruri y les explicaron, algo contritos, que la señora estaba viva y que quería comunicarse con su hermana. No estaba en el más allá, había estado en coma y al despertar se había identificado y había pedido verlos.

La única pregunta que las autoridades aún no lograron responder es : ¿de quién son las cenizas que reposaban en el hogar de la señora? El propio ministro de Salud de Ecuador, Juan Carlos Zevallos, calificó la experiencia de “espeluznante”.

En Ecuador, cuyo gobierno reconoce que la enfermedad desató un caos que podría hacer dudar de las cifras que entrega cotidianamente, se reportaron 51.643 casos de infectados, de los cuales 4.274 fallecieron realmente, excepto en el caso de la señora Maruri, cuya  errónea nominación provocó que exista algún cadáver sin nombre en Guayaquil.

En los inicios de la pandemia, la respuesta del gobierno que encabeza Lenin Moreno fue de tal displicencia que pudieron verse muertos abandonados en las calles de Guayaquil, uno de los epicentros de la peste. Y esta situación aún no fue superada, varios meses después.

 

Chile: Idas y venidas y cada vez más contagios 

La pandemia, que afectó ya a 254.416 personas y mató a 4.731 de ellas, tuvo inicio cuando un médico que viajó a Singapur fue internado en el hospital de Talca el tres de marzo último.

A pesar de la gran cantidad de contagios y que, ante la emergencia, el diputado Andrés Celis Montt propusiera exportar infectados a la provincia de Mendoza, el presidente Sebastián Piñera siguió tomando decisiones fallidas, en su afán de mantener abierta la economía.

Por de pronto, decretó la vigencia de la Fase 4 en cuanto a las medidas de protección, que se aplica cuando el virus se dispersa en la comunidad y es casi imposible trazar un mapa de contagio, mientras que el número de casos se incrementan. Para evitar que la curva se acelere demasiado, se restringe la movilidad en el país. De todos modos, la importancia del turismo en Chile promovió una relajación en los controles, que sólo provocaron una mayor cantidad de contagios.

En el medio, el ministro de Salud fue cuestionado porque contabilizaba en la primera etapa a los muertos como “recuperados” y excluía en el recuento de los contagiados a los asintomáticos. Posteriormente, el método fue rectificado, pero después se descubrió que el Ministerio informaba a la Organización Mundial de la Salud un mayor número de fallecidos que los que informaba a la opinión pública de su propio país.

Estas controversias obligaron al ministro de Salud Jaime Mañalich a renunciar y a ser reemplazado por Enrique Paris, que aseguró este miércoles que se deben «tomar medidas que sean extremas” para atacar la pandemia, pero se mostró esperanzado porque en esta semana se ha observado una “muy leve mejoría”, una observación de dudosa comprobación.

Sudamérica, este continente nuestro que conoce los males más crueles, cuyas tierras fueron azotadas por la fiebre amarilla, el dengue, el cólera, la gripe española y otras muchas pestes de todo tipo –sin hablar de algunos gobiernos- no se encontraba en condiciones de liberarse de la pandemia del Coronavirus.

Bolivia: La dictadura es el virus

El país andino, que está regido por un gobierno ilegítimo, pasa por estos días por una situación paradójica: en medio de la pandemia, los hospitales cierran por falta de insumos para el personal médico, entre quienes hubo más de 130 infectados por la falta de elementos de protección.

El Hospital Viedma, de Cochabamba, cerró sus puertas ante el contagio de 90 de sus trabajadores, al igual que el Hospital del Tórax de La Paz, que sufrió el contagio de siete médicos y una enfermera. Lo mismo ocurrió en el Hospital Boliviano-Holandés de El Alto, que sufrió 36 infectados entre su personal; en el Hospital de Clínicas de La Paz y en el Hospital de Niños paceño.

Tamaña desprotección se condice con la falta de respuestas del gobierno de Jeanine Añez, que sólo atinó este miércoles a volver atrás con la flexibilización que había decretado el 1° de junio último, cuando había extendido los permisos para salir de sus casas de los ciudadanos. En varias zonas del país en las que también se habían levantado las restricciones, hicieron lo mismo que Añez y están volviendo a aplicarlas.

Hasta ahora, en el país de Evo Morales hubo 25.493 infectados y 820 muertos por el Coronavirus.

 

Perú: La cuarentena imposible

Fue el primer país sudamericano en imponer la cuarentena. Lo hizo el 16 de marzo, cuando sólo existían 71 casos, pero hoy es el segundo en el ranking de muertos y la pandemia no frena su avance.

Una de las limitaciones de la cuarentena fue que se dejaron abiertos los mercados, donde se produjeron grandes y fatídicas aglomeraciones. Cuando el Gobierno, tardíamente, comenzó a realizar tests en esas muchedumbres, se encontró con que en el Mercado de Frutas de Lima, el 80 por ciento de sus vendedores estaban infectados.

Tantos contagios hubo, que el presidente de Perú, Martín Vizcarra, expresó, irónicamente: “Vas a comprar y te llevas el Covid-19 de yapa”. Tampoco fue conveniente la medida de autorizar alternadamente la salida de los hombres un día y las mujeres otro día, ya que en los días femeninos se produjeron nuevamente grandes aglomeraciones.

Lima tiene unos dos millones de habitantes, una sola línea de subterráneos y pocas líneas legales de colectivos. De esta manera, las concentraciones de gente se volvieron demasiado amigables para el virus. Recién en los primeros días de mayo se hicieron controles allí y el resultado fue terrible: entre el 23 y el 45 por ciento de los pasajeros del Metro dieron positivos de Coronavirus, mientras que en el Metropolitano –el Metrobús limeño- del 13 al 15 por ciento de los testeados estaban contagiados.

Para peor, en un país en el que el 70 por ciento de su población posee empleos informales, el Gobierno comenzó a otorgar subsidios, lo que volvió a provocar aglomeraciones en los bancos y miles de nuevos contagios. Lo mismo ocurrió en ocasión de las entregas de canastas de alimentos para los más pobres, que provocaron nuevos tumultos y las inevitables infecciones.

La paradoja de la pobreza agravó la situación. Ante la miseria extrema existente en los barrios pobres de Lima, que la cuarentena agravó, miles de personas comenzaron a regresar a sus poblaciones de origen. Se fueron caminando, en autobús, en camión o como fuera. Esto provocó que el Coronavirus llegara hasta los puntos más lejanos del país, transportado involuntariamente por los viajeros.

Posteriormente, cuando la situación apretaba, cientos de pobladores salieron a la calle a trabajar, inclusive los trabajadores formales cuyas empresas estaban cerradas por la cuarentena.

El masivo incumplimiento de ésta obligó al Gobierno a habilitar más actividades formales, a lo que hay que sumar que la cultura popular peruana exige el contacto social. En las regiones de Piura y Loreto, por ejemplo, la cuarentena directamente no fue acatada y éstas han sido, después de Lima, las zonas más afectadas.

Lo concreto es que, al cierre de esta edición, en Perú hay 260.810 casos de infección y 8.404 muertos y es el segundo país en ambas categorías, detrás de Brasil.

Colombia: Vuelven los bares y los pastores 

El 25 de marzo último, el presidente Iván Duque decretó la cuarentena para todo el país, que estaría vigente, en principio, por dos semanas. Desde entonces, la prolongó sucesivamente hasta estos días y este martes que pasó volvió a hacerlo hasta el 15 de julio.

La cuarentena, de todos modos, tiene algún defecto, el principal de los cuales es la cantidad de excepciones que contiene, lo que habilita las muchas maneras que existen de transgredirla. Más aún, cuando se extiende por tanto tiempo, ya que suma 91 días hasta este miércoles y sumará 113 días el 15 de julio.

El 23 de junio, Duque anunció la implementación de algún plan piloto para volver a la vida a restaurantes y cultos religiosos en los municipios en los que no se reportaron casos de Covid-19 en los últimos tiempos. “Seguimos avanzando con los pilotos en municipios que no han tenido ninguna afectación de COVID-19, empezamos pilotos presenciales en restaurantes, pilotos también de cultos religiosos, que lo que vamos también a expandir a muchos más municipios”, expresó el mandatario.

Colombia declaró hasta este martes 73.572 casos de Covid-19 y 2.404 fallecidos.

 

Paraguay: La isla selvática

La baja incidencia del virus en Paraguay tiene origen en tres medidas principales: una respuesta inmediata del liderazgo político; el aislamiento geográfico de ese país selvático en el norte y el oeste y, finalmente, que cerró sus fronteras ni bien se tomó conciencia de la peligrosidad del Coronavirus.

Así, las autoridades informaron de una única muerte en el último mes. Los infectados hasta hoy son 1.422 y los fallecidos, sólo 13. Esto significa que la tasa de mortalidad es de dos por millón de habitantes.

En febrero, ni bien se conoció la peligrosidad del Coronavirus, el presidente Mario Abdo Benítez ordenó la suspensión de visas a los ciudadanos de China y a todos los que llegaran desde ese país.

El diez de marzo, se decretó el aislamiento preventivo general, después de que se conociera a los dos primeros contagiados, dos paraguayos que habían viajado a Argentina y a Ecuador. A la vez se suspendieron las clases en todos los niveles, se suspendieron todos los eventos públicos y privados y se impuso el toque de queda nocturno.

Enseguida se impuso la cuarentena total, durante la cual sólo se podía salir para comprar alimentos y medicinas y por emergencias. Sólo quedaron exceptuados los que desarrollaban tareas esenciales.

A principios de mayo, después de tres meses de confinamiento, comenzó la cuarentena inteligente, según un calendario de cuatro fases, que contemplan la flexibilización en algunas actividades. El último lunes 22 de junio, Paraguay entró en la tercera fase, en la que permanecerá hasta principios de julio. Así, la actividad económica se encuentra operando con normalidad, al 80 por ciento de su potencial.

Esa isla “rodeada de tierra” que describió alguna vez Augusto Roa Bastos, el escritor nacional, explica también el bajo impacto del Covid-19 en su baja densidad poblacional -17 habitantes por kilómetro cuadrado-; el escaso tránsito aéreo y la profusión de selvas y sabanas que hacen intransitables algunas zonas fronterizas del país.

Por último, el 24 de marzo Abdo Benítez cerró las fronteras con Argentina, Bolivia y Brasil y no piensa rehabilitarlas por el momento. Inclusive, mandó al ejército a impedir la entrada de autos y buses cargados de brasileños y colocó vallas con alambre de púa en la frontera entre la ciudad de Pedro Juan Caballero y la brasileña de Punta Porá, por la que suelen ingresar diariamente miles de personas al país.

Mario Abdo Benítez, que es un admirador de Bolsonaro, dijo, sin embargo en algún momento que “Brasil es la principal amenaza” en la lucha contra el Covid-19. En sintonía con su jefe, la mejor síntesis de la situación la brindó Juan Carlos Portillo, director general de Servicios de Salud del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social de Paraguay, que manifestó que “si Brasil estornuda, Paraguay tendrá neumonía”.

 

La incógnita de Venezuela

El martes último, Venezuela alcanzó la cifra de 4.187 infectados y 35 muertos. Muchos desconfían de las estadísticas venezolanas, pero en casi todos los casos, éstos dudan de todo lo que tenga que ver con Nicolás Maduro, al que incluso acusan de no ser el verdadero presidente y eligen, en cambio reconocer a Juan Guaidó, el “autoproclamado”, al que nadie votó para ocupar esa distinción.

Por estos días, el presidente Maduro ordenó profundizar la cuarentena, después de una semana en que se había producido una reapertura parcial de algunas actividades.

“Vamos a estos siete días radicales para cortar las cadenas de transmisión y, con el favor de Dios, lograremos controlar este rebrote, gobernar esta situación y salir adelante nuevamente”, expresó el mandatario, que criticó además la “relajación” en la que incurrieron otras personas en los últimos días.

Igualmente, Maduro advirtió sobre que “estamos sufriendo un rebrote peligroso del coronavirus en la mayoría de las ciudades grandes del país”, adjudicando esta circunstancia a la incidencia que alcanzó el Covid-19 en sus vecinos Colombia y Brasil, desde donde regresaron al país más de 60 mil venezolanos en los últimos tres meses.

 

Argentina: Volver a la Resistencia

En Argentina, mientras tanto, se llegó el martes a los 49.581 infectados y a 1.116 muertos al cierre de esta edición. Este jueves, el presidente Alberto Fernández se dispone a anunciar un endurecimiento de la cuarentena en el Área Metropolitana Buenos Aires, ante el aumento de los infectados y de los fallecimientos en esta zona del país.

La medida se explica en que el 95 por ciento de los infectados provienen de la región metropolitana. El plazo de la cuarentena vence el próximo 28 de junio y sería prorrogado al menos hasta el 17 de julio. 

El principal objetivo será reducir la movilidad en el AMBA. El transporte público sería reducido a los trabajadores de los servicios esenciales. El Gobierno se encuentra en medio de un dilema, jaqueado por el cansancio que plantea la clase media por el encierro, por la necesidad de muchos cuentapropistas para salir a ganarse el pan y por los medios de comunicación, que alimentan el malhumor.

Fernández –que volvería a estar flanqueado por Kicillof y Rodríguez Larreta- cree que podría apretar la cuarentena por dos o tres semanas para ganarle al pico, que llegaría en la primera semana de julio, en coincidencia con el cénit anual de las enfermedades respiratorias, que se produce todos los años por estos mismos días.
Mientras tanto, el Gobierno avanzaría con el programa Detectar y con la provisión de respiradores y salas de cuidados intensivos y con el reforzamiento del sistema sanitario.

Resistir hasta entonces es la consigna que enarbolan en Olivos.

 

Una oposición sin brújula

El Covid-19 es una cosa seria y, por si esto fuera poco, es mortífero. El desafío que plantea obligaría, se supone, a cuestionar con inteligencia los planes oficiales y a quienes lo hagan, a armarse de honestidad intelectual.

Pues bien, esto no siempre ocurre. El mapa equivocado –o el GPS, en esta era digital- conduce por senderos equivocados. Porque todo es perfectible, pero la sandez en un grave defecto.

La presidenta del Pro, Patricia Bullrich se encuentra provista de un GPS por cierto algo obsoleto o quizás de baja calidad. El lunes último declaró que los casos de Coronavirus en la ciudad de Buenos Aires «también son por la gente que vino de afuera» y, no contenta con ello, agregó que «el 30 por ciento de las camas ocupadas en el distrito» que conduce su camarada Horacio Rodríguez Larreta lo fueron por personas que provienen de la Provincia de Buenos Aires.

Paralelamente, en una nota realizada por periodistas independientes, afirmó que “en la provincia de Buenos Aires nunca se cumplió la cuarentena», intentando auxiliar a su compañero, al que se le achaca haber sido demasiado contemplativo con la cuarentena en el distrito federal.

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