Los gobernadores peronistas arman lejos de CFK

Los gobernadores peronistas arman lejos de CFK

En un país en el que avizoran mayoritariamente la profundización de una crisis, los gobernadores piensan en organizarse políticamente, mientras negocian gobernabilidad a cambio de fondos y obras.


Todo el mundo político habla permanentemente de los avatares del peronismo de la Provincia de Buenos Aires, de la candidatura de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, de su lanzamiento del sello Unidad Ciudadana y de la supervivencia del sello del PJ bonaerense, pero el resto del justicialismo permanece, como siempre, lejos de las luces del centro del país.

Pero, de todas maneras, la Argentina profunda existe y el peronismo se expresa allí de muchas y variadas maneras. Dentro de este panorama, emergen los que ejercen el poder real en el peronismo provincial, que son los gobernadores, los hombres que manejan los territorios y que deciden el rumbo partidario, más allá de lo que ocurra en la Provincia de Buenos Aires. Si no recordemos a Carlos Menem y Néstor Kirchner.

En este panorama, hay que decir que el peronismo gobierna en 16 provincias argentinas, la alianza Cambiemos gobierna en cinco y hay tres gobernadores que lideran opciones provinciales.

Los peronistas gobiernan en Córdoba -Juan Schiaretti-; San Juan -Sergio Uñac-; Chaco -Domingo Peppo-; Entre Ríos -Gustavo Bordet-; Tierra del Fuego -Rosana Bertone-; Santa Cruz -Alicia Kirchner-; Salta, Rodolfo Urtubey; La Rioja -Sergio Casas-; San Luis -Alberto Rodríguez Saá-; Formosa -Gildo Insfrán-; Santiago del Estero -Claudia Ledesma Abdala-: Catamarca -Lucía Corpacci-; La Pampa -Carlos Verna-; Chubut -Mario Das Neves-; Misiones -Hugo Passalacqua- y Tucumán -Juan Manzur.

La alianza Cambiemos, por su parte, ejerce el poder ejecutivo en cinco provincias, a saber: Ciudad de Buenos Aires -Horacio Rodríguez Larreta-; Provincia de Buenos Aires -María Eugenia Vidal-; Mendoza -Alfredo Cornejo-; Jujuy -Gerardo Morales- y Corrientes -Ricardo Colombí.

Finalmente, tres gobernadores llevan adelante sus mandatos sin terminal nacional. Son el rionegrino Alberto Wereltinek (Juntos Somos Río Negro); el neuquino Omar Gutiérrez (Movimiento Popular Neuquino) y el santafesino Miguel Liffschitz (Partido Socialista).

De todos modos, si bien los peronistas gobiernan sobre 16 provincias, no conforman un bloque homogéneo como ocurría hasta el 2005, aproximadamente. Desde 1983, la Liga de los Gobernadores llevó la impronta peronista, cuyo liderazgo ejercieron sucesivamente el santafesino José María Vernet; el bonaerense Antonio Cafiero; el riojano Carlos Menem y el hoy diputado José Luis Gioja.

Cuando Kirchner asumió la presidencia en 2003, fue minando el poder de la Liga, hasta dejarla casi anémica y quizás esta haya sido una de las causas principales de la derrota de Daniel Scioli en 2015.

Por estos días, existe una casi certera unanimidad en que la desarmada entidad debe resurgir. Desde la Casa Rosada miran de reojo la jugada que comenzaron a armar los mandatarios el 17 de mayo de este año, cuando se reunieron en la Casa de Entre Ríos en Buenos Aires el local, Gustavo Bordet, Schiaretti, Peppo, Manzur, Corpacci, Bertone y Casas, a los que acompañaron el misionero ex radical Hugo Passlacqua y el vicegobernador de Santa Cruz, Pablo González. Ese día, estuvieron ausentes Urtubey y Uñac, que se encontraban en el exterior, pero fueron de la partida.

Al término del encuentro, Peppo adelantó que “después de este proceso electoral, queremos darle forma a un espacio de gobernadores con poder real”, sin dejar de reconocer que en octubre se discute poder en comicios que son solamente “locales”.

El encuentro lo armaron Schiaretti, Bordet y Manzur, que por esos días decidieron desinvitar -sólo en una primera etapa- a Verna, Rodríguez Saá, Insfrán y Alicia Kirchner, aunque su vicegobernador estuvo presente en la reunión. De todos modos, de la Casa de Entre Ríos surgió la decisión de invitar a todos los demás. La fecha prevista era para junio, pero la cercanía de los comicios y los avatares políticos de los últimos días postergaron el encuentro, posiblemente hasta después de las elecciones, tal como adelantara Peppo en Buenos Aires el 17 de mayo pasado.

En este ámbito, hasta ahora los protagonistas será los 14 gobernadores de raíz peronistas, a los que habría que sumar los dos “estados asociados”, que lideran los exradicales Hugo Passalacqua (Misiones) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero).

Por estos días, los líderes del grupo son Schiaretti -que es el número uno-, Peppo, Uñac y Bordet. Todos ellos cultivan una relación sin tiranteces con el Gobierno nacional, aunque a veces se quejan de que no hay reciprocidad de parte de la Casa Rosada. Lo primero que exigen es que los fondos coparticipables sean girados en tiempo y en forma, mientras intentan que no se les desmadren las protestas de los empleados estatales, que son -la historia reciente y no tan reciente abona la teoría- casi siempre los que detonan las crisis que pueden acabar con ellos. Y de eso pueden hablar dos de las mujeres gobernadoras, Alicia Kirchner y Roxana Bertone, que antes de asumir su cargo debieron soportar las furiosas manifestaciones de los empleados provinciales, a los que se les debían sueldos atrasados.

En este panorama, surgen nuevos liderazgos y hay algunos gobernadores noveles, que ya les han asestado a los caudillos antiguos algunos desplantes que los alejarán del poder, tarde o temprano. Es el caso, Uñac y de Peppo, que armaron las listas locales desplazando a los candidatos de sus antiguos jefes, José Luis Gioja y Jorge Capitanich. Bordet, por su parte, casi barrió a la “línea Urribarri” y se quedó con la provincia, que hoy por hoy se le entromete el actual ministro de Gobierno, Rogelio Frigerio, que sueña con llegar algún día a sentarse en el Sillón de Urquiza.

En este proyecto de construcción política, hace unos pocos días Schiaretti se reunió con el presidente de la bancada peronista en el Senado, Miguel Pichetto. Hablaron de que habrá dos bloques en la Cámara Alta, uno que respondería a CFK -minoritario, a priori- y el otro, que responderá a los gobernadores, del que el rionegrino será el que lo conduzca como hace años lo hace.

Los gobernadores, de todos modos, tienen el poder propio suficiente para pactar directamente con el Gobierno nacional, ya que gobiernan territorios que albergan a más de 25 millones de argentinos. El pacto sería sencillo: gobernabilidad contra obras y dinero. No hay mayores secretos en ello, excepto sobre las prioridades en las obras, que se negocian por separado.

¿La Provincia de Buenos Aires? No es su proyecto en esta instancia. Esperarán el resultado y verán quienes sobreviven, de qué modo y qué les conviene. Nunca digas nunca, pero en principio bien lejos de CFK.

Qué se dice del tema...