De apostar por las inversiones a aferrarse a los jubilados

De apostar por las inversiones a aferrarse a los jubilados

El monto varía entre 80 mil y 100 mil millones de pesos. Es la plata que transferirá el Estado a su clase pasiva y postergada a través de la elogiada Ley de Reparación Histórica.


Economista, maneja uno de los tres presupuestos más importantes del país. Y, como varios de los funcionarios del Gobierno, ve aún con preocupación la falta de reactivación. Lo siente en carne propia, en la sensible caja que debe manejar. Cuando se le pide una autocrítica por este frustrado segundo semestre, reconoce cierta ingenuidad en haber creído aquello de la lluvia de inversiones y el utópico derrame.

En un momento de la conversación con este cronista, se sincera. “Mirá, los empresarios son unos hijos de puta. Y hasta que todas las variables no les den bien, no van a poner un peso. Pero como también son ambiciosos, si el año que viene la cosa arranca se van a amontonar para no quedarse afuera”. Los números de la realidad económica avalan al funcionario.

La inversión no llega hoy al 20 por ciento, cuando para mantener un crecimiento sostenido, según los especialistas, debería estabilizarse en 25 por ciento. Lejos. Acaso compartiendo esa mirada sobre el mundo empresarial –por cierto, una troupe de la que el presidente Mauricio Macri formó parte activa hasta su salto a la política y a la que conoce bien–, en el Gabinete nacional prefieren mencionar otras variables a la hora de transmitir optimismo para 2017. Como en un juego de palabras, pasaron de apostar por la lluvia de inversiones a aferrarse a la lluvia de jubilados. O, dicho más precisamente, al caudal de plata que los abuelos volcarán al consumo el año próximo. Plata que pondrá en sus bolsillos el propio Gobierno. ¿Kirchnerismo remixado?

Según quién sea el interlocutor, el monto varía entre 80 mil y 100 mil millones de pesos. Es la plata que transferirá el Estado a su clase pasiva y postergada a través de la elogiada Ley de Reparación Histórica. Se descuenta que, por esperanza de vida y situación económica en general, esos abuelos gastarán casi automáticamente los fondos, y así ayudarán a empujar una rueda que no termina de destrabarse. “Mientras tanto –confiesa otro importante ministro nacional–, rezamos para que ese fueguito que se prendió en la economía no se apague.”

Es lo que en el Gobierno llamaron, con cierta anticipación, los “brotes verdes”. Algunos datos sueltos, como la recuperación en los empleos de la construcción o los despachos de cemento, o, más claramente, las ventas de todo lo vinculado con el campo, se mezclan con información negativa en general. “En el último trimestre los datos económicos interanuales van a dar mejor”, continúa el ministro. Pero enseguida admite: “En parte va a ser porque el último trimestre de 2015 fue muy malo. El tercero había sido bueno por las elecciones y por eso ahora la mayoría de los números nos dan muy mal. En el cuarto, esa ecuación se invertirá”.

Otro funcionario que habla diariamente con Macri se suma desde un despacho cercano con otro enroque de números. Si en los primeros meses del año la inflación les ganaba a las subas de los salarios, en el sprint de 2016 esos caminos se invertirían. Más plata en más gente ansiosa por gastar.

Este dirigente menciona, además, otros ejes de la economía que ayudarían a un próspero 2017. Los fondos del blanqueo (“más por el movimiento que puede generar tanta plata en la economía que por lo que implica de ingresos de impuestos para el Gobierno”, aclara), los dólares de la cosecha del campo a partir de marzo y una reactivación de Vaca Muerta.

Vale detenerse en este último punto. No solamente porque se trata del tesoro energético que puede cambiar el futuro del país en el escenario interno (autoabastecimiento) y externo (exportaciones), sino por un modelo laboral productivo que se está negociando y que podría replicarse en otros sectores. Grosso modo, empresarios, trabajadores y funcionarios están cediendo posiciones para que esa joya despegue.

Cada uno, en su rubro: los hombres de negocios accederían a bajar rentabilidad, los gremialistas petroleros flexibilizarían sus exigencias laborales y el Gobierno disminuiría la presión impositiva. Difícil augurar si se trata de un modelo que se replicará en otros rubros. Pero para la Casa Rosada es un sendero a recorrer.

En el Gobierno también remarcan otro punto que, aseguran, ya están disfrutando los empresarios. Es el acceso más barato al crédito, con tasas muy menores a los dos dígitos. Así, con préstamos accesibles, sin cepo, con inflación en baja y libertad para girar rentabilidades, más la posibilidad de blanquear deslices económicos del pasado, en el oficialismo creen haber recreado en menos de un año las condiciones para que los empresarios “se rompan el traste” (palabras de Macri) y hagan su aporte para crear empleo genuino. Igual, por las dudas, abren el paraguas y se aferran a otras lluvias.

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