Vuelo de topos

Vuelo de topos

La campaña arrancó volando a ras de piso, cuando no bajo el césped.


Un tuit disparó una nueva etapa de la lucha de las mujeres por la igualdad. El ¿diputado? Fernando Iglesias trató a la actriz Florencia Peña con un desprecio inaceptable. Inclusive, a raíz de la presencia de la bella artista en la residencia presidencial de Olivos, insinuó que había fiestas sexuales en la casa del presidente de la Nación.

Lo peor es que estas afirmaciones forman parte de la campaña electoral. Peor aún, forman parte del debate político que plantea la coalición opositora, que así vuela a la altura de los topos.

La respuesta de Florencia Peña y de algunas legisladoras del Frente de Todos no se hizo esperar. Pidieron su desafuero y destitución, pero fue sólo un planteo testimonial. Juntos por el Cambio tiene un bloque de 115 diputados y el Frente de Todos, una bancada de 119. Para expulsar a Iglesias hacen falta 172 votos, una meta imposible de alcanzar, aun contando con el voto de los aliados de la coalición encabezada por el peronismo.

Antes, mucho antes, para ser precisos, el 28 de mayo de 2018, la actual vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, en ese entonces senadora, le contestó a Mauricio Macri: «Tratar de loca a una mujer. Típico de machirulo».

Macri había pedido a los senadores del bloque del PJ que no acompañaran un proyecto de Cristina, que planteaba una rebaja de las tarifas. Para darle énfasis a su solicitud, Macri les pidió que no cayeran en la “locura” de la expresidenta. La falta de tacto y la incapacidad política de Macri habían quedado expuestas una vez más. Por el contrario, el timming y la sutileza política de Cristina habían sido puestas a prueba otra vez.

Para desazón de Macri y de sus adláteres, apenas un mes después del cruce con Cristina –el 26 de julio de 2018-, la escritora y académica de la lengua española Soledad Puértolas, que integra la Comisión de Neologismos de la Real Academia de la Lengua Española propuso la introducción del término “machirulo” en el diccionario correspondiente, tras la repercusión que obtuvo, aún en España, el incidente.

La propia Puértolas, ganadora del Premio Planeta de Novela en 1989, expresó que “el ‘machirulo’ es un semichulo, un hombre que, pese a querer ser dominante, no acaba de serlo. El término está impregnado de cierto tono irónico, pero no del todo despreciativo. Es una nueva versión del macho prototípico”, precisó.

El proceso de aceptación puede llevar años, según los voceros de la RAE, pero es casi seguro que finalmente será aprobado por la Comisión de Neologismos.

La palabra se emplea también en el ámbito LGBT, tal como explica el diccionario gay lésbico de Félix Rodríguez. Dice éste que machirulo se aplica despectivamente a un hombre gay “que exhibe formas convencionalmente muy masculinas” y es entonces, por extensión, un insulto “proferido contra una mujer lesbiana con apariencia muy masculina”.

Según las periodistas Celeste Abrevaya y Marina Mariasch, de la revista Anfibia,  “machirulo es una palabra nueva introducida por la marea feminista. Señala al micromachista que celebra que las mujeres luchen pero cree que se les va la mano, le irrita el lenguaje inclusivo y le hincha el pañuelo verde de las pibas pero sabe que no puede decir nada. Además, el contexto en el que se hizo viral evidencia una descalificación histórica que emparenta la locura con la portación de útero”.

Las chicas celebran luego que “el lenguaje es así, está vivo y se renueva. La marea feminista incorporó palabras nuevas y se revelaron fórmulas y giros que tenían la marca del machismo.

Luego, se preguntan: “¿Qué es un machirulo y cómo reconocerlo?” y responden y se responden que “en lenguaje feminista, un idioma que pronto hablaremos todxs, machirulo es el que te dice que a todas las minas les gusta que les miren el culo. Machirulo es el que le festeja las trampas al amigo pero es cuida con la mujer y la hija. Machirulo es el que dice que ni machistas ni feministas, que somos todos iguales y la que quiere un lugar que se lo gane. Que además, ahora que la mujer llegó a presidente qué más quieren de igualdad, y que hay cosas como la casa y los hijos sobre los que la mujer sabe más. El machirulo te adula y te dice: “La mujer es lo más grande que hay”, y ahí deja bien claro lo machirulo que es. Al machirulo le parece bien que las mujeres luchen para que no las maten, pero cree que a las feministas se les está yendo un poco la mano, ya no se les puede decir nada, che. Los varones también sufren violencia. Y además existen muchas denuncias falsas de mujeres despechadas que quieren cagar a sus ex o sacarles los hijos o plata. Al machirulo ya le hincha el pañuelo verde de las pibas, pero no dice nada, porque más le molesta que hablen con la e en lenguaje de género y eso sí que no se lo banca: ¿Le mer estebe serene? ¿Podés hablar bien?”.

Halcones y palomas hasta en el habla

Las sesudas definiciones de Iglesias, que ya son proverbiales, dejaron al desnudo que la paz en el Pro es efímera. Las aguas volvieron a separarse en el mismo lugar de siempre. Larreta y Vidal manifestaron su desacuerdo con el legislador, mientras que Patricia Bullrich alegó confusamente que no podía tirarlo a los lobos porque “el kirchnerismo es defensor de las peores conductas de sus miembros”.

Macri, su exministro de ¡Cultura! Pablo Avellutto y el redactor de sus discursos Hernán Iglesias Illia también salieron en defensa del polémico lenguaraz, quejándose de que lo acusaban de cometer “un crimen de odio y violencia de género mediática, institucional y simbólica” (Iglesias Illia) o de ser la víctima de «la policía del lenguaje, que es uno de los mayores horrores del presente». La especialidad de la casa: la victimización.

Lo claro y concreto es que si éste va a ser el nivel del debate político que van a plantear los mencionados, lo mejor sería que consulten con el nuevo líder del Pro –Horacio Rodríguez Larreta- sus próximas declaraciones, porque así se dirigen directamente a un nuevo fracaso.

Dicen que nadie vuela tan bajo como un tonto.

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