Fútbol: «Soy una chica común que trata de salir adelante»

Fútbol: «Soy una chica común que trata de salir adelante»

Entrevista a Evelina Cabrera, fundadora de la Asociación Femenina de Fútbol Argentino.


Jugó al fútbol, pero una enfermedad la obligó a dejarlo. Para seguir ligada se convirtió en DT y luego se dedicó al management. Antes, vivió en la calle y pronto expondrá en la ONU sobre su temática.

“No me gusta que digan que el fútbol me salvó.” Evelina Cabrera es un ejemplo de lucha, perseverancia y superación. La crisis de 2001 la llevó a vivir en un tiempo en la calle, donde se encontró con la violencia y las drogas. Logró salir de la marginalidad con el convencimiento personal de que podía derribar los prejuicios sociales. Pasaba sus días como tesorera en un restaurante y luego como personal trainer, cuando empezó a patear una pelota. En el fútbol encontró la contención, “herramientas” y disciplina que necesitaba para alcanzar sus metas. “Me dio hábitos que no tenía. ¿Querés jugar el finde? Bueno, tenés que venir a entrenar entonces”, cuenta en una entrevista con Noticias Urbanas.

La vida la puso a prueba una vez más cuando le diagnosticaron una enfermedad que le impidió seguir jugando. La noticia la golpeó, pero Evelina no se rindió. Se convirtió en entrenadora y, poco después, fundó la Asociación Femenina de Fútbol Argentino (Affar), desde donde ayuda a muchas mujeres de bajos recursos de todo el país. Su trabajo se enfoca en la formación y contención. “Hacemos eje en la parte social, educativa y deportiva. Si vos tenés una chica que no puede carga la SUBE, no tenés una jugadora”, dice. Cada vez se siente más a gusto con el rol de la gestión y aspira a coordinar en un futuro el área de management de un club.

A fines de mes, viajará a Nueva York para exponer en un foro de juventud en las Naciones Unidas. En marzo del año pasado, la revista The Economist la eligió como “Change Maker” por su trabajo social y deportivo. Hace poco firmó un contrato para ser la imagen de la marca deportiva Nike. “Se ve lo que hacemos”, se enorgullece.

–¿Cómo te definirías?

–Una chica común que trata de salir adelante. Siempre me remito a mis orígenes, desde dónde vengo, qué hago.

–¿A quiénes admirás?

–Admiro a las personas que hacen un montón de acciones anónimamente. Cuando voy a Tucumán o Salta veo que hay chicas que practican fútbol o son entrenadoras y tienen una pelota para 30 pibas. Y entrenan igual, como pueden. Son discriminadas y luchan. Las admiro a ellas tanto como a las mujeres o chicos que ayudan a un comedor y pasan inadvertidos. Ellos me emocionan. Hoy tengo la posibilidad de que se conozcan las cosas que hago. Me gusta poder generar cosas a través de la visibilidad que yo tengo para brindarles a chicas con pocos recursos. Me motivan esas mujeres que están dando vueltas y no tienen visibilidad.

–¿Qué consejos les das?

–Que no se rindan, que es difícil. Yo tengo la suerte de poder hacer un montón de cosas, pero atrás de esto hubo mucho esfuerzo. También hubo desilusiones y caídas, pero seguí. Hay que saber que dentro de ese camino es probable que te caigas, pero te tenés que levantar. También les digo que tomen conciencia de que cualquier cosa que quieras hacer, en el deporte o en cualquier ámbito, es complicado. Estamos acostumbrados a una época en que todo es rápido. Uno tiene un objetivo y si no se cumple en una semana o un mes piensa “bueno, fracasé”. Pero cada cosa lleva un proceso y tarda.

–¿Lo aprendiste en la calle?

–Lo vas aprendiendo en todas las áreas. Estar en la calle es tratar de sobrevivir, adaptarse a las circunstancias. Si llueve, buscar un lugar para que no te mojes. En la vida cotidiana tenés que saber adaptarse a las circunstancias. Tal vez alguien que estudió no logra nada en su vida porque se rinde fácil o no tuvo nadie que lo acompañe en este proceso. Estando como un indigente o integrada en la sociedad siempre me costó todo. No es que tuve alguien que me ayude a hacer las cosas, tuve que ir aprendiendo en el camino. Eso es difícil y más en el ámbito del fútbol, que es tan machista.

–¿Cómo llegaste al fútbol? ¿Siempre te gustó?

–En realidad, a mí el futbol nunca me gustó. Estar en la calle implicaba que no tenga una vida deportiva. Llego al fútbol de grande, cuando trabajaba en una tesorería de un restaurante y era personal trainer durante el día. Una de las chicas del grupo jugaba al fútbol. Me invitaron y entré en el equipo. Después me di cuenta de que me encantaba, pasé a un club… A veces está la frase “el fútbol la salvó”, pero no me gusta, me rompe que digan eso. En realidad, pienso que en la vida me salvaron las ganas de no querer quedarme en la zona de confort y querer derribar todos los prejuicios que te marcan y te subestiman. También creo que el fútbol me dio herramientas para estructurar todo lo que quería. Yo decía quiero esto y lo otro, pero no tenía una línea sobre qué hacer o no. El fútbol me dio hábitos que no tenía. ¿Querés jugar el finde? Y tenés que venir a entrenar. Me dio un montón de cosas que nunca había tenido y que fui implementando en mi vida.

–¿Es posible inculcar valores en el fútbol?

–Totalmente. Creo que cualquier deporte les da a las personas una herramienta y contención que por ahí no las tienen en la casa. Tal vez, uno en el fútbol puede encontrar esa familia que por cualquier motivo no está. Entonces, vos les das herramientas y un grupo de pertenencia, donde les inculcas valores que las ayuden, no solo adentro de la cancha, sino también afuera.

–¿Cómo fue el día en que un médico te dijo que no ibas a poder seguir jugando?

–Casi me muero de tristeza. No lo podía creer. Uno no piensa que pude tener un problema de salud, pero cuando me pasó eso estuve mucho tiempo sin ir a ver los partidos porque me sentí totalmente frustrada. El juego no se perdía nada, por ahí le hice un favor al fútbol (risas). Ahora lo tomo con humor, pero fue complicado para mí. Había encontrado algo que me hacía tan bien y eso fue lo que más me afectó. Pensaba que me iba a perder de estar con mis compañeras o pensar en el partido durante la semana. Eso le daba sentido a mi vida.

–¿Disfrutás más siendo DT o era más lindo estar en la cancha?

–Ahora estoy en una etapa en la que me gusta más gestionar. Me encanta la parte de management. Me di cuenta de que quizá funciono mejor para gestionar recursos para las chicas que para dirigir. Va a haber un montón de entrenadoras, pero hay pocas por ahora que tomen la posta de la gestión. Está bueno empezar a motivar desde la gestión para que haya más jugadoras, entrenadoras y dirigentes. Me gustaría algún día estar en un club y coordinar la parte de management deportivo.

–¿Cuándo surgió la idea de fundar Affar?

–Con otras chicas queríamos hacer algo para el fútbol y nadie se animaba. Surgió después de que falleció el papá de una jugadora que no tenía recursos. Pidió ayuda a su club y no le dieron atención. En ese momento dijimos «alguien tiene que hacer algo», y armamos la Asociación. Hoy el fútbol femenino es amateur en la Argentina. Y no es como el hockey, donde el socio tiene un poder adquisitivo alto. Muchas chicas no tienen estructura y recursos para practicar la actividad como se debe. Tenés chicas que no tienen pelotas o ropa para realizar la actividad. Hacemos eje en la parte social, educativa y deportiva. Si vos tenés una chica que no puede carga la SUBE, no tenés una jugadora.

–¿No te llamaron de la AFA? ¿Y de otros países?

–Tenemos mucho contacto con otros países. Con AFA nos reunimos, saben del trabajo que hacemos y que existimos. Ojalá en algún momento podamos hacer cosas en conjunto. En realidad, nuestra acción no es enteramente competitiva, en el sentido de hacer torneos o armar una selección. Hacemos el soporte a las jugadoras para que lleguen. Es un trabajo paralelo.

–¿Por qué creés que no hay interés de la AFA en el fútbol femenino?

–No lo sé. Cada uno tiene sus tiempos. El año pasado empezaron los cambios en la AFA. Quizás cuando se ordene todo llegará el momento en que digan que sí o que no. Nosotros vamos a cumplir cinco años.

–¿Qué falta para que se profesionalice el fútbol femenino en la Argentina?

–Que deje de haber machismo y todos empiecen a tomar conciencia de que el fútbol femenino no es un hobby sino un deporte. Hay que seguir moldeando esta conciencia de dejar de ser un poco machistas. Creo que las nuevas generaciones tienen la mente más abierta.

En primer plano

Un lugar de Buenos Aires. San Telmo.

Un sueño. “Estar en un Juego Olímpico o en un Mundial como parte del cuerpo técnico.”

Una jugadora. Carmen Brusca.

Un técnico. Agustín Benchimol.

Una frase. “El mundo es tuyo.”

Una película. Scarface, de Brian De Palma.

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