Villa 1-11-14 y Hospital Piñero: zonas de guerra

Villa 1-11-14 y Hospital Piñero: zonas de guerra


Distintos medios de difusión y confusión, como también políticos nacionales y porteños, al igual que los jefes policiales, en forma continua pretenden «tranquilizarnos», en distintos temas de seguridad. La cuestión es que para eso nos mienten, nos confunden y nos muestran situaciones tipo Walt Disney, las cuales no tienen nada que ver con la realidad que padecemos cotidianamente.

El sábado 23 en inmediaciones de las Avenidas Riestra y Bonorino, en plena villa 1-11-14, 4 personas que iban en 2 motos fusilaron a 3 ciudadanos peruanos, aparentemente narcos o transas. Fueron trasladados al hospital Piñero, distante a 12 cuadras y 2 fallecieron. Todo ocurrió a menos de 70 metros de un puesto de la Gendarmería del pintoresco Aníbal Fernández.

Cuenta mi amigo el Negro Cefe, quien estaba de guardia en el hospital Pineiro: «[20:48 4/25/2022] Los recibí el sábado a la noche, uno de los peruanos tiene 21 años, llego hace una semana al país, recibió dos tiros en el abdomen, el domingo a la madrugada le hicieron un packing torácico. [20:49 4/25/2022] : Ayer lo trasladaron a la terapia de otro hospital por el quilombo que había con los narcos que venían a verlo, me amenazaron porque los eche del shock room. [20:49 4/25/2022] Se fueron todos cuando lo trasladaron». Parece un sainete criollo, pero iban muchos narcos a ver a un narco que hacía una semana ingresó a Argentina (indicador de la importancia de la organización criminal). Este hospital suele tener tiroteos en su interior, y en general son entre narcos y transas pero con pacientes, médicos y enfermeros a metros de esos energúmenos. Los orates terminan huyendo por los fondos o los laterales y no casualmente casi nunca hay detenidos.

Agrega mi amigo Cefe: «Personas heridas, laceradas ingresan al sistema público, y el estado no tiene políticas para esos acontecimientos, el estado no se hace cargo de la seguridad de esos individuos ni de la población; el sistema que los excluye, los incluye para curarlos y volverlos a meter al mismo circuito de delitos. Además se nota que esos heridos no son capos narcos, sino transas de poca monta o perejiles. Cada vez tenemos en el hospital más heridos y muertos por disparos de armas». Resultan impresionantes, estos conceptos de un profesional de la salud, teniendo en cuenta además, que durante más de 15 años Cefe fue un excelente policía federal.

Estas cuestiones ponen más en evidencia, al negocio de mentirnos y engañarnos. Aparecen en los medios escribas que no tienen la menor idea de lo que es esa villa ni ninguna otra y que nos bajan las fake news y el pescado podrido que les entregan sus patrones. En el caso de la 1-11-14 lo que existe hace cerca de 20 años, es un Cartel Peruano que produce clorhidrato de cocaína, y es falso que esa organización se haya partido como nos cuentan. Lo real es que tiene un mando único consolidado, más allá de la caída de algunos de sus supuestos cabecillas. Y no vale la pena hablar de Marcos, de Pity o de Pepita la Pistolera, ya que las mismas organizaciones o quienes las protegen, alegremente nos tiran falsas jefaturas. El caso más elocuente nos tocó a quienes analizamos la cuestión mexicana: durante décadas nos hicieron creer que el capo del Cartel de Sinaloa era el «Chapo» Guzmán Loera, y resulta que en realidad sería Ismael «el Mayo» Zambada, quien nunca fue detenido gracias a sus vínculos con la Dea. Y lo más gracioso, es que luego de la caída del Chapo, el cartel incrementó en más de un 20% sus «exportaciones» de drogas a Usa, para abastecer a buena parte de sus más de 100 millones de adictos. Y así hasta de Alaska, me llegan fotografías del envoltorio de la heroína con la marca de los sinaloenses.

Retomando los temas de la villa, también resulta falso que los peruanos dominan 3 o 4 manzanas de la 1-11-14, como nos cuentan los confundidores: la organización sigue reinando en 15 manzanas, en el circuito determinado por las avenidas Bonorino-Riestra-Varela y el Club Daom, y la mayoría de los transas del resto de la villa, tienen que pagarle peajes para poder realizar sus ventas. Los que se hacen los tontos primero reciben un balazo en una pierna y si insisten son asesinados a muy bajo costo: tiran los cuerpos en los enormes contenedores y fin de la historia. Los falseadores de la realidad además, se la pasan afirmando que tipos como un tal Dumbo o «el Loco» Morán son grandes capos, como si fueran reencarnaciones de Pablo Escobar, y en realidad son narcos de baja estopa. Pero los agrandan para que cuando caigan, puedan contarnos que cayó preso justamente el nuevo Escobar. Todo es una suma de mentiras, para encubrir el gran negocio, en el cual el narco que paga para que lo protejan, paga también para que caiga la competencia. Y así entre tantos cientos de perejiles presos, muy cada tanto podemos ver como cae un jefe, gracias a que otro capo pagó para que cayera.

También nos mienten hablándonos de carteles: el carácter de Cartel de una Organización Criminal, no solo lo da la magnitud y la cantidad de sustancias que producen y manejan. Lo dan también otros delitos vinculados al tráfico y fundamentalmente la existencia de un aparato militar, al cual algunos mentirosos lo denominan aparato de seguridad, también para tranquilizarnos. Y esta es la última foto del aparato militar: 4 personas desde 2 motos que fusilan a 3 traficantes a 70 metros o menos de los gendarmes, y sin otros muertos o heridos. Una Operación que realizaron a algo más de 100 metros de las Avenidas Riestra y Varela, donde hace más de 5 años ejecutaron a 4 ciudadanos paraguayos, con más de 100 disparos de armas de fuego. Presencié esa escena del crimen a minutos de la masacre, cuestión que me dejó sin apetito ni sueño por más de un día (la filmación aún puede verse en las redes).

De manera que el Cartel Peruano goza de muy buena salud, de una conducción blindada y además sigue importando mano de obra de Perú: el chico de 21 años atendido en el Piñero, acababa de llegar al país hacía una semana, tal como mencionara mi amigo Cefe. Es la fiesta que tenemos en Argentina, con fronteras liberadas y donde en Migraciones siempre hay inútiles o delincuentes: su directora cada vez que cae un narco con prohibición de reingreso a nuestro país, afirma alegremente que no sabe ni cuándo ni porqué lugar llegó. Y ahora vaya a saber cuantos «negocios», se mueven en esa tentativa imbécil de no querer sellar más los pasaportes argentinos.

En esta Nueva México en la que están convirtiendo a Argentina, ya los narcos dejan mensajes al costado de los masacrados. En cualquier momento podremos ver lo que los mexicanos llaman mantas: especies de carteles colgando amenazando a los competidores o advirtiendo a la población con la firma del cartel. Luego veremos cabezas cortadas en exhibición y seguramente también cuerpos mutilados colgando de puentes o árboles. Toda esa violencia sangrienta, creciente y demencial, ya puede verse en gran medida en la ciudad de Rosario, una verdadera Pequeña México.

Lo notable además es ¿que pasó con la clase política desde 2015 hasta este presente? Lo menciono ya que cuando presenté mi libro Laboratorios de Cocaína en la Ciudad de Buenos Aires -documento oficial de esta Legislatura que puede leerse o bajarse gratuitamente en jorrodblog.wordpress.com- más de media clase política estaba sentada a mi lado en dicha presentación (Pino Solanas, Felipe Sola, Cristián Ritondo, Julio Piumato, Gustavo Vera y entre el público estaba el excepcional Daniel Arroyo). Casi todos los políticos aceptaban que en Argentina se producía cocaína: ¿que habrá pasado para que ahora todos lo nieguen? Por ahí la respuesta se puede empezar a apreciar en las líneas precedentes, y en especial en las palabras de mi amigo Cefe, que cotidianamente vive en la trinchera del hospital Piñero. O en la mentira de la «guerra contra las drogas» y los falsos discursos de los políticos sobre la «lucha contra el narcotrafico», cuando la única lucha que emprenden es para ver quien les cobra primero a los malandras. También podemos ver parte de la respuesta, en la magnitud del creciente negocio narco, comprando jueces, fiscales, jefes policiales y políticos nacionales, provinciales y municipales.

Lo curioso además, es el fanatismo de quienes afirman que «en Argentina no se producen drogas, seguimos siendo un país de tránsito». Seguramente el abanderado es el pintoresco Aníbal, que hace 30 años repite patéticamente esa retahíla y que pretende convencernos que Rosario se pacifica enviando 200 gendarmes. Pero para estos fanáticos, nada mejor que bañarlos con evidencias y un poco de rigor científico: en primer lugar, un país que está inundado de paco como el nuestro, es porque se fabrica cocaína, ya que ese veneno se prepara con los sobrantes que quedan en las cubetas y «ollas», en cada una de las 6 o 7 etapas de producción. Y en segundo término otra cuestión no menos relevante, el tema de los precursores químicos. En mi libro en un anexo, detallo las etapas de producción y un conjunto de 13 precursores químicos que se utilizan alternativamente en el proceso de elaboración, además del kerosene. Argentina exportaba hace unas décadas buena parte de esos precursores, algunos de producción nacional y otros importados. Hace años que esas exportaciones son muy mínimas o directamente nulas, ¿porqué? Simplemente porque se utilizan en nuestro país para elaborar drogas, no solo cocaína sino también éxtasis -MDMA- u otras sustancias de diseños. Basta con la cantinela patética de país de tránsito, no les creamos más a todos esos payasos mentirosos tan bien pagados. Tal vez algún día tengan que rendir cuentas de sus acciones aberrantes y hacerse cargo de como protegieron narcotraficantes.

Jorge Omar Rodríguez, Economista UBA, Analista de Narcotráfico y Delitos Complejos

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