Memoria y Derechos Humanos en la Ciudad

Memoria y Derechos Humanos en la Ciudad


El 24 de marzo invita a la Memoria. Esa memoria puede tener distintas versiones. El kirchnerismo sostiene que el terror arrancó ese 24 de marzo de 1976. Con esa tesitura trabaja y monta su relato desde el aparato propagandístico estatal. Frente a ello, vale seguir lo que sostiene una longeva figura pública de nuestro país: «Los hechos son sagrados, pero el comentario es libre». Hace menos de una semana, en Córdoba, se hallaron los restos de estudiantes desaparecidos en 1975 durante el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón. Este hecho confirma, una vez más, que los derechos humanos en los `70 se violaron en democracia y en dictadura.

El legado del 24 de marzo es no volver a incurrir en esas conductas. Los Derechos Humanos no son “un curro”. Tampoco hay que sobreactuarlos y manosearlos. Son derechos básicos que tiene todo ser humano para ejercer su condición de ciudadano/a. Y para que puedan ser ejercidos hay que trabajar por ello. Una de las maneras es el ejercicio de la memoria.

La Ciudad de Buenos Aires puede y debe hacer su aporte. Debe trabajar en una política activa de memoria. Un retroceso, en ese sentido, fue el Convenio por el cual el PRO le cedió al Kirchnerismo la ESMA, demostrando el desinterés del PRO por esta materia. Dejó a la Ciudad sin espacios para participar en el recuerdo y memoria de lo sucedido, rompiendo con una política de estado. Los cedió, sin más, al Gobierno Nacional. El kirchnerismo sigue así con su política exclusiva y expulsiva en esta temática. Por el mismo convenio, el Pro y el Kirchnerismo acordaron la disolución del Instituto Espacio para la Memora, cuya composición heterogénea (Organizaciones no Gubernamentales y personalidades destacadas en derechos humanos, como así también representantes de los poderes ejecutivo y legislativo de la Ciudad) garantizaba una experiencia de gestión de lo público que no se agotaba en lo estatal.

El 24 de marzo nos sirve para tener bien presentes los errores del pasado y no volver a cometerlos. Para garantizar la plena vigencia de la democracia y los derechos humanos, y sobre todo para no perder el norte de todo gobierno: formar ciudadanía.

 

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