La incineración de basura significa también un riesgo laboral y social

La incineración de basura significa también un riesgo laboral y social


Como Capellán del Movimiento de Trabajadores Excluidos y siendo Párroco de la Parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé en la Villa 21/24 y NHT Zavaleta, quiero manifestar la preocupación por la posible incineración de basura, pues el pasado Jueves 29 de marzo el Gobierno presentó un proyecto para modificar la Ley de Basura Cero (Ley Nro 1854) .

Es preocupante si se quema el material reciclable, ya que muchos cartoneros lo necesitan para ganarse su medio de vida, su sustento.

En mi paso por Constitución, en el marco de la Carpa Misionera, me ha tocado acompañar la preocupación y la dedicación de mucha gente que se compromete por una sociedad sin esclavos ni excluidos.

En ese contexto fui valorando positivamente el empeño de muchos trabajadores unidos en cooperativas.

Las iniciativas de organización comunitaria de cartoneros y otros rubros, por el compromiso que tienen, logran incluir a muchas personas y familias que una empresa privada hoy por hoy no podría contener.

Con adecuado apoyo logístico del Estado, las cooperativas han podido asumir eficazmente el sistema de reciclado. Es importante que el Estado ayude a fortalecer la Economía popular.

Los recicladores urbanos tienen mucho para aportar, así como los habitantes de las Villas no son usurpadores, sino que han transformado un basural y lugares abandonados, en barrios obreros, también vemos cómo muchos trabajadores y cuentapropistas de la economía popular se han sabido organizar y han transformado a esclavos y excluidos en dignos trabajadores ayudando a evitar, entre otras cosas, el trabajo infantil.

Nuestra Cuidad conoce la lucha de los miembros de sus cooperativas, para que sea posible su inclusión, ya que a través de sus iniciativas de organización comunitaria logran incluir a muchas personas y familias que una empresa privada hoy por hoy no podría contener.

Es bueno tener en cuenta la preocupacion de las cooperativas responsables del sistema de reciclado.

De instalarse la incineración, habría que tener en cuenta el impacto ambiental, la posible contaminación, el problema de las cenizas.

Tambíen habría que considerar el impacto en la salud de los pobladores cercanos a los incineradores.

Habría que evaluar el costo que implicaría la instalación de plantas de incineración.

Ni hablar del impacto laboral y social.

Se pondrían en riesgo los puestos de trabajo de los recuperadores urbanos. Recordemos que hoy hay muchas Pymes entre los recicladores que generan puestos de trabajo genuino.

No debemos olvidar que fue positiva la creación de la Dirección General de Reciclaje que tiene entre sus objetivos incrementar los niveles de recuperación y reciclado de materiales producidos en la Ciudad.

En el contexto social que nos toca vivir, se impone que el Estado apoye a las Cooperativas de reciclado diferenciado. Y sin lugar a duda la modificación de la ley Basura Cero y permitir la incineración de basura dejaría de lado a muchos trabajadores, que frente a estas organizaciones comunitarias dejan de ser excluidos.

Como dice el Papa Francisco, es sagrado el derecho al trabajo. El Estado debe ocuparse en primer lugar de los que quedan afuera del sistema.

Desandar el Camino de la inclusión que se logró apoyando al cooperativismo de recicladores, sería profundizar la “cultura del descarte” que tanto denuncia nuestro conciudadano el Papa Francisco.

Qué bien nos hace haber escuchado los discursos que el Papa Francisco pronunció en América Latina, en Ecuador, en Paraguay, en Bolivia y en México! Nos habló a nosotros…

En el II Encuentro Mundial de los Movimientos populares, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), el Papa nos dijo:

“Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye….”

“He conocido de cerca distintas experiencias donde los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica y vi que algunos están aquí. Las empresas recuperadas, las ferias francas y las cooperativas de cartoneros son ejemplos de esa economía popular que surge de la exclusión y, de a poquito, con esfuerzo y paciencia, adopta formas solidarias que la dignifican. ¡Y qué distinto es eso a que los descartados por el mercado formal sean explotados como esclavos!”

Los gobiernos que asumen como propia la tarea de poner la economía al servicio de los pueblos deben promover el fortalecimiento, mejoramiento, coordinación y expansión de estas formas de economía popular y producción comunitaria.

Esto implica mejorar los procesos de trabajo, proveer infraestructura adecuada y garantizar plenos derechos a los trabajadores de este sector alternativo. Cuando Estado y organizaciones sociales asumen juntos la misión de «las tres T» se activan los principios de solidaridad y subsidiariedad que permiten edificar el bien común en una democracia plena y participativa…”

Por último la modificación de la ley de basura cero (ley N° 1854) implicaría un gran retroceso de la puesta en marcha de las políticas públicas de reducción y reutilización de residuos sólidos.

Agradeciendo su atención y confiando en su decisión de buscar el bien común, lo saludo cordialmente.

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