La arquitectura escolar construye justicia educativa

La arquitectura escolar construye justicia educativa


Me entero, sin sorpresa, pero con mucha preocupación que un juez del fuero Contencioso Administrativo dispuso clausurar las aulas-container de la escuela Lengüitas, después de que el ex rector denunciara haber sufrido allí dos descargas eléctricas. Además se aplicará una multa diaria de 27.850 pesos para el ministro de Educación de la Ciudad, por incumplir órdenes judiciales.

¿Cuándo vamos a entender que la educación es también su escenario? La arquitectura de una escuela determina el lugar que esa cultura le da a la educación. A esta altura, todo indica que no tiene que ver con el entendimiento de una situación precaria y peligrosa sino con un lugar que el gobierno de Mauricio Macri decidió darle a la educación en esta Ciudad.

El fallo del que aquí hablamos fue a fines de febrero de este año, a partir de la denuncia de un grupo de padres, que ya había prohibido en el Lengüitas utilizar las aulas-container para albergar alumnos de cualquier nivel por tratarse de «módulos metálicos, de medidas extremadamente reducidas (aproximadamente 2 por 4 metros), con una puerta de acceso y una sola ventana pequeña».

Desde mi labor como legislador acabo de presentar un proyecto que solicita al Ejecutivo que informe sobre la situación de las aulas modulares del Lenguas Vivas y de las circunstancias en las que su ex rector Horacio Badaracco, sufriera descargas eléctricas en una de esas aulas. Esta es una medida con la que podemos colaborar a subsanar en lo coyuntural la situación pero estamos frente a una problemática más profunda y estructural.

Vengo sosteniendo que la escuela-galpón, hoy aulas-container, es la hija de la complicidad entre empresas y gobiernos, la arquitectura escolar también es el modo en que se materializa la política educativa, y el espacio y lugar que en lo social se le da a la educación. De la vieja escuela normal en sus construcciones del siglo XX y, aun, en la misma década en la que gobernó Perón, a la escuela-galpón, se advierte, escenográficamente, de qué modo lo simbólico construye lo real.

Nos preocupa que niños y docentes asistan a clase en una “aula-container”, no tolera ningún prejuicio pedagógico, y como vimos recientemente reviste innumerables peligros.

La educación, claramente, está determinada por el contexto en dónde ocurre. No es una novedad, hace ya más de un siglo, educadores y pedagogos como María Montessori y Loris Malaguzzi estudiaron no sólo la manera de educar, sino también el espacio en dónde se educa. Pensaron de qué manera el espacio favorece el desarrollo y el aprendizaje de los niños.

Por ejemplo María Montessori sugiere un ambiente preparado para el niño en el que debe haber elementos proporcionados a su escala, lo cual permite dirigir al niño hacia el conocimiento.

La propuesta en materia de espacialidad del maestro y pedagogo Loris Malaguzzi apunta a que las escuelas posean zonas contiguas, talleres de arte con materiales y recursos para todos los niños: un aula de música; un área para el desarrollo motriz, expresivo y creativo del cuerpo; espacios verdes para la utilización del entorno (ciudad, campo, montaña, etc.) como elemento didáctico. Y propone que dentro del aula, las paredes suelen ser blancas, lo cual transfiere al niño paz en sus procesos de aprendizaje.

Las propuestas del gobierno de Macri en materia edilicia para la educación distan mucho de sustentar un proyecto que mejore las condiciones, son meramente paliativas y con poca creatividad para mejorar realmente el espacio educativo. Lejos estamos de alcanzar una justicia educativa, incumpliendo órdenes judiciales y sin propuestas permanentes para situaciones que hace años se repiten en las escuelas porteñas.

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