Honor y Patria

Honor y Patria


Este 25 de mayo se cumple el 205° aniversario de la Revolución de 1810. Según el reconocido Historiador, Félix Luna en mayo de ese año confluyeron varios sectores con diferentes ideas acerca del destino de estas tierras. Es posible que algunos de los que participaron en las Jornadas de mayo, por ejemplo Moreno y Castelli, hayan querido iniciar un recorrido hacia la independencia. Es posible también que otros, españoles o cercanos a la Corona Española, hayan pensado que lo más conveniente era formar una junta y esperar.

Nuestra ciudad, como bien sabemos, cumplió un papel fundamental. Juan José Paso,  muy hábil, apeló al argumento de «hermana mayor». Dijo que Buenos Aires actuaba en estado de emergencia en custodia de los bienes y de los intereses de sus hermanos y que, desde luego, se comprometía a convocar a los delegados de otras ciudades para que homologasen la decisión de sustituir al Virrey.

El protagonismo de Buenos Aires en la Revolución de Mayo fue una muestra más de valor. Años atrás, luego de las Invasiones Inglesas, la Ciudad se había ganado la fama mundial tras resistir dos intentos de conquista de la potencia económica más importante del mundo. Todo gracias al heroísmo de la gente.

Siempre es bueno recordar la Revolución de Mayo por dos motivos. En Primer lugar como lo marca la historia, ese 25 de mayo de 1810 comienza la emancipación. Se empezó a recorrer un camino en busca de una identidad común, de una forma de gobierno y administración. Como ya sabemos, el camino no fue para nada sencillo. En segundo lugar, nunca está de más hacer referencia a quienes fueron el alma de la Revolución, me refiero a los Hombres de Mayo.

En esta oportunidad quiero detenerme en la figura de un  prócer a quien injustamente se le quita relevancia a la hora de hablar de su influencia en la revolución. Me refiero Manuel Belgrano.

Belgrano fue uno de los grandes pensadores de la revolución de Mayo. Su formación en Europa le suministró las herramientas necesarias para convertirse junto a Juan José Castelli, Mariano Moreno y Juan José Paso, en artífices del proceso que cambió la historia de las futuras Provincias Unidas del Rio de La Plata.

Belgrano comienza desde temprano a pregonar la necesidad del desarrollo agrícola, que hará más tarde de la naciente Argentina un país agrícola-ganadero por excelencia.

Su ideario siempre fue a favor del progreso y de la emancipación, enfrentándose así con el cerrado absolutismo de la monarquía española en América.

Su preponderancia en el Rio de La Plata estuvo reinada por la prudencia, que es la más perfecta de las virtudes políticas, necesaria en quienes deben conducir los destinos de una nación y un gobierno.

Muchos conocen la historia de sus últimos días: murió en la pobreza, a pesar de que su familia había sido una de las más acaudaladas del Río de La Plata, antes de que él se comprometiera con la causa de la Independencia. A casi 200 años de su muerte, como bien señaló Félix Luna, «se destaca de la figura de Belgrano el sentido del deber, su pureza, su desinterés. Siempre fue donde lo mandaron; le encomendaron las misiones más difíciles».

Es oportuno recordarlo con una de sus frases más destacadas, empapada con la humildad que siempre lo caracterizó: «Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella.»

La figura de Manuel Belgrano, su actuación en el proceso revolucionario y sus valores cívicos deben ser el modelo a seguir por todos nosotros, porque pocas personas trabajaron como él, incansable y desinteresadamente, para el beneficio de la Patria.

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