Correligionarios en oferta

Correligionarios en oferta


El partido, más partido que nunca. Por estas horas, la UCR transita, otra vez, una realidad convulsionada. Paradójico: cuando los principales candidatos presidenciales opositores se pelean por captar dirigentes radicales de todo el país, y con esa puja les dan valor, el tironeo parece sellar cualquier chance de que la centenaria fuerza vuelva a ocupar el poder en serio.

La descomposición no es nueva. Sobran ejemplos; algunos, difíciles de olvidar. Meses atrás, por caso, Leopoldo Moreau se sumó a la troupe kirchnerista, dominada por La Cámpora, que se paseó con Cristina en Nueva York a propósito de una asamblea de la ONU. El bonaerense tiene el récord de haber sido el candidato a presidente radical con peor performance de la historia: un penoso 2 por ciento en 2003. Sin sonrojarse, hace largo tiempo puso a la orden del Gobierno lo poquísimo que le queda.

Sería injusto, por supuesto, responsabilizar a Moreau por el bochorno radical. A esta altura lo suyo, aunque emblemático, resulta anecdótico. Más acá en el tiempo hubo dos movimientos que terminaron de agrietar una construcción, la del Frente Amplio Unen, en la que la UCR se suponía su columna central. La foto de Gerardo Morales con Sergio Massa en Jujuy fue el primero y acaso el más profundo. El extitular del partido y actual jefe de bloque de senadores puso su cara y la de otros compañeros de ruta (como la del tucumano José Cano) al ser vicio de un peronista.

A lo Moreau, el jujeño también venía con antecedente récord: como jefe partidario avaló en 2007 que, por primera vez desde su creación, la UCR no encabezara una fórmula presidencial. Él mismo fue compañero de boleta del peronista Roberto Lavagna.

Uno de los que más fuerte salió a castigar la nueva jugada de Morales fue Julio Cobos, decidido por ahora a mantener su candidatura nacional. Las vueltas de la política: en aquella lejana primera elección de Cristina, el mendocino encabezó la troupe de radicales que se fueron con Néstor Kirchner y, como Morales, Cobos fue vice de un(a) justicialista.

Por estas horas, otro mendocino radical también hizo su aporte al quiebre. Mientras veía cómo se le escabullían correligionarios hacia Tigre, Ernesto Sanz, actual mandamás partidario, decidió blanquear un secreto a voces: que le gustaría sumarse al armado del Pro. Así, siguió a otra radical que dio el portazo hace mucho tiempo: la siempre vigente Elisa Carrió. El cordobés Oscar Aguad venía sumando al macrismo en Córdoba.

El desgajamiento radical, en un punto, quizá vuelve a poner al Frente Amplio Unen en un lugar que el imaginario sospechó desde un principio: como una fuerza de segundo orden, de perfil de centroizquierda, agradable para votar en tanto no tenga chances de ganar. Ni Cobos ni el socialista Hermes Binner, y menos Pino Solanas, -los tres precandidatos presidenciales del espacio que quedarían los otros eran Sanz y Carrió–, jamás lograron entrar en el podio de las encuestas.

Es una incógnita saber qué harán, sobre todo Cobos y Binner, si se consolida el desmembramiento. Ambos han repetido que mantendrán sus candidaturas presidenciales, pero también tienen una tentación de poder real. Los dos lideran los sondeos cuando se los mide como postulantes a gobernadores en sus provincias, Mendoza y Santa Fe. Son cargos que ya ocuparon en el pasado.

Las próximas horas prometen más fotos para la portada. El fin de semana, un tercer radical estampará su rostro con Massa. Es Nito Artaza. El líder del Frente Renovador tendrá la gentileza de correrse hasta Corrientes (la provincia del cómico)para mostrarse juntos. Luego vendrá la selfie con el formoseño Luis Naidenoff. Será el cuarto senador radical-massista, tras los mencionados saltos de Morales y Cano.

Todos quieren pisar fuerte en sus provincias y creen que pegarse al exjefe de Gabinete de Cristina es más rentable que ir con un correligionario.

El lunes, en tanto, Sanz encabezará un encuentro con otros dirigentes de peso de la UCR (incluidos gobernadores) para discutir los pasos a seguir. Difícil que el partido no se siga partiendo.

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