¿Quiénes son ilegales y quiénes inhumanos?

¿Quiénes son ilegales y quiénes inhumanos?

El calvario para los inmigrantes no empieza cuando son deportados. Nadie se alejaría de su familia, su barrio, su ciudad, si tuviera una vida digna en ellos.


La información periodística dice secamente "Se endurece la Unión Europea con los ilegales" y luego detalla que se someterá a consideración de los 27 países que integran el Bloque "coordinar criterios para la expulsión" de
inmigrantes sin papeles.

Quienes apoyan esta medida "principalmente los gobiernos de España, Francia e Italia" no mencionan que de aprobarse causaría la expulsión de ocho millones de personas. Tampoco explican que se pretende crear una institución hija de la cárcel de Guantánamo creada por Bush para los enemigos en la "guerra contra el terror": retención o detención administrativa. Con esta figura se podrá encerrar a una persona por un plazo de hasta 18 meses sin otra garantía que un control judicial de la situación a realizarse en el tiempo "más breve posible". Sucederá lo mismo con los menores no acompañados, quienes podrán pasar el mismo tiempo tras las rejas hasta saldar su irregularidad administrativa.

El "problema de la inmigración" llena las agendas de todas las campañas electorales en la Unión Europea, por no citar también la posición del gobierno de Estados Unidos frente a éste y la construcción del muro en la frontera con México. No parece haber diferencias ideológicas en lo que refiere a cómo tratar este fenómeno: el gobierno socialista obrero de España
lleva expulsados a casi 370.000 personas, lo que supera en un 43% al número de inmigrantes que había rechazado la gestión Aznar. Esto equivale al desplazamiento de 740 aviones Boeing 737 con todos sus asientos ocupados. Esta comparación no es figurada, puesto que en los últimos años se han instituido también vuelos nocturnos en los que sólo viajan inmigrantes expulsados y acompañados por personal de seguridad. También son ilustrativas las declaraciones del aliado del flamante premier Berlusconi, Giancarlo Gentilini, quien hace unos años llamó a "bajar a cañonazos" los barcos que traían inmigrantes del África.

El calvario para los inmigrantes no empieza cuando son deportados. Nadie se alejaría de su familia, su barrio, su ciudad, si tuviera una vida digna en ellos. Luego, al emigrar, estos hombres y mujeres son utilizados como mano de obra en aquellos trabajos donde los nativos no desean trabajar,
usualmente en condiciones degradantes, a causa de los papeles que los países desarrollados tan prontamente reclaman pero tan restringidamente facilitan.

En estos días, el presidente de la Comisión de Representantes del Mercosur, Carlos "Chacho" Álvarez, está participando en Berlín de la conferencia "América Latina y Europa", también sabemos que este mes se desarrollará en
Perú la cumbre entre la Unión Europea, América Latina y el Caribe.

En tiempos en los que la globalización se nos presenta como la única vía para la fraternidad entre los hombres y que en nombre de que se nos ha exigido a los países emergentes reducir aranceles a las importaciones, eliminar subsidios a nuestra producción, privatizar nuestras empresas estatales y adoptar los consejos de los países desarrollados, ¿de qué otra
cosa se puede hablar en estas cumbres si no es del liberalismo que emplean los europeos para llevarse nuestras riquezas y generar nuestra pobreza, y el proteccionismo con que rechazan a nuestra gente?

Muchas veces nuestros emigrantes sentirán lo que Jean-Paul Sartre señala en el prólogo a Los condenados de la tierra: "Su humanismo pretende que seamos universales y sus prácticas racistas nos particularizan".

*Ex jefe de gabinete de la Cancillería argentina, 2003-2005

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