El atajo K

El atajo K


Es el camino más corto, pero no es el único ni es seguro.” De paso por Buenos Aires, un gobernador kirchnerista del norte analizaba esta semana el panorama del oficialismo de cara a las presidenciales de 2015.

La descripción del principio se ajustaba a lo que él considera las chances electorales de Daniel Scioli. Su colega bonaerense, según su razonamiento, representa el postulante que en situaciones normales deberían elegir el Gobierno y sus aliados para dar pelea el año próximo.

Salvo Cristina, impedida constitucionalmente para aspirar a un nuevo mandato, ningún otro dirigente de ese espacio es tan conocido como Scioli en todo el país. De ahí lo del atajo. Pero este mismo mandatario tenía claro que el exmotonauta no correrá solo.

Hasta ahora, con más o menos seriedad, se anotaron para el mismo lugar el ministro del Interior, Florencio Randazzo; el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri; el titular de Diputados, Julián Domínguez; el ministro de Defensa, Agustín Rossi; el senador Aníbal Fernández, y el legislador porteño Jorge Taiana. También dicen que en caso de obtener una contundente re-reelección previa en su provincia, el salteño Juan Manuel Urtubey intentará colar su nombre. Y los mimos que la Presidenta le regaló a Axel Kicillof en las últimas semanas ilusionaron a otros con el ministro de Economía con el traje de heredero.

Pero más allá de los elogios a Kicillof y el acompañamiento a Randazzo en al menos una decena de actos de gestión este año (básicamente por la demorada renovación de los trenes), Cristina viene cumpliendo con su palabra de dejar caminar a todos. Esto ilusiona a Scioli, paradójicamente el mejor posicionado y el más maltratado por el kirchnerismo puro. El exvice de Néstor Kirchner supone que en esa carrera de varios no hay manera de que lo superen. Las encuestas parecen avalarlo.

Un sondeo de la semana última sobre la interna K, de una consultora que suele medir para la oposición y un periódico nacional, lo daba al gobernador bonaerense con el 35,9 por ciento de intención de voto dentro de los electores que se inclinarían por los postulantes del oficialismo. Lo seguía Randazzo, con el 26,3 por ciento, y Kicillof, con el 12,5 por ciento. El resto no llegaba a los 4 puntos.

Otra encuesta, también de estos días y de una firma que midió varias veces para el mas-sismo, le preguntaba a la gente “qué candidato kirchnerista continuará mejor con las políticas de Cristina”. Allí, a disgusto de lo que pueden creer los oficialistas de paladar negro, también punteaba Scioli, que entró en la política con el me nemismo y no reniega de ello; sacó 26 por ciento. Luego se ubicaban Randazzo (20,8%), Urribarri (5,4%), Rossi (3,3%), Taiana (2,7%) y Domínguez (2,5%). El test ideológico pare-ce reflejar otra realidad. La votantes kirchneristas son menos sofisticados de lo que pueden desear las aulas K.

Más allá de estos números internos que favorecen al jefe, en el sciolismo saben que los humores y la estrategia de Cristina pueden cambiar. No hay garantías de que la interna sea tan amplia y con la Presidenta alejada como hasta ahora. ¿Y si ella se inclinara por Randazzo, el único por ahora con chances de hacerle sombra a Scioli? ¿Y si elige uno más puro, como Kicillof, para intentar seguir con el modelo? Final abierto.

La preocupación en el sciolismo, y en el kirchnerismo en general, no se reduce sin embargo a cómo salir airoso de la interna. La mayoría de los sondeos ubica a Scioli en una eventual segunda vuelta. Pero con Sergio Massa y Mauricio Macri cerca (el primero en varios sondeos arriba y el segundo en algunos apenas abajo), y con el Frente Amplio Unen como una gran duda latente, ni siquiera hay certeza de llegar al balotaje. En un sector del oficialismo, incluso, hacen un razonamiento aún más refinado: la única manera de garantizar un triunfo sería hacerlo en primera vuelta, donde se necesitan los hoy utópicos 45 puntos o 40 con más de 10 de diferencia sobre el segundo. ¿Por qué estas cuentas?

Porque suponen que el sentimiento anti-K que se refleja en muchos estudios hará muy complicado un eventual mano a mano final. Por eso, en charlas informales, gobernadores, legisladores y dirigentes varios que hoy se dicen kirchneristas, pero que sobre todo son peronistas, retomaron la idea de meter en la misma bolsa (léase interna) a Scioli y Massa, como rivales o con el exintendente como candidato a gobernador del exmotonauta. La idea de volver al llano a algunos les causa espanto.

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