Quien no puede lo menos, no puede lo más

Quien no puede lo menos, no puede lo más


En el Gobierno de la Ciudad, los más fogueados en las lides políticas se preguntan el porqué de la masividad del rally mediático de Jaime Durán Barba tras el excelente triunfo de hace dos domingos. Interpretan que es el momento de darle un lugar preponderante a la generación de política que es la única herramienta que protege a los gobiernos de problemáticas como las que habitualmente acosan a la gestión porteña, empezando por los problemas judiciales que tiene en marcha, los nuevos nacidos al calor de la campaña y los que vendrán en un flanco en el que demostró ser vulnerable.

Sería un error por parte del macrismo analizar el triunfo únicamente a la luz de la campaña fiestera y multicolor diseñada para la ocasión. Sin restarle méritos a ese importante aporte, que leyó con acierto el escenario que se gestaba, la verdad es que desde la política, los enemigos del Gobierno nacional pegaron duro sobre el kirchnerismo con el escándalo Schoklender. También se vio perjudicado por el ruido que causó el entredicho violento –y hasta judicial– en el Inadi, que involucró a dos candidatos porteños de la era K, un ex candidato a diputado nacional y una legisladora electa.

Si Mauricio Macri interpreta que la política la puede manejar
con cinco empresas de Jaime Durán Barba subcontratadas, con sus visiones, aciertos y picardías marketineras, este triunfo será una anécdota más en una corta vida política. Pero si comprende que llegó a esta reelección porque la política que no supo ni pudo armar en tres años le quitó la perspectiva presidencial con la que alguna vez soñó y que la plancha es nada más que una de las opciones permitidas en un momento y un lugar y nada más que para ganar, quizás pueda de aquí en más plantearse una opción nacional con buenas posibilidades. Está claro que se gobierna y se escala políticamente dando pelea y transformando la realidad.

Macri lo puede hacer a su estilo, criticable o no desde otros referentes, pero lo que no puede es no hacerlo, ya que las condiciones –si defecciona– no se generarán jamás. La realidad es que el PRO tiene un líder, un distrito vidriera y poco más. Hay que pensar en construcciones y alianzas a lo largo y ancho del país. Hay que soportar contaminarse para poder contaminar, y allí si vale todo, hasta los inventos como Miguel del Sel.

Más allá de que se diga –y con rigurosa verdad– que ésta fue la mejor elección porteña del Frente para la Victoria en su corta historia, también resulta la confirmación de que Daniel Filmus fue un pésimo candidato a la hora de llevar adelante la bandera del oficialismo nacional. El ex ministro de Educación jamás pudo tomar la iniciativa y le permitió al PRO, sin apurarlo, que anestesie el proceso electoral, al punto tal que el candidato K no pudo instalar ninguna de las ideas que traía para la Capital.

Tampoco le puede echar la culpa a la falta de un debate, ya que lo que quedó finalmente de esa instancia frustrada en TN es que al que no lo dejan ir a un debate jamás lo podría ganar y, en el caso de que lo ganara, habría que ver qué cosas le dejarían hacer y qué no. Una torpeza mayúscula de planificación política que luego no tuvo retorno.

Después, en el concierto de errores vinieron los agravios
hacia cómo votan los porteños, el reto silencioso de Cristina, los nervios –y la consecuencia operativa– de los distintos sectores intelectuales; los vaivenes publicitarios tras ese horror acompañaron el desgastante camino hacia el domingo 31.
Al momento de escribir estas líneas no había señales concretas de que pudiera ser levantado el ballottage por parte del Gobierno nacional, algo que debió haber hecho apenas se conoció el resultado de las urnas. No es de débiles reconocer la realidad, es de inteligentes no tener tres derrotas importantes en un mes, y también lo es pensar que dentro de tres semanas la Presidenta juega en este mismo territorio su propio pellejo y por más que tenga mayor aceptación que el senador, le hubiera venido muy bien un gesto hacia el electorado que le hubiera repercutido positivamente el 14 de agosto y, por qué no, en octubre.

No es creíble la teoría del empecinamiento de Filmus en llegar a la segunda vuelta como causa de la continuidad de la batalla electoral. Si no puede ir a un debate menos podría decidir una cuestión casi de Estado.

El famoso piso para CFK que buscan en esta elección algunos
cráneos del kirchnerismo para seguir en carrera no existe como antecedente válido. No existió el 40 por ciento que obtuvo
Filmus en la segunda vuelta de 2007 en las presidenciales
que consagraron a Cristina, que obtuvo aquí, ese mismo año, el 23 por ciento. Son otras las condiciones –ahora más favorables– en las que llega la Presidenta, pero dudan cerca de la señora. Sobre todo si los candidatos a jefe de Gobierno fueron los mismos en aquel año y las dos veces les ganó Macri ampliamente con gobierno K en la Rosada.

Las encuestas lo daban a Filmus como el mejor candidato
K. No lo era ni lo fue. Por eso ya fue.

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