Vivir sin escenario

Vivir sin escenario

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Este semanario, no en vano, es el único especializado en la política de la Ciudad. Cada siete días -hace cuatro años- desde estas páginas se lanzan importantes primicias informativas pero más que nada se intenta brindar un profundo análisis acerca de lo que vendrá a partir de las mismas. Lo podemos llamar segunda o tercera generación en la información. O lectura estratégica de los hechos. O quizás más simple: trabajamos periodísticamente con la certeza de que la lógica triunfa en el noventa y nueve por ciento de las decisiones políticas. Algo así como "si pasa esto, pasará esto". Pavlov en Buenos Aires. Es cuestión de conocer la lógica política del distrito, las causas y los personajes, para que las consecuencias prácticamente caigan de maduro.
La política de la Ciudad está parada y eso le ocasionó a Mauricio Macri perder más de tres meses. Otras políticas se le colaron, como la educativa. Un diputado clave en las decisiones -aunque de la oposición-, pensaba en voz alta allá por enero que "hasta que no haya escenario electoral es difícil que pase algo, no sería racional que pasara", en clara alusión a la definición de la fecha electoral. Realmente pasó muy poco, un puñado de designaciones en organismos que estaban demoradas desde diciembre y nada más. En referencia a si habría elecciones locales conjuntas con las nacionales o no, el diputado explicó que "es muy distinto una cosa que la otra, por eso necesitamos saber ya cuál va a ser la decisión del jefe de Gobierno".

Los del verano fueron 60 días angustiantes para quienes intentaban proyectar su futuro político, o sea todo el sistema político de la Ciudad. Y a partir de la jugada que realizara Macri con Felipe Solá y Francisco de Narváez, la incertidumbre también influyó en el conurbano bonaerense, el área metropolitana conocida como AMBA.

La crisis nerviosa arrastró al oficialismo PRO que debatió hasta la crueldad la conveniencia de desdoblar y unificar. Antes eran inmensa mayoría los que apostaban a la primera opción pero bastó que trascendiera que Macri se inclinaba por la segunda alternativa para que la cuestión quedara, hasta el momento, por lo menos igualada.

Del otro lado del mapa político, donde conviven los kirchnerismos, la Coalición Cívica y el ibarrismo, la cosa no fue mucho más tranquila. El bloque K se hizo pedazos a pesar de la armonía entre sus integrantes, y nadie en la oposición tiene política para los dos escenarios. La nafta, en el mejor de los casos, les alcanza para uno solo y por eso deshojan la margarita. Los creyentes católicos rezan a San Cayetano para mantener el laburo o de mínima, ser "compensado". Los tres espacios sufrirán mucho más en una elección desdoblada, pero es algo que parece que la cúpula PRO no registra.

Macri abrió las ordinarias de la Legislatura con un discurso típicamente suyo, con sabor a nada. Y por supuesto, nada dijo acerca de lo que estaban todos esperando. Cuando se fue, la pregunta flotó en todas las conversaciones ¿hasta cuándo tiene tiempo para anunciar la fecha electoral? "Hasta el 15 de marzo", contestaban aquellos que algo saben sobre el tiempo que requiere la Justicia para preparar unas elecciones locales, dando por hecho que el mes es junio.

Los comentarios empezaron a aburrir hace tiempo. Los razonamientos y las especulaciones acerca de la conveniencia de tal o cual estrategia, algunas muy interesantes y otras un tanto vulgares, no son tantas y desde principios de diciembre hasta acá se escuchó siempre lo mismo. Cuando lo decía un intelectual sonaba mejor que cuando lo esgrimía un puntero de barrio, pero a favor y en contra de cada opción, el macrismo sólo maneja estas dos ideas: garantizar la imprescindible gobernabilidad con una elección desdoblada y obtener un triunfo claro (pero local) que revitalice el avance hacia objetivos nacionales, o ir a la elección nacional directamente y ganar (con mayor dificultad) el mismo día que compiten los demás grandes del mapa político.

Quedan sólo dos jugadores con cartas para jugar, el referente máximo del espacio y la candidata: Mauricio y Gabriela, como nos los presentaron en el 2007. Los de afuera son de palo, llegaron hasta ser escuchados pero ya no juegan más.

De una cumbre entre ambos saldrá una solución. Serán ellos, los que obtuvieron casi el 48% de los votos dos años atrás, los que deben decidir por qué lado continúan el proyecto. Ambos se necesitan. No debería haber objetivos rastreros en una construcción política tan joven y que concitó la atracción de casi la mitad de la Ciudad. Un porcentaje de apoyo electoral que el macrismo podría repetir, aunque en un solo escenario.

Pero hay dos. O ninguno.

Puta madre.

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