La Constitución es algo más que un libro pisapapeles

La Constitución es algo más que un libro pisapapeles

Por Fernando Riva Zucchelli.


Las candidaturas testimoniales inauguran, en nuestro país, un nuevo estilo de la realpolitik. Es ese estilo por medio del cual la dirigencia política pasa de todo, sin importar nada, y menos cómo se dirimen las urgencias de cada sector en función de sus objetivos. Pero es muy difícil digerir socialmente que uno vota a alguien para que no asuma. Es la propuesta oficial, y asusta un poco. Gobernadores e intendentes deben ser adoradores del poder central ya que éste se encuentra en problemas y los necesita en la boleta electoral, fundamentalmente para quitar la posibilidad del doble juego con el peronismo disidente.

En la Ciudad de Buenos Aires aparece una nueva variante de burlar las instituciones y los mandatos. La encarna la vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti, quien ha decidido renunciar a su cargo para intentar alcanzar una banca en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional para desde allí comenzar la ofensiva final contra la estrategia del matrimonio K.

Si miramos esta actitud desde la calidad institucional de una Nación y una Ciudad Autónoma, la conclusión indica una degradación sistemática de las normas. En la Argentina hay que terminar con las reformas de las constituciones (nacional o provinciales), con los mandatos recortados en función de otros objetivos o con la posibilidad de presentarse a cargos electorales en dos o tres distritos. Al final del camino, todo es legitimado por la Justicia electoral.

Una opinión muy particular de lo decidido por Michetti en esta ocasión remite a la necesidad de actualizar el compromiso de Gabriela para desarrollar la tarea para la que fue elegida desde el lugar en que hoy entienden Mauricio Macri y ella que puede ser más útil, descartando el respeto a la voluntad popular expresada en la elección anterior.

Es cierto que el escenario es distinto a aquel en que la ciudadanía porteña se volcara masivamente a la propuesta PRO. Ya pasó un año y medio de gestión en el que nada cambió ni defraudó demasiado. Mientras todos esperaban que la administración Macri fuera excelente y su política un desastre, la realidad demostró lo contrario. Su estrategia política, aunque timorata al lado de las provocaciones oficialistas, resultó superior a una gestión que recién está aprendiendo a manejar la botonera electrificada que heredó de gobiernos anteriores.

Pero también es cierto que si uno no cree en el compromiso ni en el cambio de prioridades que exige este turno electoral, va a caer de lleno en el pensamiento de que Michetti abandonó la tarea sólo para sostener en esta jugada a un gobierno que no tiene un candidato taquillero.

Dos ex jefes de gobierno -entre otros- estarán seguramente a la altura del debate con Michetti, y eso demandará en la contienda contradicciones de proyectos y actitudes en la campaña electoral. Aníbal Ibarra y Jorge Telerman tienen el conocimiento certero de dónde pasa el hilo más delgado de esta administración, mientras que Michetti podrá contestar con datos concretos un pasado que distó de ser progresista en los hechos.

Todos tienen sus explicaciones y todos tendrán sus costos por las decisiones tomadas. Por supuesto, no me parece lo mismo una candidatura testimonial que no aporta nada a un proyecto casi caído que una candidatura efectiva que es imprescindible para un proyecto nacional no nacido. La propuesta de los K es peor que la de Michetti, pero eso no la exime -por más popular que sea- del respeto por la voluntad popular.

La Argentina viene floja de papeles y son muchos los que pretenden que estamos con cédula verde y título en perfecto estado, sin manchas. Con un 08 en orden construiremos un país mejor, al menos dentro de la legalidad. Y eso, para nosotros, es mucho.

Démosle una oportunidad a la ley y veamos qué pasa, ya que no estamos acostumbrados. Quizá la Constitución y el respeto a las instituciones sean la razón y el camino del crecimiento y seamos nosotros, los críticos, quienes fallamos. La humanidad lejana y cercana nos mira y a veces me da un poco de vergüenza, pero no el ser argentino, que es un privilegio, sino todo lo demás, todo esto que pasa y está demasiado claro… ¿no?

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