El paco gana las calles

El paco gana las calles

"El mal que los hombres hacen les sobrevive. El bien casi siempre es enterrado con sus huesos", manifiesta en voz alta, un apesadumbrado Marco Antonio, durante el entierro del líder militar y político romano Julio César. La escena está descripta en la obra teatral "Julio César", y sirviéndose de la palabra de uno de los lugartenientes de batalla más cercanos a César, el dramaturgo inglés William Shakespeare reflexiona sobre la utilización del poder que hacen los que gobiernan y sus inevitables consecuencias, las que los trascienden aún después de muertos. En la actualidad, el ejemplo más claro de lo relatado por Shakespeare se materializa en las denominadas políticas de Estado, cuyo impacto sobre la sociedad radica en su permanencia en el tiempo, más allá de los gobiernos de turno.


Durante las últimas campañas electorales, sean tanto legislativas como presidenciales, el tema del paco adquirió una importancia de primer orden en la agenda de los principales candidatos de las fuerzas mayoritarias. En el trascurso de los meses de proselitismo electoral, los candidatos esgrimen a viva voz que la nueva droga es el flagelo que más creció en los últimos años y que, además, tiene como blanco primordial a los jóvenes y dentro de ellos, a los de menores recursos.

Luego del alarmante enunciado se despachan con una batería de posibles soluciones para el tema en cuestión y rematan su prédica acusando a las autoridades políticas de turno de no tomar medidas de fondo para erradicar el creciente mal. Con la misma fuerza con que irrumpe en la agenda de campaña, el tema del paco se va diluyendo luego de pasados los comicios. La cuestión abandona el centro de la escena mediática y política y vuelve a desaparecer entre las sombras. Pero que no aparezca en los diarios y la TV no significa que no exista en la realidad cotidiana de miles de jóvenes. Entre ellos, el problema sigue teniendo una actualidad alarmante; sólo que los medios y los políticos lo dejan de lado, por otras cuestiones que consideran más relevantes.

"En las villas de la Capital Federal y el conurbano, en los barrios pobres y en cierto sector de la clase media baja que se pauperizó en los últimos tiempos, el consumo del cigarrillo o lata de paco creció y en forma muy alta y rápida. Con el aumento del consumo, subió su grado de toxicidad, desde un principio muy nociva y adictiva, debido al corte que le hacen al producto los dealers que abastecen a los compradores.

Como consecuencia de estos hechos, el valor monetario de la unidad de droga que se vende elevó su cifra en pesos. En muchos lugares y en un lapso corto de tiempo el precio pasó de un peso a cinco pesos. Pero lo peor de todo es el corte que recibe la dosis de paco. "Para decirlo con claridad: estamos ante una peligrosa epidemia mortal", explicó en estricto off the record a Noticias Urbanas, un especialista en adicciones que trabaja en la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR).

Lo peor del caso es que no existen cifras oficiales sobre la cantidad de adictos que hay en todo el país y en cada dfistrito en particular, y mucho menos una política de salud a nivel nacional que encare el tema con la gravedad que merece.
Los datos aportados por el funcionario gubernamental se transformaron en una trágica realidad el martes 24 de febrero, cuando en un confuso episodio delictivo fue asesinado de un balazo el joven Emanuel Vázquez (27 años), hijo de Isabel Vázquez, una de las fundadoras de la red Madres contra el Paco.

Emanuel era un ex adicto recuperado que trabajaba en la recuperación de drogadictos, junto a su progenitora. El crimen no tiene detenidos, los asesinos no fueron identificados y, según la policía, los testigos tienen "miedo de declarar". La propia Isabel manifestó que detrás la muerte de su hijo está la mafia del paco. "Para los entendidos en el tema existe una mafia que mezcla a policías y narcos, en el control del millonario negocio ilegal", le agregó el especialista a este semanario, al analizar el crimen del adolescente bonaerense.

Sin embargo, y pese a los llamados de alerta, la adicción al paco crece y con ella la muerte rápida, ya que su toxicidad es fulminante. Y crece con rapidez, sin perdonar estratos sociales, ni apellidos aristocráticos ni mucho menos, billeteras abultadas.

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