Malvinas es Sudamérica

Malvinas es Sudamérica

La causa Malvinas debe ser sostenida en el ámbito sudamericano, porque ese es el camino que nos acerca al objetivo final.


Antes que nada, Malvinas es todos los días. La soberanía no se enuncia aisladamente. Se ejerce o no se ejerce. Las bellas palabras sirven solo para generar conciencia en el seno del pueblo argentino, porque si no van acompañadas por los hechos, son nada más que cáscaras vacías, hojas que se lleva el viento.

La controversia con el muy imperialista Reino Unido de la Gran Bretaña lleva ya casi 180 años y la experiencia nos ha enseñado que será bueno que los argentinos nunca dejemos de tener en cuenta que no hay Patria sin defensa y sin combate, aunque este se desarrolle circunstancialmente en las alfombradas oficinas de los organismos internacionales, como ocurre en esta etapa de nuestra historia.

La decisión de la sangrienta dictadura que asoló la Argentina entre 1976 y 1983 de invadir nuestro territorio irredento fue tomada a contramano de la concepción política de los propios militares, más veloces para descargar sus armas contra militantes, sindicalistas, catequistas, maestros, obreros y científicos que para utilizarlas contra los enemigos de la Patria.

Cuando tomaron esa determinación de aparente soberanía, los dictadores no dejaron de ser agentes del capital extranjero. Nicanor Costa Méndez, por ejemplo, era un anglófilo y había sido directivo de varias empresas británicas y, sin embargo, no vio un conflicto de intereses entre su actividad privada y su servicio público. Por lo tanto, no renunció a su cargo de ministro de Relaciones Exteriores el 2 de abril de 1982.

El general Leopoldo Fortunato Galtieri, por su parte, había sino denominado como “un general majestuoso” por el propio Alexander Haig, el mismo secretario de Estado norteamericano que fingió oficiar de mediador entre Inglaterra y Argentina mientras los satélites estadounidenses les pasaban información a los invasores.

¿Podrían haber defendido, con la firmeza requerida, la soberanía argentina los militares que designaron como ministro de Economía a Roberto Alemann, el mismo que autorizó –¡¡en pleno conflicto!!– una importante ayuda financiera al Banco de Londres, mientras, simultáneamente, el Reino Unido congelaba 940 millones de dólares depositados en la sucursal del Banco Nación en la capital inglesa?

Por el contrario, muy por el contrario, es indudable que la actitud de los dos últimos gobiernos argentinos ha revitalizado el reclamo ante los organismos multinacionales y, en especial, ha logrado atesorar la solidaridad del resto de los estados sudamericanos.

Las Islas Malvinas son no solo un enclave estratégico para el dominio del Atlántico Sur, sino que quien detente su posesión puede proyectarse, con sólidos derechos, hacia la tenencia de una parte del territorio antártico. Esto, siempre y cuando la posesión esté legitimada en los organismos internacionales, lo que no ocurre con los ingleses, que lo mismo lo intentarán, porque la legitimidad no es algo que le quite el sueño a su eficiente diplomacia.

Es necesario, para neutralizar el accionar de la potencia europea, que nuestro Gobierno siga adelante con la campaña de sanciones sudamericanas a las naves de bandera inglesa, que deben tener vedado el atraque en los puertos del sur del continente. Incluso, es muy acertada la política de imponer sanciones a quienes operan con las empresas británicas en las aguas y en el territorio del Atlántico Sur.

Nunca nuestro país “sudamericanizó” con tanta eficiencia sus políticas internacionales, ni logró tanta solidaridad para hacer cumplir sus sanciones. Para esto, entre otras acciones, basta con recordar las negativas de los gobiernos peruano y uruguayo para el atraque y aprovisionamiento de naves inglesas en los últimos tiempos.

No fue ajeno a esta política el fortalecimiento del Mercosur, la Unasur y hasta de la Celac, que aglutinan, respectivamente, a los países de la región del sur de Sudamérica, a los de toda Sudamérica y a los de Centroamérica y el Caribe.

Es necesario, para lograr que finalmente las Malvinas vuelvan a ser gobernadas por la Argentina, desarrollar una intransigencia equivalente a la que ha desplegado a lo largo de la historia el Reino Unido.

La causa Malvinas debe ser sostenida en el ámbito sudamericano, porque ese es el camino que nos acerca al objetivo final. Porque el tiempo que viene es el del continentalismo, como alguna vez anticipó ese insigne argentino que fue el general Juan Domingo Perón.

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