Macri: Un hombre de negocios

Macri: Un hombre de negocios

Sustrayéndonos de las dificultades inminentes y centrándonos en las contiendas electorales, parece bastante obvio que la conveniencia de Macri es la de adelantar los comicios para cuando la situación económica no esté al borde del derrape -la Ciudad no es una isla-, para aprovechar el escenario que tiene la oportunidad de elegir a sola firma.


Mientras se renuevan o reafirman las grillas de los organismos de control y descentralizados en la Legislatura, y pasada la fotografía de un potencial equipo bonaerense (foto), la política citadina entrará en un impasse hasta tanto el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, se pronuncie acerca de desdoblar o no las elecciones que afrontaremos este año; concretamente, si lleva a junio las locales o si todo se dirime en octubre próximo.
¿Y por qué pasa esto?

Sencillo: para hacer política (si se puede, de la buena), es necesario visualizar el escenario con la mayor definición posible, allí donde las variables estratégicas tienden a cero y se puede armar, especular y prever las reacciones del resto, fortalezas y debilidades, y que lo que se proponga desde el Ejecutivo tenga el lugar, el tiempo, el espacio, el mensaje y el tono posible como para penetrar el cerebro colectivo.
Por ejemplo, no es lo mismo para Gabriela Michetti (la candidata) competir en un turno con Elisa Carrió, Aníbal Ibarra, Pino Solanas, la incógnita K, más todas las fracciones de izquierda, que en otro con Jorge Telerman, Enrique Olivera o Adrián Pérez, variantes ibarristas y K aún más débiles que en las nacionales. Michetti goza hoy de una preferencia popular que le permite ganar ambas elecciones.

Pero no hay duda que una la gana más fácil que la otra. En la Ciudad los encuestadores coinciden en que la vicejefa de Gobierno podría superar la marca que consiguiera con Macri en el 2007. Es decir, acercarse y hasta quizá alcanzar la mitad de los votos emitidos. La diferencia entre los comicios radica en la fuga de votos hacia izquierda y derecha que tendría Michetti en uno y otro escenario, habida cuenta las propuestas.

Tampoco es lo mismo discutir acerca de la Ciudad, su problemática, su presupuesto y su gestión, que plebiscitar a mitad de mandato la opinión de los porteños hacia Cristina Fernández y su esposo -siempre presente-, como sí sucederá cuando la instancia sea nacional. Si bien es cierto que el poskirchnerismo llegó para quedarse, es difícil cambiar los planes de un espacio de un día para otro sin correr determinados riesgos, producto de la falta de previsión y certezas. Pero la política es móvil y si uno no adapta la fuerza hacia el rumbo dónde tiene que dirigirse, corre el riesgo de quedar detrás de la ola, sin fuerza ni impulso para llegar a destino.

A Macri se lo va a plebiscitar en una elección local, nunca en una nacional en este escenario del país, en dónde ese rol quedará para los K. Además la gobernabilidad en la Ciudad de Buenos Aires (no hay que olvidar que le faltan dos años) necesita de un resultado contundente para no correr mayores riesgos cualesquiera sean los planes futuros.

Esto es más o menos lo que pasa con Mauricio Macri, quién llegó a la jefatura de Gobierno con un proyecto de quedarse ocho años para emprender "una transformación" y ahora debe pensar que la Presidencia de la Nación es una opción que antes no existía o era muy forzada. Pero el tren no pasa dos veces: Néstor Kirchner y Carlos Reutemann son buenos ejemplos de ello.

LA CONVENIENCIA DE MACRI

Por estos días, Macri empieza a escuchar algunas cosas -y personas- que antes no habilitaba ni gozaron jamás de un mano a mano. Otra realidad requiere de otras políticas y seguro de otros hombres. Y el hombre juega con cautela.

La previsión de los especialistas es que a partir de marzo arribará para quedarse la crisis desatada a nivel mundial, que ya causa estragos en los países industriales. Eso impactará de lleno en la caja que celosamente maneja Kirchner, con una baja en el pago de los tributos a causa de la merma de la actividad, de la imposibilidad personal y sectorial. Entretanto, los conflictos sociales in crescendo configurarán un panorama desalentador para un país detenido en el crecimiento y aislado del mundo, sometido a un test electoral casi definitivo sobre fin de año. La Argentina lamentablemente la pasará mal más allá de quien gobierne, pero las consecuencias las pagará el matrimonio K.

Sustrayéndonos de las dificultades inminentes y centrándonos en las contiendas electorales, parece bastante obvio que la conveniencia de Macri es la de adelantar los comicios para cuando la situación económica no esté al borde del derrape -la Ciudad no es una isla-, para aprovechar el escenario que tiene la oportunidad de elegir a sola firma.

Si las encuestas no fallan en demasía, su vicejefa arrasaría en junio en una elección local. La jefatura del principal distrito -y más marketinero- de la Argentina, sería refrendada por casi la mitad de las voluntades que la habitan, dejando otra mitad para el resto de un tablero averiado. Con excepción de Jorge Telerman -si le va bien, podría sacar alrededor de un veinte por ciento- pareciera que no hay vida política en la Ciudad sino es detrás de Macri. Todos los flashes para la dupla ganadora del 2007. Atrás, los K, la CC y otros, completarían un oscuro trencito.

En octubre la cuestión es bien diferente. La Capital Federal pesará mucho menos y por ella viene Carrió, quien vencería con su antikichnerismo acérrimo a cualquier candidato del PRO salvo Michetti, aunque tampoco nadie sabe a ciencia cierta si los pronósticos se mantendrán. Octubre está cerca y lejos. La Provincia de Buenos Aires será el leading case y la clave para la cual se están preparando las fuerzas del oficialismo y la oposición, unos evaluando la presentación del ex presidente Kirchner y los demás convergiendo en una alternativa peromacrista recién nacida, con Francisco De Narváez y Felipe Solá a la cabeza. El jefe distrital, eterno ganador a ambos lados de la General Paz, Daniel Scioli, entraría en la contienda con su destino atado al kirchnerismo.

En la Ciudad se queda como dueño mientras en la Provincia de Buenos Aires es socio gerente del armado opositor. Macri, si no se equivoca, sin competir podría hacer dos negocios políticos excelentes en el 2009. De esos que en el 2011 sirven para todo.

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