Garré en su laberinto

Garré en su laberinto


La ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, está perdiendo la calma. La acumulación de meses al frente de la Policía Federal le esta pasando facturas. Desde que se hizo cargo del ministerio en diciembre del 2010, la complejidad propia de una fuerza de seguridad de cerca de 40 mil hombres no se transforma de la noche a la mañana y echando comisarios a diestra y siniestra, aunque lo ameritan, porque no hay con que reemplazarlos.

Los tiempos de la Federal no son los de la política, o un ministerio cualquiera donde al titular de la cartera da órdenes y en última instancia negocia con pares o funcionarios de carrera que hablan el mismo idioma.

El repetido error de los políticos con las fuerzas de seguridad y no existe un mejor ejemplo que las constantes reformas que sufrió la Policía Bonaerense, con los resultados a la vista de todos, por cambiar una estructura que se maneja de una manera particular, desde el más bajo oficial hasta el jefe de la misma. Y a pesar de las buenas intenciones de la ministra, Garré cometió errores muy parecidos a los que cometieron losinterventores civiles que comandaron la bonaerense.

Y encima alguno de ellos, como es el caso del abogado León Arslanian, asesoran actualmente al Ministerio de Seguridad de la Nación. Esa idea política de los cambios se da de bruces cuando se trata de implementar en la policía. Y las idas y vueltas de la administración Garré es una muestra de tal afirmación. Apenas llegó a su cargo desplazó a toda la cúpula de esa época, esto incluía al jefe y subjefe y a los 13 Superintendentes, los mandos de mayor importancia después del uno y el dos de la institución.

Muchos de los motivos de los desplazamientos tenían razones de peso, el problema es que se echó a importantes comisarios con la lógica política de que serían reemplazados por 13 carmelistas descalsas. Algo totalmente ilógico y que provocó la acefalía de las Superintendencias por un tiempo considerable, ya que los posibles reemplazantes que el comisario general y jefe de la PF, Enrique Capdevila, proponía no eran aprobados por la funcionaria K.

Los políticos todavía no entienden que no se arregla nada en la policía echando capos ya que los de la camada siguiente tienen los mismos vicios que sus predecesores. El cambio debe ser más profundo y lleva mucho más tiempo porque se trata lisa y llanamente de formar nuevos cuadros que no estén contaminados con los mismos malos hábitos de sus mayores y eso no se logra de la noche a la mañana.

El descontento en la tropa tiene su lógica porque ante cada reclamo de seguridad de la ciudadanía lo primero que hacen los funcionarios de turno es tirar comisarios por la ventana, como si ellos no tuvieran nada que ver en el fracaso de la política de seguridad. Por eso no debe ser nada fácil estar en el lugar de Garré. Pero lo peor del caso es cuando estar expuesta a tanta presión desemboca de la peor manera.

El viernes pasado ante una pregunta de estricta actualidad política que le realizó Noticias Urbanas la ministra atacó al periodista por el simple hecho de hacer su trabajo. “No está en tratamiento para nada el traspaso”, contestó a la pregunta de sobre las negociaciones por el traspaso de las 48 comisarías de la Federal a la Ciudad. “No hay nada, escuchaste, no existe traspaso. No sé por qué preguntás esto, parece una provocación”, respondió Garré a con notable fastidio. Sin embargo, fue la propia Garré la afirmó a principios de septiembre que existía conversaciones con el Gobierno PRO por el traspaso.

Siendo buenos podemos calificar la contestación como fuera de lugar. Pero lo peor del caso al mencionar la palabra “provocación” es que la ministra actúo con la misma paranoia de ciertos uniformados que ven operaciones en su contra en cualquier hecho de la realidad. Nadie duda de la trayectoria de Garré ni de sus intenciones de transformar a la PF en una fuerza al servicio de la comunidad. Pero en medio de esa colosal tarea no se pueden adoptar bajo ninguna circunstancia los métodos del enemigo que se dice combatir.

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