De la misteriosa y mítica Buenos Aires

De la misteriosa y mítica Buenos Aires

"No es una casualidad: Somos la Ciudad de Cromañón...! Sálvese quien pueda!! Todo "se arregla", "lo atamos con alambre" y que se aguante el otro, que es el prójimo, el próximo, yo!"


¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo
expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.

(Fundación Mítica de Buenos Aires – Jorge Luis Borges)

Como no contagiarse con este poema y amar a Buenos Aires. Como no preocuparse y entristecerse al ver lo que es hoy…

Se ha degradado en demasía la calidad de vida de los porteños en todos sus estamentos, versiones y rubros.

Ni Gardel, Discépolo, Alt, Carriego, Borges, Troilo, Cortazar, Bores, Manzi, Piazzolla, por nombrar a algunos de sus hijos dilectos, se lo "bancarían".

No solamente me refiero a lo material: estoy hablando de la moral y del maltrato. La "mala onda" que le dicen… Una suerte de implosión cultural nos va carcomiendo. Hemos llegado a niveles insospechados: al caos vehicular reinante, la falta de control de todo tipo, la circulación con patentes vencidas, tapadas, truchas, raspadas adrede, la falta de luces en los autos; ahora sumamos el robo de semáforos, chapas de bronce, alcantarilla, sumideros, ornamentaciones, carteles de señalización de toda índole, la "pegatina" indiscriminada de cualquier cosa en cualquier lado, la destrucción de los carteles indicadores, que de paso sea dicho, hay un faltante importante, ya que no se reponen cuando se construye en las esquinas.

Sin manejo de policía, de justicia y de transporte, la autonomía es una utopía.

No es una casualidad: Somos la Ciudad de Cromañón…! Sálvese quien pueda!! Todo "se arregla", "lo atamos con alambre" y que se aguante el otro, que es el prójimo, el próximo, yo!

Que visión actual tubo Don Enrique Santos en su poesía desgarradora y futurista.

Donde uno toca, algo encuentra… donde uno mira, algo ve…

¿Cómo revertir esta tendencia que nos está matando y no tan lentamente?

Tomar conciencia de que estamos mal, es algo… Intentar combatir la mediocridad y la decadencia es bastante! Luchar por cambiar la realidad, que "es la única verdad" es un paso adelante. Renacer de las cenizas como el Ave Fénix es la meta.

¡Juntos los porteños, debemos lograr la refundación moral de la Ciudad de Santa María de los Buenos Aires!.

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