Pura Política

Pura Política

El escenario de no reelección de la Presidenta en nuestro país generó desde el comienzo de su mandato interminables rumores acerca de cómo sería el futuro cuando ya no estén los Kirchner en el Gobierno...


Cuando uno piensa en política, puede pensar en un sinnúmero de cosas variadas que se pueden definir, por ejemplo, como “el arte de lo posible”, por usar aquí una de las más connotadas. Pero hay muchas maneras de enfocar la actividad política sin menospreciar ninguna de ellas. Es normal que gracias a la diversidad lo que a uno le parece malo a otro le parezca regular y a otro muy bueno. Como también es normal que unos se ocupen o prefieran encarar la actividad por un lado bien cercano a la gente, de manera territorial, otros le apunten todo a la gestión, algunos se inclinen solo por la denuncia y otros avancen con base en la tecnología aplicada y la sumatoria de datos. Son infinitas las maneras de hacer política, combinando las variables antes enumeradas o poniendo muchas otras no evidenciadas.

La cuestión es que el escenario de no reelección de la Presidenta en nuestro país generó desde el comienzo de su mandato interminables rumores acerca de cómo sería el futuro cuando ya no estén los Kirchner en el Gobierno. De entrada surgió como propuesta semioficial, nunca legalizada, la idea de la reforma constitucional con la que sueñan todos los presidentes en su segundo mandato, desde que Carlos Menem inventó el juguete.

Todo parte de la discusión dentro del Gobierno de CFK acerca de qué sería lo mejor para la continuidad de las políticas del llamado “modelo” cuando Ella ya no esté en el Gobierno. Muchos aseguran que tanto la Presidenta como Carlos Zannini, el último influyente de la guardia histórica, entienden que la continuidad estaría razonablemente lograda –ante la falta de figuras propias– por Daniel Scioli, a pesar de las mil y una trapisondas que le provocan al Gobernador de la provincia de Buenos Aires. Aquellos piensan que Scioli ha demostrado una lealtad importante –rayana con la paciencia infinita– y que si hubiera que comparar su potencial de votantes con cualquier otro “presidenciable” del entorno peronista, el exmotonauta es lejos el mejor en los números y el más confiable por haber compartido buena parte de la gestión K, por no decir toda.

Por qué eligirían a un Capitanich o a un Urtubey, por nombrar a dos de los que se quieren anotar, si miden mucho menos y no garantizan a los K nada mejor que el bonaerense. La Cámpora no comparte pero acata los tiempos de Cristina. Por otro lado, dando por buena la dualidad de pensamiento existente en el Gobierno respecto de Scioli, es raro que le tiren tanto si no tienen un plan B más o menos potable. Y como en todas las encrucijadas por las que atraviesa el Gobierno por estos días, los planes B no abundan. Pero al no haber una oposición siquiera aceptable, los dueños de la opinión pública no alcanzan a ser la contracara política por ahora. Una cosa es pegar con precisión y continuidad y otra muy distinta es poner un presidente.

Lo primero ya lo lograron y el castigo es severo; de lo segundo están bastante lejos luego de los inventos radicales y de centroizquierda que apañaron hasta hace poco a pura pérdida. Y qué decir de Mauricio Macri, alguien que les convendría ideológicamente que existiera más para tenerlo como sparring y tildarlo como la derecha que solo piensa en los ricos a la hora de gobernar. Eso le daría alguna legitimidad mayor al Gobierno –más allá de la que logró en octubre de 2011– y sería importante para tener alguna realidad con la cual confrontar. Pero tampoco acá hay algo entendible. Será probablemente por la cuestión de los subtes que desnuda el tema del caos del transporte, o quizás por algo que no es tan visible como eso, pero Macri está cada día más complicado por la ofensiva judicial que le plantean a su gestión. Está procesado en los casos de las escuchas ilegales y UCEP; con su entrañable amigo y consejero Jaime Durán Barba pasando por momentos muy difíciles en la Justicia (fue procesado por la supuesta campaña sucia contra Filmus) y reflotan la causa de los tres muertos del Parque Indoamericano que se le viene encima a la Policía Metropolitana.

Sumado a los movimientos que se hicieron en la Justicia, todos beneficiosos para el kirchnerismo, la realidad de Macri es que tiene un condicionante pesado para la consolidación de la candidatura. La política Pro tampoco lo ayuda mucho a confiar en un crecimiento sostenido a nivel nacional. Aunque todavía falta, nada es promisorio en el cuartel amarillo. Igual va, ya que no hay otro.

El futuro, de no mediar reformas improbables, parece tener a cada lado de la General Paz a dos jugadores que deberían ser menos golpeados si el Gobierno los quiere preservar, porque en el intento de debilitarlos capaz que se lo lleva puesto a cualquiera de los dos. A Sergio Massa mucho no lo desvela esta situación, ya que tanto los K como Scioli y Macri lo quieren a futuro como gobernador bonaerense. Es casi una garantía presidencial desde allí. Al de Tigre le sonríe hasta el fútbol, no se deja llevar por la ansiedad, le dan los números y el tiempo y está situado en la equidistancia justa para presionar.

Por ahora dice que es hora de gobernar y no hablar de candidaturas. Claro, lo de él ya está mientras los demás reman en dulce de leche.

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