Plan de viviendas K-Macri: “parole, parole, parole”

Plan de viviendas K-Macri: “parole, parole, parole”


En la tarde del martes, Cristina Kirchner apeló a uno de los recursos más gastados del kirchnerismo en tiempos de crisis: sacó de la manga un plan de viviendas. A comienzos de su mandato, Néstor Kirchner había anunciado un “plan federal”, el cual apenas llegó al 30% de sus objetivos entre viviendas y “soluciones habitacionales”.

En 2006, el “plan inquilinos”, a través del Banco Hipotecario, terminó en un fracaso aún mayor. Un “fondo de infraestructura y vivienda” fue anunciado en ocasión de la crisis con ‘el campo’ (2008), con iguales resultados. La más reciente fanfarria la compartieron los K con Mauricio Macri, en ocasión de la crisis del Parque Indoamericano: “Por cada peso del gobierno de la Ciudad, el gobierno nacio! nal pondrá otro”. La población sin techo todavía los está esperando. Bajo el gobierno kirchnerista, el déficit de viviendas creció en medio millón de familias. Hoy, el número de inquilinos es mayor que en 2001, mientras que las villas y asentamientos de los grandes centros urbanos se han triplicado.

En referencia a esta realidad, el “mega-anuncio” oficial es una gota en el océano. A juzgar por las precisiones del jefe de la Anses -que pondrá la plata para el plan-, se otorgarían 100.000 créditos en cuatro años, cuando el déficit varía de 2,5 a 3 millones de viviendas y crece a razón de 30 mil nuevas necesidades habitacionales por año.

Los créditos serían adjudicados a través de la Lotería Nacional, lo que significa que cada familia sin techo tiene un 3% de chances de resultar beneficiada.

Los “keynesianos” se han jugado con un plan, cuyo desembolso anual representaría el 1% de la inversión bruta del país. No será financiada con un gravamen al capital, sino con los fondos previsionales que, por un lado, provienen del IVA y, por el otro, del excedente que deja una jubilación mínima de 1.660 pesos, que alcanza al 80% de los jubilados. La “tasa subsidiada” será bancada, por lo tanto, por los consumidores masivos y por los contribuyentes al sistema -o sea, los mismos trabajadores.

“Subsidio a la demanda”

Pero ese subsidio, ¿llegará a los futuros propietarios?
El gobierno no anunció un “plan de viviendas”, sino créditos. Los costos de las futuras viviendas son un misterio. La construcción no la realiza el Estado, sino la patria contratista. Cristina Kirchner anticipó acuerdos de precios con “los grandes jugadores de la construcción”, en el marco de un 30% de inflación anual. La relación entre la cuota de un crédito hipotecario y el salario medio es la más alta de la historia. El plan oficial anuncia la disposición de tierras fiscales en diferentes puntos del país. Pero cuando esas tierras “aparecen”, suelen estar muy lejos de los centros urbanos y no sirven de hábitat para familias trabajadoras. El plan no pone límite a las cuotas en relación con el salario; en cambio, “estira” la porción del salario que puede ser afectado por la cuota hasta el 40%. Los compromisos de deud! a de este año serán superiores a los 7.000 millones de dólares, suma seis veces superior al monto de los créditos previstos para el plan de viviendas oficial en este año.

El propósito del mensaje presidencial fue sacar el ‘defol’ oficial de la primera página de los diarios y rivalizar con los créditos hipotecarios prometidos por Macri desde el Banco Ciudad. La intención del anuncio de Macri fue también política: contrarrestar la ofensiva de los K para sacarle al banco los depósitos por los litigios judiciales en la Ciudad, lo que sumaría 6 mil millones de pesos. Macri ofreció también tasas subsidiadas, pero fue así cómo comenzó la crisis hipotecaria en Estados Unidos y Europa: bastaría que un plan de estabilización redujera el crecimiento de precios a un ‘nivel normal’ para que la tasa subsidiada se convierta en confiscatoria.

En definitiva, el Estado enfrenta un déficit fiscal de 60 mil millones de pesos entre la Nación y las provincias, con una fuga continua de dólares. La economía se queda sin dinero y esto atiza la crisis industrial, que empalma con lo que ocurre en los mercados de Argentina, Brasil, Europa y China. El fantasma de una pesificación de la deuda en dólares tiene que ver con la cesación de pagos que enfrenta el Estado.

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