El kirchnerismo es la enfermedad senil del peronismo

El kirchnerismo es la enfermedad senil del peronismo

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Fue un lugar común en nuestro debate político otorgarle al kirchnerismo los atributos del “progresismo”. La utilización oportunista de los “derechos humanos”, el tono setentista demodé, la dialéctica guerrera de amigo-enemigo y el cultivo de cierta estética ramplona de lo nacional y popular, contribuyeron a fomentar la superstición ideológica de que el progresismo montoneril había llegado al poder.

Desde el gobierno se ejercitó un revival juvenilista autocelebratorio plagado de proyectos transversales y concertaciones plurales .Pero el simulacro no podía durar, tenía el destino de lo efímero y sólo funcionaba frente a una dirigencia apretada por la extorsión y anestesiada por la bonanza económica de un ciclo tan expansivo y generoso como perentorio y perecedero.

El rey estaba desnudo a pesar de los esfuerzos retóricos por disfrazar la realidad con vistosos pero ilusorios ropajes. La misma se coló por todas partes y ahora es el rey, y no su mujer, Cristina, quien manda en la Argentina.

Ya nada queda de aquellas viejas promesas, sólo el último acto de una grotesca impostura devenida en farsa.

*Donde hablan de “concertación” sólo vemos cooptación y compra de voluntades.
*Cuando pregonan el “nuevo modelo productivo”, deberían decir trapicheo del capitalismo de amigos.
*Detrás de “una más justa distribución de la riqueza “se esconden 12 millones de pobres.
*Proponen moratorias imposibles en tiempos recesivos con un 60% de la economía en negro.
*Del “traje a rayas para los evasores” tan declamado, finalizamos en este escandaloso blanqueo sancionado literalmente entre gallos y medianoche en un oscuro trámite parlamentario.
*En nombre de la protección estatal confiscan los aportes jubilatorios de varias generaciones para pagar deuda y otras yerbas.
*Celebran nacionalizaciones encubriendo pasivos y corruptelas generalizadas.
*Utilizan el patriotismo como el último refugio de los canallas
*Denuncian la timba financiera mientras transforman al país en un garito.

En fin… nos aturden con una batería de medidas anti crisis con el único objetivo de buscar impunidad, proteger la retaguardia y emprender la retirada.

Paródico balance el resultado del primer aniversario de este gobierno, en el que los funcionarios se jactan de lo que adolecen. Recordando una célebre “catilinaria” argentina : lo que ellos llaman aciertos son errores, lo que reconocen como errores son delitos y lo que callan son calamidades.

¡Y todo esto en nombre del peronismo! Han usurpado una historia que no les pertenece, olvidadizos de lo que venían a cambiar e impotentes de construir sus frentes transversales se arrojaron a los brazos de un cadáver insepulto.
Ahora se arropan con el más rancio pejotismo, asumiendo con el fervor de los conversos, el sumo sacerdocio del escudito, la marchita y las 20 verdades.

Celebran lealtades practicando la diatriba y descalificando como traidores y disidentes a todos aquellos que forman parte, según cierta” intelectualidad orgánica” de la conjura destituyente. Son maestros en el arte de injuriar.
Magnífica ironía la de un movimiento que fundó su legitimidad de origen en el día de la lealtad y terminó en el verticalismo de una corte de adulones y alcahuetes.

Ese peronismo está muerto y su mayor astucia es hacernos creer que aún existe. Ellos optaron por lo peor de una involución y hoy están atrapados entre un esperpento que muere y otro peronismo que bosteza.

Pero los peronistas estamos vivos y atentos al futuro, por eso, los que nos vamos , no lo hacemos desde ninguna parte , sencillamente porque esa parte no existe. El justicialismo es un “no lugar”, una maquinaria indigente de ideas, pero eso si, ornamentada de fetiches sagrados para adquirir patente de corso en nombre de venerables banderas.
Simplemente partimos con nuestro bagaje y la más rica tradición de Perón, Evita y sus descamisados. Pertenecemos a una familia política que se aleja del santoral y se niega a ser cómplice de la larga agonía de la Argentina corporativa. Somos hijos de una gran desobediencia, allí radica nuestra mejor y más perdurable herencia.

Asumimos críticamente nuestro pasado reivindicando el legado de los laboristas, de John W Cooke, de Jauretche, de las luchas del movimiento obrero y del último Perón pacificador y republicano.

Que ellos se queden con el partido, el ritual, el catecismo y la liturgia, nosotros elegimos la imaginación, la irreverencia, la pasión y la rebeldía.

(*) Dirigentes de Coalición Peronista

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