Fogwill: “Olvídenselo: Macri no existe”

Fogwill: “Olvídenselo: Macri no existe”

El escritor y sociólogo charló con NU sobre su desencanto respecto a Macri y de cómo lo conoció. Sin vueltas, lo define como “sinuoso e influenciable”.


Rodolfo Enrique Fogwill es un escritor maldito. O, al menos, lo era. Porque en la reciente feria de Santiago de Chile se lo puso casi al nivel de Borges. En sus años mozos, a comienzos de los 80, Quique Fogwill trabajó en Socma, la sociedad madre de los Macri. Allí conoció a Mauricio, a quien apoyó en su ascenso a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. Ahora, dice que lo decepcionó. Y describe al funcionario como sinuoso, cholulo, voluble e influenciable.

–Estabas muy esperanzado con el gobierno de Macri, ¿no?
–Yo me imaginé que Macri venía  –¿soy un tarado, no?– a limpiar la basura de De la Rúa, Ibarra y Telerman. La mugre administrativa que dejaron estos tipos, las capas geológicas de ñoquis que había y sigue habiendo. Ñoquis que datan desde la época de (el brigadier Osvaldo) Cacciatore (intendente de la Ciudad durante la dictadura). Pensaba que Macri iba a meter eficiencia. Yo estaba obnubilado con el tema de (el Ministerio de) Cultura. Los dos candidatos que tenía Macri eran (Ignacio) Liprandi y (Pablo) Batalla. Los conocía, y aunque tenían posiciones antagónicas, me parecía que ambos podían ser muy buenos ministros. Que cualquiera de los dos podía limpiar tanta porquería… Porque ahí hay un señor regalando premios municipales.

–¿Quién es?
–El doctor Ramiro Couto. Pero en realidad no es él quien los regala, sino el Jefe de Gobierno. Mirá, la cantidad de estrellitas que hicieron un solo papel en su vida y a las que le dieron el premio municipal y van a cobrar hasta que mueran dos, tres o cuatro mil pesos por mes, es infernal.

–¿Los premios municipales son como un vaso de agua o un cigarrillo, que no se le niegan a nadie?
–Claro. Y la política cultural del macrismo es un desastre. Y no sólo por lo del Teatro Colón. También por otras barbaridades como esa diseminación de bibliotecas populares con el único propósito de que cuatro ñoquis cobren un sueldo y dos pibes del barrio vayan a consultar un día porque los obligó la maestra, en la era de internet. Ni siquiera se les ocurrió ponerle compus conectadas a la red. O convertirlas en locutorios (ríe).

–En fin, te decepcionó Macri.
–La administración era un caos y sigue siéndolo. Lo que hicieron ahora, convertir los contratos transitorios en cargos estables, no tiene nombre.

–Cuando asumió, Macri entró en guerra con el gremio municipal, Sutecba. Está claro quién ganó.
–Antes de las elecciones escribí en La Voz del Interior que el verdadero poder estaba, en la Ciudad, en manos de Amadeo Genta (secretario general de Sutecba). Y los macristas me dijeron: “No, vos te equivocás, ellos no tienen poder, son frágiles. ¿Qué van a hacer? Les cortamos las ambulancias y se derrumba el sindicato”. El poder de la mafia sindical está intacto. Incluso debe estar más fuerte que nunca. Porque cuando podés dar una prueba de fuerza como pudieron dar ellos, sos doblemente fuerte.

–Vos lo conocés a Macri personalmente, ¿verdad?
–Sí, yo trabajé en el Grupo Macri y fue ahí donde conocí a Mauricio, en el 82 o principios del 83.

–Cuando era un veinteañero.
–Sí, pero ya se estaba por recibir de ingeniero. Tenía alguna plata metida ahí, algunos negocios personales que se los manejaba Socma. Y yo lo ayudé con un negocio de publicidad que tenía en San Pablo. Por eso, como sabía cómo era la cosa familiar, les dije a Liprandi y a Batalla que tuvieran cuidado. “Ojo con Macri. No le crean porque es un traidor de carrera”.

–Y Franco, ¿cómo es?
–Nada que ver. Franco es un caballero. Es un tano de palabra. Podemos hacer la historia negra de Franco, todo lo que vos quieras, pero nadie te va decir “Franco me traicionó”. Mauricio, en cambio, era un chico sinuoso. Era y sigue siendo muy cholulo, muy influido por las luces y por parte de su familia. Por el hermano de su madre, (Jorge) Blanco Villegas, un hombre muy poderoso, del cual no se puede decir lo mismo que de Franco. Un hombre superpoderoso que se hizo de una flota de barcos y de aviones durante el Proceso. Con créditos del gobierno, ¿no?

–Fue presidente de la UIA.
–Sí, por Sevel (la automotriz de Franco Macri, que llegó a tener al mismo tiempo las representaciones de Fiat y Peugeot), pero Blanco Villegas no es tanto un industrial como un hombre de negocios internacionales. Pero, bueno, yo tenía la imagen equivocada de que había una especie de movimiento. Y me dije, si vienen con este proyecto, yo los apoyo. Punto. No llegué a votarlos. Porque levantado ese domingo, no fui a votar. Pero si me hubiera visto forzado a hacerlo para tener sellado el DNI, los hubiera votado.

–Hablame de Batalla y Liprandi. ¿Por qué tenían posiciones antagónicas con las cuales, sin embargo, decís que te sentías cómodo?
–Liprandi viene de las finanzas y llega al arte como coleccionista. Batalla fue alumno mío. Cuando estudiaba Economía venía a mi materia en la Facultad de Psicología. Era dirigente de la Franja Morada y acompañó la candidatura de Alfonsín como orador, y estaba ahí, en el podio. Rompió con Alfonsín al punto de que él lo acusó desde México de desestabilizar su gobierno. Después, también lo acusaron de ser de izquierda, pero lo cierto es que es un economista muy bien formado que hizo su carrera en Estados Unidos y que siempre tuvo veleidades artísticas.

–Ambos, Liprandi y Batalla, quedaron fuera de carrera.
–Liprandi porque fue objetado por (Gabriela) Michetti a causa de que en una encuesta respondió (todo lo contrario de lo que hubiera respondido yo) que estaba a favor del matrimonio gay y lo escracharon en Perfil. Tanto sintió el veleta de Macri el cachetazo de la Iglesia, que le pidió un hombre, un reemplazante de Liprandi… Y la Iglesia puso a un tarado, un semianalfabeto que no recuerdo bien cómo se llamaba… (Luis Hernán) Rodríguez Felder o algo así.

–Que tampoco llegó a asumir.
–A Mauricio la solución se la dieron en paquete. Para mí, el paquete se lo dio (Darío) Lopérfido. El paquete eran los Sushi.

–¿Acaso Lopérfido es un hombre de la Iglesia?
–No, pero los Sushi no tienen ningún conflicto con la Iglesia. A la Iglesia no le molesta el negocio de los Sushi, que son los festivales de rock. Y pusieron a (Hernán) Lombardi, que no es tonto y es un administrador eficiente, aunque a veces haga payasadas. Como poner un stand de la Ciudad en la Feria de Frankfurt. Algo ridículo. Una municipalidad que le da la espalda a la cultura en todo, quiere participar en esa Feria del Libro, que no es una feria “del autor al lector” como la de Buenos Aires ni nada que se le parezca. Es una feria de los negocios, de best-sellers, nada más. Con alguna participación de los que venden nuevas tecnologías para imprimir. En este contexto, la Ciudad de Buenos Aires no tiene nada que decir.

–¿Qué podemos esperar de Mauricio Macri?
–Olvídenselo: Macri no existe. Ahora emprende un viaje por el mundo. Va a ir a que los alcaldes de Lyon o de Milán lo condecoren y firmar documentos para hermanar las ciudades y conseguir que venga una exposición de Varsovia a Buenos Aires. Y conseguir más gente que viaje, que vaya y venga. Pero acá no está actuando. ¿Viste lo que decía (Carlos) Pagni? Yo no creo en Pagni, ¿no?, pero dice que (el PRO) tiene cinco mil afiliados. Y yo te digo: es un afiliado por centímetro de subte. Con cinco mil afiliados no puede pretender pensar en la interna peronista donde está la UOM, donde están los camioneros, los textiles, los trabajadores del Estado. ¿Alguien conoce algún afiliado al PRO que no sea funcionario de gobierno?

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