Una semana después del atentado, sólo rigen las conjeturas

Una semana después del atentado, sólo rigen las conjeturas

Los “federicos”, en la mira. Los perejiles fallaron y pagarán. Los instigadores siguen en las sombras. Mucho ruido y pocas nueces.


Cuando los ecos del intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner aún no se han apagado, la captura de los perpetradores del atentado contra su persona induce a pensar que son sólo la parte visible de un témpano, en el que lo que está oculto promete ser mucho más de lo que quedó a la vista del público.

El primer interrogante, tal cual lo plantea en este número 174 de Noticias Urbanas el periodista Antonio Lizzano (escuchar el audio: “El atentado contra CFK: las sospechas sobre la Federal”), tiene que ver con la displicente actitud de sus custodios, que se encontraban tan alejados de la vicepresidenta que esto hacía imposible que la pudieran cuidar de sus presuntos enemigos, como es su función.

El segundo interrogante está relacionado con la calamitosa pericia realizada sobre el celular del frustrado asesino, Fernando André Sabag Montiel, obra también de integrantes de la Policía Federal. Quizás no todo esté perdido y se pueda acceder a alguna parte de la información que contiene, pero el famoso reseteo de fábrica es una chapuza que no se puede permitir un experto en informática.

Otro de los interrogantes –y hay más- está relacionado con la captura del fallido sicario. No hubo reacción de los custodios de la Policía Federal. Lo atraparon los militantes que se encontraban alrededor de la vicepresidenta, haciendo un cordón protector, que finalmente se mostraron mucho más eficientes que los supuestos expertos en seguridad personal que trabajaban en el último anillo de defensa. Quienes prendieron a Sabag Montiel se lo entregaron a los “federicos”, que no lo esposaron, ni le taparon el rostro, ni alejaron a los fotógrafos y a los camarógrafos que se arremolinaban junto al vehículo en el que quedó detenido.

En resumen, profesionalismo cero…o cadena de complicidades, porque a este nivel no hay posibilidad de que operen ni los tontos ni los cagones.

Los actos simbólicos

Desde el punto de vista de las significaciones, existe aún más tela para cortar.

El primer significante a considerar tiene que ver con que se cumplió el sueño húmedo de algunos políticos opositores y de algunos de sus cómplices en la prensa. Alguien esgrimió un arma en la propia cara de la vicepresidenta, una humillación con la que siempre fantasearon. Su frustración es que Ella ni siquiera vio el arma en ese momento, por lo que no llegó ni a asustarse. Pero la pistola estuvo, efectivamente, frente a sus ojos, aunque la haya ignorado.

Paralelamente, surgió la versión en esos medios de un “supuesto intento de asesinato”, cuando con muchos menos elementos, estos mismos que instalaron esta versión, aseguraron, declararon, expusieron y manifestaron que a Alberto Nisman lo habían asesinado. Y eso que la muerte del fiscal se produjo lejos de los ojos del público, lo que no fue el caso del atentado contra la vicepresidenta.

Inclusive, un periodista de una radio porteña convocó –o le fue ofrecida la nota- a un tal Guillermo Cueto, que fue presentado como “un exagente de la CIA” (Central Intelligence Agency). Éste, haciendo gala de un inocultable acento cubano, afirmó que Sabag Montiel “no estaba ahí para hacer un magnicidio, sino para hacer la apariencia de un magnicidio”.

Luego expresó, con un nivel de análisis político menor al de algunos periodistas argentinos –lo que ya es bastante-, que “el hecho de que se hayan convocado manifestaciones nacionales en todas las ciudades por el presidente Fernández me luce que fue una reacción planificada, porque ocurrió inmediatamente. Eso no se puede planificar de un día para otro con una concurrencia y la participación ciudadana que hubo a nivel nacional”. El señor Cueto nunca conoció al peronismo, ni a su capacidad de reacción, que ya estaba activada cuando ocurrió el atentado.

Finalmente, parafraseando al insigne filósofo Perogrullo, aquel a quien Francisco de Quevedo, uno de los grandes de la lengua española, le hiciera profetizar que “andaráse con los pies, volaráse con las plumas, serán seis dos veces tres, por muy mal que hagas las sumas”, el pensador Cueto determinó, al borde de la genialidad, que “yo descartaría que la bala haya fallado. Lo que falló es que Montiel no cargó la pistola”.

Lo único sensato que se le escuchó decir a este émulo del Superagente 86, fue que “se ve a una señora Fernández desprotegida”.

La conspiración de los idiotas

No parece que Fernando Sabag Montiel y Brenda Uliarte hayan sido capaces de planificar por sí solos un atentado de semejante magnitud. Menos aún si, como se vio, el primero olvidó hasta el nimio detalle de echar hacia atrás la corredera para colocar una bala en la recámara. Una pistola cualquiera exige esa simple operación, por más que la Bersa Thunder de 7,65 mm que utilizó sea de doble acción, por lo que no es necesario echar hacia atrás la cola del disparador para accionarla la primera vez.

El nivel de preparación de ambos aspirantes a magnicidas –existen más cómplices, se sepa o no aún tal circunstancia- es tan precario que es innecesario entrar en demasiados detalles. Es imposible que con el nivel de atolondramiento que mostró Sabag Montiel y con las definiciones que sobre él vertieron sus amigos, haya tomado esa iniciativa por sí mismo. Menos aún que haya estado a punto de tener éxito en su cometido, porque a Cristina la salvó el azar, la Virgen María o Néstor Kirchner, pero la muerte le sopló en la cara, virtualmente.

¿La inteligencia podría haber sido llevada a cabo por ambos chambones? Difícilmente. La jueza sospecha que unos algodones de azúcar que se pueden ver en algunas fotos y videos muestran una sofisticada operación de inteligencia, pero es difícil asegurarlo. A Brenda Uliarte no se la vio hasta ahora en ninguna foto tomada en Juncal y Uruguay en los días previos al atentado, pero tampoco ella pareciera ser capaz de haber tomado nota de horarios y costumbres, de haber detectado los puntos débiles del anillo de seguridad, ni de los horarios en los que se movía la vicepresidenta. Hasta ahora no se sabe si Uliarte lo hizo, pero es probable que, si se descubre al autor de la tarea, al fin no sea ella.

Existen varios grupos de los servicios que respondían a Gustavo Arribas que hoy operan en la calle contra el gobierno. Algunos otros grupos quedaron resentidos y están “al pairo” o trabajando bajo otras diagonales.

Con el correr de los días, cada vez más pierde sentido la teoría del “lobo solitario”. Planear un atentado es una tarea compleja, para la que hace falta dinero, conocimiento, entrenamiento y planificación. Hay que tomar en cuenta los movimientos de la represión y, especialmente, el diseño de la ruta de entrada y la ruta de salida de los sicarios. De lo contrario –puede ocurrir- es una operación suicida, o porque se pierde la vida o porque se pierde la retirada y el agresor quedará muerto o prisionero del enemigo, como ocurrió en este caso.

La oposición

Los principales dirigentes de la oposición, en especial los del ámbito legislativo, adoptaron un comportamiento desconcertante. Primero, se solidarizaron con la vicepresidenta, ejerciendo un alto nivel de responsabilidad democrática, pero luego se ausentaron del recinto de la Cámara de Diputados después de votar un repudio al atentado y posteriormente denegaron su asistencia al Senado para una sesión que se realizará el jueves con el mismo objetivo, a la hora en que esta publicación llegue a las pantallas y a las aplicaciones telefónicas.

Pero más desconcertante fue un proyecto de ley que presentó el diputado Gerardo Milman dos semanas antes del atentado. En él solicitaba que se le informara sobre si se iba a reforzar la seguridad de la vicepresidenta; si se iba a brindar seguridad a los “periodistas independientes” tras la advertencia de un colega acerca de los discursos de odio que suelen desplegar los primeros.

Luego, el ex viceministro de Seguridad durante la gestión de Patricia Bullrich, comparaba a La Cámpora con los camisas negras fascistas de Mussolini. Cerraba su fundamentación advirtiendo que “no vaya a ser que algún vanguardista iluminado pretenda favorecer el clima de violencia que se está armando, con un falso ataque a la figura de Cristina, para victimizarla, sacarla de entre las cuerdas judiciales en que se haya y no puede salir y recrear un nuevo 17 de octubre que la reivindique ante sus seguidores. Me pregunto si esa violencia se concretaría como la respuesta de las falanges kirchneristas ante la posible sentencia adversa de su líder enjuiciada”.

¿Habría en la calle algún indicio sobre la operación que se estaba armando contra la vicepresidenta? ¿Estaba Milman tratando de advertir a Cristina lo que finalmente ocurrió, que, por supuesto, contaba con su absoluta desaprobación y por eso lo denunció?

El clima de violencia que se ha creado va “in crescendo”. Recién después del atentado fue clausurado el “Centro Cultural Kyle Rittenhouse”, cuyos miembros se habían destacado por llevar a cabo una campaña de odio muy peligrosa. Pero, si bien existían una serie de denuncias contra José Derman y Sebastián Poch, sus únicos miembros conocidos, siguieron libres hasta que el primero de ellos celebró el atentado contra Cristina. Finalmente, Derman fue declarado “inimputable” e internado en el Neuropsiquiátrico Melchor Romero, “por ideación de tinte paranoide reivindicativo y megalómano, con marcada exaltación afectiva y proclividad a conductas impulsivas”.

Lo curioso es que el Rittenhouse había sido visitado por militantes de Patricia Bullrich, para decidir si aceptaban a esos dos delirantes en su agrupamiento político. No menos curioso es el hecho de que los padres de José Derman fueron secuestrados –el padre lo fue dos veces- y fueron torturados en el Pozo de Quilmes y en el Destacamento de Arana. El padre, posteriormente, estuvo preso casi cinco años en Rawson y fue liberado recién en septiembre de 1983. Declaró en los Juicios por la Verdad y contó que estuvo con Raúl Bonafini, el hijo de Hebe Pastor de Bonafini. Alberto Derman era delegado del Astillero Río Santiago.

Los rugidos de la fauna

Nunca falta en los grandes momentos de la historia un personaje que caiga -con elegancia o sin ella- en las fauces del ridículo, que suelen tener la potencia de la mordida del pitbull y no sueltan fácilmente a sus presas.

La diputada formoseña Gabriela Neme observó en Crónica TV a la cómplice de Sabag Montiel, Brenda Uliarte, que días antes del atentado declaraba que “se sale adelante trabajando, no cobrando planes”. Luego le espetaba a una beneficiaria de un plan que “es mejor salir a trabajar que cobrar un plan. No sean vagas, salgan a trabajar”.

Neme, cuando vio las imágenes, entró en éxtasis. Entonces, poseída por el fervor patriótico, posteó el video de la futura asesina (en grado de tentativa) y arengó desde la red del pájaro azul: “Con personas así vamos a levantar la patria !!! Vamos Argentina que cada día somos más los que entendemos que el camino es laburar! Es por ahí !!!”.

El único territorio del que no se vuelve es el del ridículo.

Un final descorazonado

Indudablemente tiene razón Arturo Pérez Reverte, el escritor y corresponsal de guerra español, que declaró alguna vez que “las redes sociales están llenas de gente con ideología, pero sin biblioteca”.

Aplica a muchos, empezando por los asesinos fallidos, siguiendo por los que se anticiparon al atentado y, finalmente, por algunos periodistas más afectos a la especulación rentada que a la verdad desnuda.

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