Ucrania: víctima de un conflicto ajeno, mediático y con mucho olor a gas

Ucrania: víctima de un conflicto ajeno, mediático y con mucho olor a gas

Opinión.


Ucrania vivió ayer, 16 de febrero, el particular festejo del Día de la Unidad, una idea que forma parte del show, surgida a partir de la fecha literalmente inventada por algunos países -y medios occidentales- de la invasión rusa a este país. El principal impulsor de esta medida fue el actor devenido súbitamente en Presidente de aquella Nación, Volodimir Zelenski, quién solo tres días antes había pedido al mundo tratar el tema de la invasión con más “sensibilidad y respeto” por el pueblo ucraniano ya que la psicosis de una guerra no es una de las mejores opciones para el correcto devenir de cualquier país, sobre todo en el plano económico y social para una nación  pobre y endeudada.

El punto más alto de la escalada de histeria occidental acerca de la invasión se vivió hace pocos días cuando una docena de países decidieron evacuar a sus diplomáticos de Kiev (entre ellos Estados Unidos), provocando el aumento del temor entre la población ucraniana, que entiende, más allá de los mensajes nacionalistas y optimistas de algunos sectores del gobierno, que nada puede ser peor para ellos que un conflicto con Rusia a gran escala.

Ya lo vivieron –aunque no abiertamente- en 2014 y saben perfectamente de qué se trata la desigual contienda. Les costó Crimea, Donbass y una creciente decadencia, además de los muertos.

Si bien Moscú ese mismo día comenzó con el retiro de las tropas y del equipamiento militar de la zona fronteriza con su vecino, la OTAN, en su versión más beligerante y con sus voceros más punzantes, descree de los movimientos declarados por el Kremlin. Aunque algunos presidentes, entre ellos el estadounidense Joe Biden, fueron por primera vez un poco más prudentes, abriendo una rendija después de mucho tiempo- a las negociaciones y a la diplomacia, aunque recalcaron que quieren confirmar antes la veracidad de la información proveniente de Moscú.

Existen algunos motivos que llevaron a esta situación de extrema beligerancia -al menos desde lo discusivo-, ya que por estos días la tirantez es máxima. La realidad está distorsionada y amplificada. Hay muchos factores en simultáneo que hacen comprender mejor qué es lo que está en juego y, más allá de que la invasión rusa no existirá –al menos en esta ocasión–, lo único que se puede asegurar es que Ucrania es la principal víctima por lo que han hecha de ella sus “tutores” de la OTAN. Y todo indica que seguirá en ese rol por mucho tiempo.

Ucrania es un país que se ha puesto en el lugar equivocado, llevado de las narices por intereses ajenos a sus necesidades. Salvo que los procedimientos cambien de una manera notable en el mundo OTAN y en la Unión Europea, que es una dupla que cruje más de lo que se nota, sobre todo cuando no inventan un enemigo común, el país eslavo no ingresará a ninguno de los dos organismos por mucho tiempo, justamente porque para ambos les es mucho más funcional Ucrania en “modo conflicto” que en modo integrante y en condiciones de igualdad.

La movida de ambas organizaciones hacia el Este del continente es el compromiso que reclama –con razón- Rusia que le han incumplido. Y Ucrania entonces quedó como la línea roja en Europa, como lo fue Siria poco tiempo atrás en Medio Oriente. La ayuda militar con que los países como Estados Unidos y Gran Bretaña –entre otros- la asisten en este pseudoconflicto bélico es absolutamente insuficiente para la contienda que imagina la OTAN. Pero no les importa, o mejor dicho es lo que están dispuestos a dar.

Este hecho genera una mayor circulación de armas en la región (algo siempre importante para sus finanzas), como a su vez un mayor endeudamiento ucraniano, que se suma a la larga lista de cuentas impagas que tiene este país.

El tema del gas sea quizás el más importante en esta situación. A la luz de la crisis energética europea, agravada por la otra crisis, la de liderazgo político del continente tras la salida de la canciller alemana Angela Merkel, la discusión por el abastecimiento y el precio del vital elemento que constituye el gas en Europa se ha vuelto una de las cuestiones esenciales y la columna vertebral del conflicto al que asistimos.

Rusia le envía gas al Viejo Continente a través de Ucrania, Turquía, Bielorrusia y de dos gasoductos que corren por debajo del Mar Báltico, Nord Stream 1 y Nord Stream 2. Este último opera -por ahora- con muy bajo contenido, precisamente por estos conflictos. Doce países europeos se abastecen, por lo menos en un 50 por ciento, con gas relativamente barato proveniente de Rusia y media docena de ellos son directamente rusodependientes.

Mientras tanto, a partir de su envío en buques, los Estados Unidos fueron en diciembre pasado (invierno europeo) el primer exportador mundial de Gas Licuado, transformando a Bruselas en el primer importador de dicho combustible. Cifras y posiciones de mercado contundentes.

Desfinanciar y aislar a Rusia sigue siendo el principal objetivo de la Casa Blanca para seguir siendo una superpotencia mundial sin enemigos de fuste. Tratar de cambiar el sesgo del gobierno de Vladimir Putin – y si es posible a él mismo-, es obviamente el objetivo final. Para ello necesitan quitarle apoyo interno a cualquier precio.

Aunque parezca imposible de lograr, los norteamericanos nunca dejarán de intentarlo, aunque se tomen pausas, como en el gobierno de Donald Trump, que desfinanció e ignoró a la estructura de Agencias y el tema bélico a escala mundial, sobre todo en Medio Oriente. A Estados Unidos, en el plano geopolítico, siempre le costó lidiar –salvo en los 90- con una de las principales potencias nucleares (son las dos más importantes), su eterno enemigo que, para peor, vive cerca de sus amigos y se reinventa todo el tiempo.

Como extra bonus para los americanos, en esta etapa su principal hipótesis de conflicto es con la República Popular China. Generar y mantener alterada a Ucrania con el riesgo de invasión coadyuva a aislar al gigante asiático de su actual sociedad con la Federación de Rusia, intentando debilitar un eje muy competitivo en el plano bélico y económico.

Por último, Rusia, que efectivamente movilizó a lo largo de la extensa frontera a sus tropas y equipamientos, sigue forjando la idea de relanzar con carácter de “imprescindible para ambos” su relación con Europa y busca tener una relación con Bruselas lo más alejada posible de los Estados Unidos, debilitando a la OTAN en el mejor de los casos. Si no, trabajará cada vez más estrechamente de manera bilateral con sus aliados europeos hasta lograr ese fin. Pero está claro que defiende y apoya en la tierra sus convicciones.

Mientras tanto la histeria trepó por el mundo hasta límites impensados, afectando monedas, ruedas bursátiles en todo el mundo y temores infundados, los que siempre se producen cuando las potencias se lanzan en busca de sus objetivos en esta nueva realidad mundial, donde lo que diga una cadena de medios es casi más importante que las decisiones de muchos países en desarrollo juntos.

Para resumir la realidad vivida en tono casi cómico (aunque no hablaremos acá de Zelenski), lo haremos con una ironía lanzada ayer por la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, que pidió a los medios de “desinformación de los países occidentales” si le podían alcanzar el plan de invasiones de Rusia del año próximo, así programaba sus vacaciones.

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