Postales de la vida y la muerte en el mundo del Covid-19

Postales de la vida y la muerte en el mundo del Covid-19

El bacilo sembró infecciones, miedo y muerte por todo el mundo y despertó también a lo mejor y lo peor de los seres humanos.


Muerte por Covid: la banalidad de las bestias

Marina era modista. Tenía 61 años y aún no había sido vacunada contra el Covid-19. Su salud era precaria. Había tenido dos accidentes cerebrovasculares y caminaba por Palermo con su perra pegada a sus piernas. Era afiliada a PAMI.

Tenía, además, diabetes. El martes cuatro de mayo se sintió mal y llamó al médico, que le recetó un jarabe. Esa noche la pasó muy mal. Al día siguiente, convocó al SAME para llevarla a ser internada, porque su salud empeoraba. Una ambulancia llegó al mediodía para llevarla al Sanatorio Ramón Cereijo, adonde no se pudo internar porque no había lugar.

En la propia playa de estacionamiento de la clínica, su médico debió suministrarle oxígeno, porque ya no podía respirar. Finalmente, tras horas de estar arriba de la ambulancia, la aceptaron en la Clínica “2 de Abril” de Lomas de Zamora, recién en la tarde-noche de ese miércoles. Allí la internaron y su hermano fue informado de que padecía una pulmonía “no por Covid-19”. El jueves su preocupado familiar pudo comunicarse con la clínica, pero el viernes nadie le atendió el teléfono en todo el día.

El sábado a la mañana, el único hermano de Marina –que vive en CABA, al igual que ella- fue contactado por una médica de la clínica, que lo citó para que se allegara hasta Lomas de Zamora. Al llegar, le comunicaron que Marina había muerto a las nueve de la mañana «por Covid”.

Cuando el afligido hermano de la fallecida pidió el informe de su historia clínica, los médicos le comunicaron que se lo iban a entregar a PAMI pero no a él, quizás sospechando que podría iniciar algún tipo de demanda legal. Al menos, eso pensó el hombre que terminaba de perder a su familiar más cercano, escaldado como estaba ante un trato desconsiderado, frío e irrespetuoso.

En resumen, Marina murió sola, seguramente asustada, maltratada por un sistema sanitario que sólo atiende al lucro y no al bien social que es la salud.

Si el horroroso impacto del Coronavirus no nos obliga a construir un sistema de salud que ponga a los humanos en el primer lugar de sus prioridades, todo habrá ocurrido en vano y de nada servirá la experiencia que hemos vivido en este año que vivimos en peligro.

Si así hubiera sido, quizás Marina aún estaría entre nosotros.

 

Hugo Míguez tuvo su “carpe diem” antes de dejarnos

Hugo Míguez era un investigador del CONICET, experto en Emergencias Psiquiátricas, que murió el 20 de abril por Covid-19, en el Hospital Italiano.

Tenía 75 años y deseos de seguir viviendo, pero no pudo salir. A pesar de eso, peleó hasta el final, sostenido por su amor a la vida y por la voluntad de los trabajadores del hospital, personas que son capaces de desplegar la empatía, ese “sentimiento de identificación” con otros humanos.

Míguez escribió en su teléfono sus notas acerca de su crisis médica y existencial por la que estaba pasando. El científico definió a su “cama 1216”, como “zona de trinchera” y relató que encontró entre quienes lo cuidaron “una emocionalidad antigua. Comprometida. Algo yaciendo silente, a la par de la ciencia y la tecnología”.

Luego, Míguez se preguntó cómo era esa gente que lo cuidaba, que lo impresionó por su compromiso con sus pacientes. “No es una nave científica que va a Marte. No. Esta va a la región más desolada de tu cerebro. Al caldo primordial de donde alguna vez nos arrastramos sin conciencia. Al lugar desde donde nos asusta el final del Covid llevándose nuestro aire”, describió, en sus apuntes.

Finalmente, consciente de los peligros que lo rodeaban, el científico escribió:

“Todavía no sé como saldré. Y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño. Está muy bien. Tengo 75 años. ¡Carpe diem para nosotros todavía!”

“Con estos pensamientos rondando desde hace unos años, muchas veces, me pregunté cómo quería mi salida”.

“Sólo quiero 30 segundos lúcidos. Para poder evocar a los que quise sin que llegue a atraparme la melancolía”.

“Me iré bien. Este hospital y su gente estarán también en esos 30 segundos. Gracias, gracias, gracias”.

Una puesta en situación. El Carpe Diem es una locución que concibió el poeta romano Horacio, que significa “atrapa el día” o, mejor, “cosecha el día”. Horacio llamaba a vivir cualquier día como si fuese el último. Vivir el presente y no pensar demasiado en el futuro, que es incierto. El poeta escribió al respecto: “Carpe diem, quam minimim credula postero” (aprovecha el hoy, cree lo mínimo posible en el mañana).

Finalmente, Hugo Míguez se fue agradeciendo a sus custodios y a su vida, como todo hombre de bien.

 

Muchos agradecimientos, pero cero pesos

Se les dedicaron minutos de aplausos en su homenaje. Se les manifestó el reconocimiento de la sociedad para con ellos. Se los ensalzó en los medios de comunicación. Pero, a la hora de reconocer su importante función en el combate contra la pandemia y en el cuidado de las vidas de los argentinos, repentinamente apareció la amnesia de las autoridades sanitarias.

Por estas razones, los enfermeros se movilizaron estos días en distintos lugares del país, porque en casi todas las provincias sucede lo mismo: indiferencia, olvido, cero voluntad de reconocer lo que la sociedad les reconoce.

En Córdoba, los enfermeros convocaron este miércoles a un paro con presencia en los lugares de trabajo. Allí, Ricardo Barrionuevo, dirigente de ATE, manifestó que «se decidió un paro para insistir con los reclamos por un salario que nos saque de la línea de pobreza».

Luego, el dirigente reclamó por cuestiones elementales, que no deberían estar ocurriendo. Pidió el pase a planta permanente del personal contratado, que trabaja en muchos casos hace años y debe facturar por sus servicios como monotributista. Además, pidió la reincorporación de los despedidos y la contratación de más trabajadores, ya que el sistema de salud pública está «colapsado» ante la desmedida exigencia que plantea el coronavirus.

En Mar del Plata, por su parte, unos 300 trabajadores de la salud pública realizaron un abrazo simbólico al Hospital Interzonal General de Agudos, en reclamo por un aumento salarial, un bono adicional y el reconocimiento a las funciones que cumplen en la salud pública.

En Río Negro, los trabajadores de la salud nucleados en la Asociación Sindical de Salud Pública de Río Negro (ASSPUR) se movilizaron en distintos puntos de la provincia, ante la negativa del gobierno a atender su reclamo.

En la provincia de Jujuy, los trabajadores afiliados a la Asociación de Profesionales Universitarios de la Administración Pública (APUAP) lanzaron este miércoles un paro por 48 horas, en reclamo de pases a planta permanente, recategorizaciones y paritarias en las que se otorguen aumentos similares a la inflación. El gobernador Gerardo Morales no se dio por aludido, a pesar de que los trabajadores le realizaron seis pedidos de audiencia.

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