Crescenti: «Ante la emergencia, la política queda afuera»

Crescenti: «Ante la emergencia, la política queda afuera»

Por Laura Di Marco

Alberto Crescenti es director del SAME. Cumplió un papel destacado en el último accidente del tren Sarmiento. Cuenta que luego del siniestro anterior en Once, estuvo una semana sin poder dormir.


“Tengo un minuto para pensar y otro para decidir”, dice el médico emergentólogo Alberto Crescenti, director del SAME, a la hora de argumentar por qué la política debe quedar afuera de las situaciones de emergencia. Veterano de mil batallas en la tarea cotidiana de salvar vidas ajenas, Crescenti está convencido de que su principal misión al llegar al escenario de una tragedia es observar: “Es el único modo de separar a un paciente grave de otro que tiene una crisis nerviosa y, a lo sumo, necesita la asistencia de psicólogos o psiquiatras”. En la jerga médica, la tarea de selección de los heridos se llama triaje. Incluso, los clasifican con los colores de un semáforo: rojo, amarillo y verde, de acuerdo a la gravedad.

El choque de tren de la línea Sarmiento, que impactó el sábado pasado contra el final del andén 2 de la terminal de Once, fue la última tragedia grave en la que le tocó actuar. “Quienes dicen que las víctimas podrían haber sido muchas más y más graves si el accidente hubiera sido un día de semana, porque hubiera habido mucha más gente arriba del andén, no sé en qué se basan porque eso no puede saberse nunca”, afirma.

Dice que ambos accidentes ferroviarios de Once (el de 2012 y el del sábado 19 de octubre) no tienen punto de comparación. Al de 2012 no se lo puede sacar de las retinas y debe haberlo impactado emocionalmente de un modo difícil de medir; no lo dice así, abiertamente, pero se deduce por las secuelas que le dejó: “No pude dormir durante una semana porque no me pude sacar las imágenes de la cabeza”.

Es profesor titular en la Facultad de Medicina de la UBA y la Fundación Barceló, donde enseña –obvio– Emergentología. “A mí me formaron viejos médicos emergentólogos del hospital Penna, que no quiero nombrar porque seguro que me olvido de alguno. Ahora me toca a mí formar nuevos equipos.”

Le gustaría un SAME apolítico, como el SAMU de Francia. Y tira cifras sorprendentes del servicio porteño: asiste 1.000 urgencias por día, la mayoría por colisiones y atropellados. Para su puesto lo llamaron diferentes gestiones porteñas porque su rol es atractivo y su imagen positiva. También lo tentaron para ser candidato. Crescenti, con todo, se autodefine apolítico.

–Pero su cargo es político.

–Sí, sí, pero no puede usarse políticamente. El SAME es una marca para los porteños, como el dulce de leche, por eso en una emergencia no se puede estar pensando en la política o en si se trata de un accidente por fallas técnicas, humanas, o falta de inversión. Esa no es nuestra tarea: nosotros salvamos vidas. Y ahora entrenamos para salvarlas. Estamos preparando médicos para que puedan tripular las ambulancias porque, en mi opinión, en la emergencia debe intervenir un médico, no un paramédico, con el respeto que me merece. Es el más apto para evaluar la gravedad de los accidentados.

–Alguna vez ha dicho que cuando termina de actuar en una emergencia cierra la puerta de su casa y se olvida del tema. ¿Realmente es así?

–Corto con el tema en el sentido de que no llevo esas imágenes o esas sensaciones a mi casa. Pero quedan dentro de mí. En el accidente de Once de 2012, por ejemplo, no pude dormir durante una semana de tan fuertes que eran las imágenes, desgarradoras. Lamentablemente, no pudimos salvar a todos, que es lo que hubiéramos querido. Y de eso no quiero hablar por respeto a los familiares.

–Hablando de imágenes, nómbreme una que recuerde especialmente. Y positivamente.

–Yo estuve en el atentado a la AMIA. Recuerdo en esa emergencia a un herido que salvamos, que de pronto dio vuelta su cara hacia a nosotros y, muy emocionado, simplemente dijo: “Gracias”. Aún recuerdo ese rostro.

–Supongo que para muchos usted debe de ser una especie de héroe, ¿cómo hace para no creérsela, si es que ha logrado llegar a ese saludable estado?

–Uh, eso es lo más difícil. El antídoto que encontré es trabajar en equipo y cultivar el bajo perfil. Es muy importante no sentirse un héroe.

–Entonces, ¿es apolítico?

–Sí. Sin embargo, reconozco que la gestión de Macri puso todo para que el sistema esté equipado con lo mejor y no tenga nada que envidiarles a los servicios de países desarrollados. Tenemos un seguimiento de las ambulancias con computadoras, hay que venir a verlo para entender de qué se trata.

–¿Qué es lo que le genera pasión en una emergencia?

–A algunos les molesta cuando digo esto, pero es la verdad: me apasiona la incertidumbre y el imprevisto que hay en toda emergencia. Y las ganas de ayudar.

–¿Hasta cuándo piensa dedicarse a esto?

–Hasta que me dé la osamenta para subir y bajar de una ambulancia. A mí me gusta ponerme los guantes y ponerme a trabajar en equipo, como cualquiera.

–¿A qué le tiene miedo?

–A que me agarre un ACV.

Cuando se toma un descanso, no se aleja demasiado de Buenos Aires por si lo necesitan. Se trata de sitios que puedan cubrirse en helicóptero, ante la eventualidad de una emergencia grave. Se atiende en hospitales públicos, según cuenta, y tiene dos ídolos: Rod Stewart y Conan Doyle. De la criatura creada por Doyle, Sherlock Holmes, tomó el poder de la observación, fundamental, dice, para evaluar el escenario de la emergencia y tomar decisiones. “Después de cada emergencia, nos reunimos para evaluar cómo funcionamos y pensar qué hay que mejorar.”

–Hay una asociación del SAME con la tragedia, ¿le pesa eso?

–No, me parece que la asociación es con la salvación. Las ambulancias del SAME tienen la directiva de no disparar la sirena –que estresa– innecesariamente. Por ejemplo, cuando trasladamos a un infartado jamás disparamos la sirena.

–¿Por qué?

–Porque se infarta más. La idea es que a uno lo vienen a buscar, que lo vienen a salvar, y eso es muy tranquilizador.

–¿Cuántas veces entra el SAME en las villas porteñas?

–Unas mil veces en el mes y ahora, desde hace unos años, entramos con custodia policial porque la violencia ha aumentado. Y entramos por las mismas razones que en el resto de la Ciudad: somos una ciudad integrada. Nos llaman por violencia doméstica, accidentes, las mismas cuestiones que la clase media y alta.

–¿Y nunca sintió culpa por no haber podido salvarle la vida a alguien?

–No, culpa no. Porque si la sintiera no podría levantarme al otro día y seguir adelante, que es lo que hay que hacer.

 

Piloto de tormentas

• Edad. 60 años.

• Estado civil. Casado, dos hijos.

• ¿Auto o bici? Auto.

• Marca. Indistinto, pero con dos normas básicas de seguridad:

doble airbarg y frenos ABS (garantiza el frenado en

cualquier condición).

• Un libro. El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan

Doyle (médico, como Crescenti, y escritor, creador del detective

de ficción Sherlock Holmes).

• Una película. El secreto de sus ojos.

• Un restaurante. Luiggi.

• Un barrio. Belgrano.

• Una esquina. Honduras y Carranza.

• Un perfume. Narciso Rodríguez.

• Un lugar para las vacaciones. El norte argentino y Villa

General Belgrano.

• Un ídolo. Rod Stewart.

• Una figura histórica. José de San Martín.

Te puede interesar

Qué se dice del tema...