La llegada de las vacunas marca el fin de una etapa: ¿llega la paz?

La llegada de las vacunas marca el fin de una etapa: ¿llega la paz?

Las cifras de contagios y muertes preocupan. Las UTI, de todos modos no están llenas.


La crisis que generó la pandemia no reconoce tregua, ni paliativos, ni consuelo. No existen las buenas noticias. No hay experiencias previas sobre el manejo de este virus que no decae, excepto cuando alguna oleada de éste se desata sobre algún otro país antes que en el nuestro y entonces se puede aprovechar alguna iniciativa surgida al calor del ataque del veleidoso microorganismo.

De todos modos, Dios comprime pero no ahorca. La única novedad que permite albergar alguna esperanza tiene que ver, hoy por hoy, con la llegada de las vacunas que permitirían inmunizar a la población.

El martes último, el ministro de Salud, Ginés González García se reunió con una delegación de diputados que encabezó el legislador tucumano Pablo Yedlin, presidente de la Comisión de Salud de la cámara baja. ¿El objetivo? Informar acerca de la provisión de vacunas que ya se aseguró el Estado argentino en los complicados mercados internacionales.

A la reunión acudieron solamente cinco legisladores del Frente de Todos y uno de Juntos Somos Río Negro. La oposición que encarna Juntos por el Cambio se negó a asistir, a pesar de que el presidente del interbloque, el cordobés Mario Negri, había verbalizado su intención de participar del encuentro.

El ministro aseguró en el cónclave que Argentina tiene aseguradas 51 millones de dosis, repartidas entre la rusa Sputnik V, la anglo-sueca de Astra Zeneca y la china de Sinopharm, en principio. Igualmente, las ásperas negociaciones con Pfizer, Moderna y Janssen siguen adelante.

La principal dificultad, según el propio González García, radica en que «hay mucha demanda mundial y hay mucho acopio de los países ricos, mucho, demasiado», advirtió, puntualizando que «los países ricos compraron el 54 por ciento de la producción y ellos tienen sólo el 13 por ciento de la población; ahí se manifiesta la inequidad», cerró.

Al momento de ser redactada esta crónica, ya era seguro que entre el jueves 21 y el domingo 24 de enero tres aviones de Aerolíneas Argentinas estarían volando hacia Moscú para volver con el primer millón de las cinco millones de dosis que había comprado el Gobierno. El compromiso con los rusos es por la provisión de cuatro millones de la primera dosis y un millón de la segunda, que volarían a Ezeiza antes del fin de enero. Luego, comenzarían a llegar de a un millón por semana, en operativos similares hasta completar las dosis requeridas, que sumarían 25 millones, sin perjuicio del contrato que se firme en el futuro.

Los operativos deberán realizarse a partir de la premisa de no saturar los depósitos, que mantienen a las vacunas a una temperatura de -18°, a la vez que deberán llegar a tiempo para que el operativo de vacunación no se corte en ningún momento.

Por otra parte, desde la planta de mAbxience en Garín partieron el 18 de enero hacia México las primeras seis millones de dosis del principio activo de la vacuna de AstraZeneca, que serán envasadas en ese país norteamericano. Simultáneamente, el gigante farmacéutico habría ofrecido más vacunas, que les quedaron como remanente ante la demora en su autorización por parte de algunos países europeos, a los que estaban dirigidas inicialmente. Las vacunas que vendrán desde México llegarían a Buenos Aires a fines de marzo. Las que provengan de otros destinos, aún no se sabe.

Durante el mes de febrero llegarían al país otras 14.700.000 dosis de Sputnik V, provenientes de la India, adonde Gamaleya está instalando un laboratorio. Mientras tanto, lo mismo se está haciendo en Rusia, adonde una gigantesca planta incrementará la producción, que tendrá como prioridad el abastecimiento del mercado interno.

Paralelamente, la espera por las vacunas que debería proveer el Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (Covax) se extendió, ya que el organismo de Naciones Unidas tiene dificultades de abastecimiento, ante el incumplimiento de los laboratorios. Esto, a pesar de que la remesa ya ha sido pagada y debería haber llegado al país en diciembre.

Por si esto fuera poco, el presidente argentino sirvió como vehículo para la contratación de cinco millones de Sputnik V por parte de Bolivia y de doce millones por parte de México.

Este país está vacunando hasta hoy con el producto de Pfizer-BioNTech, que tuvo una serie de problemas en Noruega –adonde fallecieron 29 ancianos que habían sido inoculados- e Israel, adonde 12.400 personas se contagiaron el virus después de haber recibido la primera dosis de la vacuna y 69 de ellas lo mismo adquirieron el virus después de aplicarse la segunda dosis. La situación llevó a Nachman Ash, responsable de la campaña contra el Coronavirus en Israel a declarar que «la protección contra el Covid-19 de la primera dosis de la vacuna de Pfizer es menos efectiva de lo que la empresa informó».

Quizás todas estas contraindicaciones que sufrieron los inoculados tengan que ver con una frase profética de González García, que el 29 de diciembre último declaró, con respecto a la negociación con Pfizer, que «no entendemos por qué tiene tantas exigencias de inmunidad y de prevención, como si no le tuvieran fe a la vacuna».

 

Entre el jueves 21 y el domingo 24 de enero tres aviones de Aerolíneas Argentinas estarían volando hacia Moscú para volver con el primer millón de las cinco millones de dosis que había comprado el Gobierno. El compromiso con los rusos es por la provisión de cuatro millones de la primera dosis y un millón de la segunda, que volarían a Ezeiza antes del fin de enero.

 

Un virus irreductible, pero que está arrugando

Desde que se inició la “gripecinha” en Argentina, se contagiaron ya 1.831.681 personas en el país. De ellos, 46.216 fallecieron. También hay que destacar que se recuperaron 1.604.373 personas, que equivalen al 88,2 por ciento de total, lo cual es una cifra muy aceptable, ya que en otros países la mortalidad llega al 20 por ciento, aproximadamente.

En estos días que corren, hay 169.130 casos activos y las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) están ocupadas en un 55 por ciento en todo el país. De este total, en el Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA) es donde hay más saturación, que llega al 61,1 por ciento. Hasta ahora se realizaron 5.642.212 testeos a probables contagiados por el virus.

De las 299.655 vacunas Sputnik V que llegaron a Buenos Aires el 24 de diciembre y luego se distribuyeron por todo el país, ya se aplicaron 241.850, lo que significa el 81 por ciento del total. Este lunes que pasó -18 de enero- comenzaron a ser enviadas a esos mismos lugares las vacunas correspondientes a la segunda dosis, que debería ser aplicada entre 21 y 60 días después de la primera.

A pesar de la mala prensa que tiene este virus, en los últimos días, el ritmo de los contagios decreció, aunque apenas un poco. Al mismo tiempo, la ocupación de las camas de UTI y los muertos también disminuyeron. Los infectados, además, son mayoritariamente jóvenes de clase media. El siguiente dato tiene que ver con el aprendizaje. Las muertes en las UTI cayeron bastante, en especial porque ahora se sabe más sobre la medicación que salva vidas, como el plasma, que redundó en una reducción de los tiempos de internación. El índice de mortalidad en las terapias pasó así del 40 al 20 por ciento.

De todos modos, más allá de las especulaciones que se tejieron alrededor de estos temas, el jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, puso blanco sobre negro las razones de la menor tasa de contagio. «El cierre de la semana muestra que, luego de cuatro semanas de aumento, volvieron a caer los casos en nuestra provincia», deslizó en conferencia de prensa.

De todos modos, la relajación está muy lejana, porque los números de contagiados aún son altos, por más que tiendan a la baja. Que existan 13 mil casos diarios, como pasó en los primeros días del año es una invitación al desastre, ya que triplican los casos de comienzos de diciembre. Todo por el jolgorio de debido a unas fiestas en las que primó el descontrol, tras tanto tiempo de sobriedad obligada.

Las autoridades sanitarias argentinas evalúan que, para atemperar la circulación del virus será necesario vacunar a 30 millones de personas, mientras que los gobiernos y las empresas estadounidenses y europeas canibalizan un mercado que siempre tuvo a la piratería en su ADN. Presionaron a empresas propias y extranjeras y hasta amagaron con desabastecer de filtros –un elemento esencial en la fabricación de vacunas- al laboratorio mexicana LiomontLab, que debe emblistar las vacunas de AstraZeneca cuyo principio activo se fabricó en Argentina. Una oportuna intervención del canciller mexicano, Marcelo Ebrard, destrabó la situación, pero la jugarreta estuvo a punto de retrasar la llegada de las vacunas a nuestro país. Así juegan algunos países del norte industrializado con nuestro bienestar.

Un futuro conflictivo, que tiende a mejorar

A pesar del miedo que genera la situación, las vacunas parece que mitigarán la angustia de la incertidumbre. En el futuro inmediato habrá altas y bajas y las cifras de contagiados y fallecidos serán irregulares, esperanzando a los argentinos en algunos momentos, desesperándolos en otros.

Hasta ahora, hay en marcha la adquisición de 51 millones de vacunas, que podrían ser más en poco tiempo, una vez superado el cuello de botella que provocaron la urgencia de unos y la codicia de otros. Todas las vacunas que se compraron se administran en dos dosis, por lo que faltan unas diez millones de ellas para alcanzar la cifra de inoculados a la que pretende llegar el Gobierno.

También se pudieron conocer algunos manejos que realizaron funcionarios de algunos países “civilizados”, que dan cuenta de la impunidad con la que se manejan, desnudando su inescrupulosidad.

La Argentina se manejó bien en las aguas procelosas de la pandemia. Para muestra, basta un ejemplo: un laboratorio chino le vendió al Estado peruano su vacuna por u$s75. Por el contrario, cada dosis de la vacuna Sputnik vale 9,00 dólares y la de AstraZeneca, u$s2,80.

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