Piden a la Legislatura regular el acceso desigual a los alquileres en la Ciudad

Piden a la Legislatura regular el acceso desigual a los alquileres en la Ciudad

Clase social, género y edad son los principales factores e impedimentos para analizar la transversalidad de las dificultades para alquilar.


El Salario Mínimo Vital y Móvil no alcanza para alquilar en la Ciudad, y la mayoría de lxs trabajadorxs con salarios superiores destinan cerca de la mitad de sus ingresos para pagar el alquiler.

“Alquilar da miedo” es la consigna que se planteó en la movilización frente a la Legislatura porteña que el Frente Patria Grande (Frente de Todos) llevó a cabo la pasada semana, a propósito del aniversario de la Ley Nacional de Alquileres.

Allí participaron Victoria Freire, directora del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas; Paula Arraigada activista trans y asesora Parlamentaria en la Honorable Cámara de Diputadxs y la periodista Carina López Monja, quienes instalaron una “Casa del Terror” para graficar la consigna que intenta interpelar a lxs legisladorxs porteñxs.

“Esta Casa del terror frente a la Legislatura busca interpelar particularmente a legisladoras/es de Juntos por el Cambio, que tienen la mayoría de los representantes, a fin de que puedan ofrecer políticas que garanticen derechos, que hagan de esta Ciudad un lugar más justo y menos desigual”, expuso Freire, en diálogo con Noticias Urbanas.

La Directora del Observatorio mencionado indicó que la exclusión generada por el alto costo y las dificultades administrativas de alquilar en la Ciudad afecta en diferentes grados según la edad, género y clase social de la persona inquilina.

“Las condiciones que existen para acceder a un alquiler en el mercado formal inmobiliario, los precios de los alquileres para casas que son muy pequeñas y que no tienen suficientes comodidades pero que están a precios irrisorios y la proporción del salario que se lleva el pago del alquiler todos los meses, son cuestiones que hacen que efectivamente dé miedo alquilar en la Ciudad”, resumió.

 

Clase social y poder adquisitivo

Mientras que un Salario Mínimo Vital y Móvil es de $27.216, el alquiler de un monoambiente promedio ronda los $28.000 mensuales, sin considerar expensas y servicios.

Según un informe estadístico del portar de propiedades Zonaprop, un departamento de dos ambientes y 50 metros cuadrados cuesta aproximadamente $39.211, mientras que el valor de un departamento de tres ambientes y 70 metros cuadrados oscila en los $54.362 por mes.

No sólo los precios son prohibitivos, sino que también los requisitos administrativos resultan excluyentes para sectores sociales de bajo poder adquisitivo, ya que los montos de dinero para poder ingresar a un departamento y las garantías administrativas hacen que el alquiler sea un privilegio limitado a la clase media/alta.

“La mayoría de las veces se exige que la garantía la dé un familiar que resida la Ciudad de Buenos Aires, entonces muchas personas se ven obligadas a buscar alquileres en el mercado informal, donde hay un aprovechamiento y una falta de control mucho mayor”, opinó Freire al respecto.

Mientras tanto, personas en situación de calle o sin vivienda fija gastan incluso más que un inquilino/a en un barrio céntrico ya que, al quedar fuera del sistema de alquileres o no contar con el dinero para pagar el valor de un alquiler mensual, pagan una pieza o habitación de hotel por día para pasar la noche. El valor de estas habitaciones ronda los $900 por noche. Es decir, $27.000 mensuales.

El alquiler formal queda fuera de alcance de quienes no tienen un empleo formal o sean monotributistas, tal como señaló Freire:

“El acceso al alquiler de habitaciones en un hotel, departamentos o viviendas informales no exige los requisitos de garantías de depósito o recibo de sueldo, siendo éste un factor que a veces encarece los precios. Pero la situación también se dificulta para las personas que están por fuera del mercado laboral formal, ya que no tienen un recibo de sueldo para presentar ni son monotributistas”.

Incluso, para trabajadorxs formales con recibo de sueldo pertenecientes a la clase media las comodidades son difíciles de alcanzar. El informe de Zonaprop expuso también que los departamentos de tres ambientes cuestan alrededor de $50.000.

Sin embargo, hay zonas donde los precios se disparan: en Puerto Madero un alquiler promedio es de $79.206, mientras que en lugares como Villa Ortúzar y Palermo el promedio es de $46.500.

Esto, teniendo en cuenta que en cada categoría los precios varían, dependiendo de las características de la propiedad, sus “amenities”, barrio, cercanía con transportes públicos y centros comerciales y que en estas cifras no se reflejan las expensas.

 

Voluntad de inmobiliarias e inflación

A los precios altos de los alquileres se le suma la falta de previsibilidad en los aumentos. Si bien la Ley de Alquileres regula este aspecto, las personas que no alcanzan a cumplir los requisitos del sistema inmobiliario formal quedan sometidas al mercado de los alquileres informales. Por ende, lxs inquilinxs más vulnerables siguen siendo lxs más vulneradxs.

Es por esto mismo que la entrevistada hizo hincapié en la necesidad de que la Legislatura porteña intervenga:

“Necesitamos que la Legislatura vea esta realidad y pueda promover proyectos de ley, herramientas y crear políticas que intervengan en estas desigualdades, que cada vez aumentan mucho más”.

Según el estudio de Zonaprop, en CABA todos los barrios registran un aumento en el valor interanual superior al 50%. En ese sentido, Villa Ortúzar es el barrio que presenta un mayor incremento de precio en los últimos doce meses (98,2%), seguido por Monte Castro (95,6%) y Villa Pueyrredón (93,8%). Aquellos que tuvieron una menor suba de precio anual son Retiro (57,6%), San Nicolás (55,1%) y Parque Chacabuco (51,3%).

El alquiler conlleva gastos accesorios, como servicios y expensas, por lo que cabe mencionar que la inflación a nivel país en dicho periodo fue de 50,2%.

Al respecto de este tema, Gervasio Muñoz, referente de la asociación Inquilinos Agrupados, indicó en declaraciones a los medios que “en Argentina se tienen que regular los precios, no sólo las actualizaciones”, ya que si bien el mencionado informe también expuso que el 60,6% de lxs encuestadxs aseguró que la actualización del alquiler se hace en forma anual, el 37,4% indicó que aún padecen aumentos semestrales, por fuera de lo establecido por la norma.

Por otro lado, según los resultados de una encuesta realizada por la Federación de Inquilinos Nacional, más del 90% de lxs inquilinxs consideran que las inmobiliarias no cumplen en general con lo establecido por la Ley de Alquileres.

“El gobierno de Larreta no obliga a las inmobiliarias a cumplir la Ley de Alquileres”, apuntó Victoria Freire sobre este aspecto. Y agregó que “en el último tiempo, los precios de los alquileres en la Ciudad de Buenos Aires acumulan una suba en 2021 del 27,8%, por encima de la inflación que acumuló un 21,5%. Para alquilar un dos ambientes se necesitan $40.000 pesos de base, y ni hablar de la diferencia entre las comunas del sur y del norte de la Ciudad”.

Mujeres y disidencias

Además de un análisis de clase, el acceso a la vivienda a través de un alquiler debe ser analizado desde una perspectiva de género.

En la movilización frente a la Legislatura, la activista trans Paula Arraigada indicó que “pareciera que el tener una casa, tener un techo, abrir la canilla y que salga agua para tomar, poder ir al baño y apretar un botón, fuera un derecho para pocos”.

Acto seguido, se refirió a la necesidad de que haya un cupo laboral travesti-trans en la Ciudad para ayudar a solucionar el problema de trabajo de esta población, que repercute en su capacidad de acceder a una vivienda digna.

Según un informe realizado por Ministerio Público de la Defensa y la Mocha Celis en el 2016, el 70% de la población travesti y trans encuestada vive en una situación de vulnerabilidad habitacional.

Freire, por su parte, opinó que “si evaluamos las estadísticas laborales sociodemográficas, podemos observar que las mujeres y las identidades disidentes son las que acceden a los empleos peor pagos, que tienen un índice de precariedad mucho mayor o incluso una tasa de desocupación más alta”. Y completó:

“Esto es porque tienen muchas más dificultades para acceder a una estabilidad en el ingreso y a condiciones laborales con derechos que permitan, por ejemplo, presentar un recibo de sueldo. En CABA, las mujeres son predominantemente jefas de hogar”.

 

La juventud

El tercer factor a tener en cuenta para el análisis de esta problemática es la edad. Tal como las mujeres y las identidades no binaries, lxs jóvenes también están sometidxs a las dificultades de acceder a trabajos formales, sueldos estables y, mucho más, si también son estudiantes.

Sobre esto, en el acto frente al Parlamento porteño, se explayó la periodista Carina López Monda:

«Según datos arrojados por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, el 48% de lxs jóvenes de entre 24 y 29 viven con sus padres, y en la mayoría de los casos ve muy lejano irse, ya que también el acceso a un trabajo formal es difícil. Sólo el 20% trabaja en relación de dependencia”.

Y Freire adhirió al respecto: “Lxs jóvenes son otro sector de la población que sufre una situación desventajosa y desigual en el acceso al trabajo y, por supuesto, un trabajo que signifique un salario suficiente para poder bancar un alquiler es aún una utopía mayor”.

En suma, la Directora del Observatorio completó: “La Ciudad tiene una dinámica que la va convirtiendo en un territorio más excluyente con un costo de vida muy elevado. Esto tiene que ver con la situación del sistema de alquiler en la Ciudad, dominado claramente por la lógica del mercado inmobiliario, que es un mercado fuertemente especulativo, que orienta a la construcción para la especulación, para el negocio y no para construir bienes de uso. Se necesita una intervención del Estado que pueda controlar esta lógica, y que pueda defender los derechos de las inquilinas e inquilinos”.

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