Iris Avellaneda: “Esos asesinos son genocidas de alma”

Iris Avellaneda: “Esos asesinos son genocidas de alma”

Por Horacio Ríos

Su hijo de 15 años, Floreal, fue asesinado y ella fue encarcelada por más de dos años. Quiere que se abran los archivos y que haya justicia.


Campo de Mayo es un enorme predio militar de 5.000 hectáreas en el que se asientan 44 unidades militares, que van desde el Regimiento de Artillería 1 hasta el Comando de la Guarnición Militar Buenos Aires y varios batallones de aviación e Inteligencia.

Durante la Dictadura funcionaron allí cuatro Centros de Detención Clandestinos, denominados Las Casitas, El Campito, Cárcel de Encausados y el Hospital Militar, en cuyo Departamento de Epidemiología funcionó una maternidad clandestina en la que nacieron –y se robaron- 200 bebés, muchos de los cuales permanecen todavía, 44 años después, en manos de sus apropiadores.

Hasta ahora, en estas causas hay sólo 38 genocidas procesados, por hechos ocurridos hace alrededor de 40 años, una tardanza que favorece el olvido y la impunidad. Además, las causas, según opinan destacados juristas, deberían ser unificadas.

Otro punto es que hay una gran cantidad de empresas importantes implicadas en las desapariciones de cientos de delegados gremiales, cuyos juicios o no prosperan o lo hacen tan lentamente que amenazan con no realizarse jamás.

Un tercer punto es que en la maternidad clandestina del Hospital Militar nacieron 200 chicos, de los nada se sabe en su mayor parte.

El cuarto punto es que la Ley 26.691, que ordena la preservación, señalización y difusión de los sitios de la memoria del Terrorismo de Estado prácticamente no se cumple en Campo de Mayo, donde sólo está señalizado El Campito y los otros tres brillan por su ausencia.

Según relató a Noticias Urbanas la presidenta de la Asociación Civil de Sobrevivientes, Familiares y Compañeres de Campo de Mayo, Iris Pereyra de Avellaneda, cuyo hijo Floreal Avellaneda, de 15 años, fue asesinado por miembros del Ejército y ella misma fue secuestrada y llevada a El Campito, para pasar luego encarcelada más de dos años, “por estos centros clandestinos de Campo de Mayo pasaron y fueron asesinados entre 5 mil y 7 mil militantes. Sólo sobrevivimos 124”.

Por estos días, se sustancian dos causas relacionadas con aquellos crímenes de lesa humanidad: la de los vuelos de la muerte que partían desde la Agrupación de Aviación del Ejército 601 y dos de la causa por la Contraofensiva de Montoneros, que en realidad son siete causas agrupadas en una.

Pero los juicios relacionados con esta guarnición militar, la más grande del país –hay otras causas más en trámite-, han tenido hasta estos días una fuerte invisibilización. Al contrario de otras, como la de los secuestros de la patota de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), se publican muy pocas informaciones sobre las numerosas causas relacionadas con las violaciones de los derechos humanos cometidos por los oficiales del Ejército en Campo de Mayo.

Iris Avellaneda se preocupó además por “la escasa difusión que tuvieron estos juicios. Lo de Campo de Mayo está tapado. Si por aquí pasaron unos siete mil militantes y sólo sobrevivimos 124, ¿adónde está el resto? Además, en Campo de Mayo hay cadáveres enterrados y nosotros queremos que se los busque y eso no se está haciendo”.

Iris Pereyra de Avellaneda dejó en claro, en principio, su disconformidad con la marcha de los juicios. “Cuando se le ocurre a algún juez, posterga el juicio o lo suspende por dos semanas. Mientras tanto, se mueren los familiares de los desaparecidos y asesinados y también los genocidas, algunos de los que nunca fueron condenados a causa de estas demoras. Ellos no se preocupan. Inclusive, por ejemplo, en el segundo juicio por Mansión Seré, había jueces subrogantes que tenían que venir desde Rosario porque el tribunal no estaba completo. Así, todo funciona con cuentagotas”.

“En el caso de mi Negrito –su hijo, Floreal Avellaneda, asesinado a los 15 años-, cuyo caso está dentro del juicio de los vuelos de la muerte, ya tendría que haber terminado. Hay cuatro genocidas procesados en éste, entre los cuales se encuentra el general Santiago Omar Riveros. Se realiza los lunes de 10 a 14:30 y así se hace largo, porque hay muchos testigos. Riveros, además, consiguió que le den la prisión domiciliaria porque llegó a los 93 años”, se queja esta veterana militante del Partido Comunista, de 81 años.

Relatando las circunstancias del juicio, Iris manifestó su impresión porque “cuando declararon los soldados conscriptos que trabajaban en el Campo de Aviación, uno relató que cuando lo mandaron a limpiar la pista de aterrizaje encontró en unos montículos algunas jeringas en las que aún había un poco de líquido. Las llevó a enfermería y ahí le dijeron que era desinfectante, pero en realidad era el medicamento que les inyectaban a los que llevaban en los vuelos, para mantenerlos dopados y tirarlos al mar o al Río de la Plata”.

Con respecto a las circunstancias del secuestro de su hijo, Iris relató que “Floreal Edgardo, mi hijo –porque mi marido también se llamaba Floreal- manejaba el mimeógrafo con el que hacíamos los volantes. Además, quería crear un Centro de Estudiantes en la Escuela N° 10 de Munro, adonde estudiaba. Mi marido era delegado gremial en la fábrica Tensa y antes lo había sido delegado en General Motors, hasta que en 1966 lo echaron después de una toma de la fábrica, que estaba ubicada en Avenida San Martín y General Paz, adonde ahora hay un Carrefour”, dice con ironía.

Siempre que habla de su hijo, Iris habla de “El Negrito”. “Era un cohete –lo describe-, quería ser mecánico de aviación y un vecino nuestro lo hizo entrar a la ESMA, pero estuvo nada más que 15 días. Se peleó con un suboficial y lo mandaron, porque lo lastimó, al Hospital de Río Santiago. Cuando lo fuimos a ver nos dijo que se iba a ir y un día, a las tres de la mañana se escapó. Después, nos comunicaron que lo daban de baja y ahí se terminó su carrera”.

Con respecto a sus aspiraciones en el juicio en el que está involucrado su hijo, Iris manifiesta que “queremos saber qué pasó con el Negrito, quien pilotéo el avión Fiat, al que llamaban “El Herculito”. Hace poco detuvieron a un piloto de apellido Caballero, que podría haber estado complicado, ya que habría piloteado el avión el 14 de mayo de 1976, el día en que tiraron al Río de la Plata a mi hijo. ¿Sabía usted que ésa fue la fecha en que nació el Che Guevara”, agrega con cierta tristeza.

Iris se preocupó además por “la escasa difusión que tuvieron estos juicios. Lo de Campo de Mayo está tapado. Si por aquí pasaron unos siete mil militantes y sólo sobrevivimos 124, ¿adónde está el resto? Además, en Campo de Mayo hay enterrados y nosotros queremos que se los busque y eso no se está haciendo”.

Paralelamente, la también integrante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos consideró necesario “abrir los archivos. Hasta Videla se murió sin decir nada, sin dar pistas sobre el destino de los desaparecidos. En el Hospital Militar de Campo de Mayo existía un crematorio, en el que se habrían incinerado unos 3.500 cuerpos, pero ellos niegan todo. Lo que hicieron no tiene nombre, esos asesinos son genocidas de alma”.

 

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