Emotivo recuerdo a los fusilados de Trelew, 50 años después

Emotivo recuerdo a los fusilados de Trelew, 50 años después

Homenajearon en la ESMA a los 16 guerrilleros asesinados. Fernando Vaca Narvaja y Raquel Camps hablaron con NU.


El lunes 15 de agosto organizaciones sociales y políticas homenajearon en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada, hoy sitio de memoria histórica, a los 16 guerrilleros asesinados en Trelew, al cumplirse en esa fecha 50 años de la fuga del Penal de Rawson, que culminó una semana después –el 22 de agosto- con su martirio.

El simbólico complejo edilicio de la Armada Argentina, desde el cual se planificó la represión ilegal en la dictadura que comenzó el 24 de marzo de 1976, fue la sede del homenaje a Susana Lesgart (Montoneros), Mariano Pujadas (Montoneros), María Angélica Sabelli (Fuerzas Armadas Revolucionarias), Humberto Toschi (Ejército Revolucionario del Pueblo), Eduardo Capello (ERP), Miguel Ángel Polti (ERP), Ana María Villarreal de Santucho (ERP), Clarisa Lea Place (ERP), Carlos Astudillo (FAR), Alfredo Kohon (FAR), Alejandro Ulla (ERP), Carlos Alberto del Rey (ERP), Humberto Suárez (ERP), José Ricardo Mena (ERP), Mario Emilio Delfino (ERP) y Rubén Pedro Bonnet (ERP).

El sentido homenaje fue convocado por la Asociación Víctor Basterra de Sobrevivientes y Testigos de la ESMA; la Junta Interna ATE-Ente; la Comisión de Familiares de Trelew; la Comisión por la Recuperación de la Memoria de Campo de Mayo; el Peronismo 26 de Julio; la Federación Gráfica Bonaerense; CAUSA; la Corriente Peronista 13 de Abril; los Ex-Presos Políticos Autoconvocados y Palermo K.

La primera oradora en el acto fue la representante del Consejo Asesor de Sobrevivientes Ana María Soffiantini, que expresó que “para mí es muy profundo verlos hoy acá, en este lugar tan significativo, para recordar a esos 16 compañeros asesinados clandestinamente en el 72 y a todos aquellos que planearon esa fuga tan heroica y valiente, de quienes aprendimos a luchar por una patria mejor”.

A continuación una funcionaria de la Embajada de Cuba cantó el “Chamamé a Cuba”, una canción revolucionaria que reza en una de sus estrofas: “porque aquellos fusiles que ayer apuntaban al Pueblo oprimido son los que hoy defienden, en manos del Pueblo, su revolución”.

Después habló el secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense, Héctor Amichetti, que dijo que “la historia es presente. Debemos combatir con los mismos ideales que nuestros compañeros de Trelew, sentir en ellos que nos duele, en cada golpe de nuestra historia, para transformarlos en una Patria más justa y cumplir con esas convicciones por las que ellos dieron la vida”.

Seguidamente, el secretario general de la CTA Autónoma, Hugo Godoy, habló de “reivindicar los valores de lo colectivo, de la solidaridad y de la organización política al servicio de las mayorías populares de aquellos jóvenes que veo hoy acá, para la construcción de una nueva sociedad”.

El jefe montonero Fernando Vaca Narvaja, que aquel 15 de agosto se fugó de Rawson con destino a Chile y a La Habana, destacó el valor de la unidad en su alocución. Para eso, aclaró que “logramos la unidad con una fórmula muy sencilla: creamos una mesa de acuerdo con los puntos que teníamos en común, para profundizarlos como base y una mesa de ‘acuerdo de los desacuerdos’, para puntualizar los temas donde teníamos diferencias políticas”.

El exministro de Producción de la Provincia de Río Negro consideró que ésa fue “una hazaña colectiva de más de 130 hombres y mujeres organizados” y, además, que “hubo un uso correcto del efecto sorpresa, porque los militares no esperaban que la fuga viniera desde adentro hacia afuera”.

Vaca Narvaja destacó la presencia en el acto del exguardiamarina Julio César Urien, dado de baja de la Armada por rebelarse en noviembre de 1972 contra el mando antiperonista y aseguró que “el enemigo no se dio cuenta de que cuando pasaban a retiro a Urien, lo convertían en un jefe montonero”.

Cerró el acto Raquel Camps, hija de Alberto Camps –que fue uno de los tres sobrevivientes de los fusilamientos de Trelew- y de María Rosa Pargas. Ella fue una de las artífices del enjuiciamiento a Roberto Bravo, el único asesino que quedaba libre de culpa y cargo hasta el dos de julio último, cuando un tribunal de Miami (EE.UU.) lo condenó por los fusilamientos a sangre fría de Eduardo Capello, Rubén Bonnet y Ana María Villarreal de Santucho y por el intento de fusilamiento de Alberto Camps, su padre.

Camps recordó que “mis padres se conocieron en el penal de Rawson a través de un hueco que habían hecho los compañeros y ahí nació su historia de amor, historia que pude ir reconstruyendo gracias a los recuerdos, las miradas y las palabras de quienes los conocieron y pelearon a su lado”.

Acerca de la trayectoria del entonces teniente de corbeta Roberto Bravo, uno de los fusiladores de la Base Aeronaval Almirante Zar, la joven expresó que “hace poco, en Estados Unidos, pusimos de rodillas al monstruo, en un juicio por jurados, formado por personas de la clase trabajadora norteamericana, pero lo que más satisfacción me dio fue que cuando salían, dos de los jurados se dieron vuelta y nos aplaudieron. Eso, para mí, fue un triunfo”, manifestó la mujer, que casi no conoció a su padre, que fue asesinado cuando era una niña.

Vaca Narvaja y las fechas simbólicas

Tras el cierre del acto, Noticias Urbanas dialogó con Fernando Vaca Narvaja, que declaró que “acá nos juntamos hoy con compañeros que estuvieron nueve años presos, compañeros que estuvieron secuestrados en la Escuela de Mecánica de la Armada y sobrevivieron, viejos compañeros con los que hacía años que no nos veíamos, como los que vinieron desde Chaco. Fue una profunda emoción, además, recordar a los compañeros nuestros de Trelew, porque con todos ellos tenemos una unidad no sólo teórica o ideológica, sino de sangre, que es muy fuerte”.

NU: Ahora, que pasaron 50 años y terminan de condenar a Roberto Bravo en Estados Unidos y quizás se logre su extradición…

VN: Eso es lo que vamos a intentar. Fijate lo simbólico de la historia y de las fechas: a los 40 años de los fusilamientos de Trelew se hizo el juicio, en el que se condenó a la mayoría de los culpables, del cual se salvó Bravo, gracias a Estados Unidos y al apoyo de la CIA. Ahora, a los 50 años, cae Bravo. Pareciera como que el reloj de la historia te va marcando los tiempos. Ahora hay un antecedente para extraditarlo a este atorrante, vinculado al narcotráfico y al tráfico de armas.

NU: Lo acusan de haber estado en Centroamérica, traficando diversas baratijas…

VN: Nosotros en Centroamérica los hemos sufrido. Acordate de Guglielminetti, el agente que nos hizo varios atentados en la Radio Noticias del Continente, que era la radio que después se conoció como Radio Sandino.

NU: Ahora, ¿qué queda en estos días para recordar a los 16 militantes asesinados en Trelew?

VN: Vamos a viajar a Trelew y a Rawson, donde hay varios actos pendientes. Es impresionante lo que despierta Trelew en todo el país. Es realmente notable. Y te diría que la tarea más importante que nos queda es ganar en 2023, que sería el mejor homenaje a los compañeros. De todos modos, así como en 1973 –date cuenta de que en 2023 se harán 50 años del Luche y Vuelve, por eso hablamos del reloj de la historia- la juventud se puso al hombro la campaña electoral, ahora hay que ponerse al hombro esta campaña electoral. Me importa un carajo que les guste o no les guste a algunos, pero tenemos que ganar y tenemos que impedir que gane Cambiemos en 2023.

NU:¿Cómo se hace para ganar?

VN: Tiene que haber PASO. Tiene que haber participación y, fundamentalmente, tiene que haber un acuerdo programático. No tiene que haber sólo un acuerdo electoral, porque no sólo hay que ganar una elección. Hay que transformar a la Patria.

Raquel Camps: “La estocada al monstruo”

A continuación, Noticias Urbanas habló con una de las heroínas de la fecha, Raquel Camps, la hija de Alberto, uno de los tres sobrevivientes de la Masacre, que salvó su vida milagrosamente en ese infierno desatado por el pelotón de asesinos a sangre fría liderado por Luis Sosa y Roberto Bravo.

La joven expresó que “la estocada al monstruo –en referencia a Bravo, que por 50 años eludió sus deudas con la Justicia- que era el único que quedaba impune de los asesinos de Trelew, protegido por Estados Unidos, trabajando para el Pentágono, multimillonario, fue definitiva. Nosotros habíamos pedido la extradición en 2010, que fue denegada. En 2014 la volvimos a pedir, cuando quedó la sentencia firme en el juicio en Argentina por la Masacre de Trelew, pero todavía estamos esperando, porque no hay plazos. Entonces, con el Centro de Justicia y Rendimiento de Cuentas (CJA), nos asociamos con un estudio jurídico de Miami e iniciamos esta demanda civil, como una estrategia para abrir una puerta más para lograr la extradición. Ésta la debería decidir la jueza que presidió el jurado que lo termina de condenar.

NU: ¿Fue inesperado para ustedes conseguir llevarlo a juicio?

RC: Sí, la verdad es que fue algo que trabajamos mucho los familiares, hasta que por fin lo logramos. Fue un juicio civil, por jurados, que duró cinco días, en los que nuestro mejor testigo fue el propio Roberto Bravo. Dijo: yo vacié el cargador de mi ametralladora y fue en defensa propia. En un momento se paró –está físicamente impecable a sus 80 años- hablando en inglés, a pesar de que había muchos jurados que hablaban español e hizo una representación de cómo había sido el momento en que Pujadas le habría sacado el arma al capitán Sosa. Lo que él no sabía es que nosotros teníamos un perito clave, que es Guillermo Pregliasco, físico del Instituto Balseiro, que había rescatado la puerta en la que estaba el famoso balazo que según Bravo y Sosa Pujadas les había disparado desde abajo. Pregliasco, cuando declaró, dio cuenta del trayecto que había hecho la bala y, de acuerdo con el impacto contra la puerta, Pujadas debería haber disparado desde arriba de la cabeza, lo contrario a lo que habían dicho Sosa y Bravo. A nosotros nos corría la prescripción, pero lo bueno es que la jueza determinó que los jurados tenían bastantes argumentos como para decidir si la causa estaba prescripta o no y decidieron que no.

NU: Decidieron siete jurados que son de la clase trabajadora norteamericana, según dijo usted…

RC: Siete laburantes norteamericanos, muchos de ellos latinos. El viernes ése la jueza había adelantado que no les iba a dar un plazo para que decidieran, porque a veces tardan mucho, pero sólo tardaron dos horas. Se sabe que el fallo tiene que ser por unanimidad y que es una decisión soberana, que no se puede apelar.

NU: Después de votar los jurados, ¿es la jueza la que decide la pena?

RC: No, es el jurado el que decide todo y en este caso condenó a Bravo a pagar 24 millones de dólares, porque era un juicio civil. De todos modos, nosotros sólo queríamos que después de 50 años, Bravo estuviera sentado en el banquillo dando explicaciones. Por eso fue un triunfo para nosotros, que salimos cantando “como los nazis, como en Vietnam, adonde vayan los iremos a buscar”. Después, cuando bajaron los jurados, nos aplaudieron. Eso fue increíble.

22 de agosto de 1972: La Patria Fusilada

Hacia el año 1972, una dictadura represora se ensañaba con los argentinos. Sus personeros practicaban frívolamente los vergonzosos deportes de entregar los recursos naturales a las civilizadas potencias europeas, de acabar con la libertad, de proscribir la actividad de los partidos políticos, de impedir que los sindicatos discutieran salarios y condiciones de trabajo y, para rematar, de recluir en obscuras prisiones a todos los que luchaban para terminar con la ignominia que ellos mismos encarnaban. La tortura y el exterminio de sus opositores eran sus objetivos, para lo cual contaban –como ocurre a veces- con una justicia que no era ciega, ni imparcial, ni daba “a cada uno lo suyo”. En resumen, a la Dama de la Justicia se le había caído la venda.

En ese marco de corrupción y entrega, las conducciones de las organizaciones armadas que combatían a la tiranía decidieron recuperar a sus militantes, que estaban encerrados en la cárcel de Rawson bajo duras condiciones de cautiverio.

Sus principales cuadros de conducción se encontraban juntos, encarcelados en la cárcel patagónica, desde donde se decía que jamás podrían evadirse. Aquí se pueden destacar dos errores fundamentales de los dictadores: dar por sentado que nadie podía fugarse de Rawson y reunir a los principales jefes guerrilleros en una misma prisión.

Entretanto, el presidente que usurpaba la Casa Rosada ostentaba como único mérito haber egresado del Colegio Militar y desarrollado una carrera militar, a lo largo de la cual se había tropezado constantemente con la mediocridad. Se llamaba Alejandro Agustín Lanusse, Cano para los amigos, cuyo nombre quedó grabado a fuego en la historia como dictador, asesino y entregador de la riqueza nacional, aunque su figura haya sido opacada años más tarde por el aún más salvaje asesino, Jorge Rafael Videla.

La orden de fusilamiento siguió el orden de la cadena de mando que regía en Argentina en ese tiempo de iniquidades. Desde Lanusse siguió el derrotero que pasaba por las figuras del almirante Guido Natal Coda (jefe de la Armada); del brigadier general Carlos Rey (jefe de la Fuerza Aérea); del contralmirante Hermes Quijada (jefe del Estado Mayor Conjunto y que fue quien leyó el absurdo comunicado en el que la dictadura intentó imponer la versión del “intento de fuga”); del general Eduardo Betti (jefe de la IX Brigada de Infantería, que dirigió el operativo de represión); del capitán de navío Rubén Pacagnini (jefe de la Base Aeronaval Almirante Zar); del capitán de fragata Luis Sosa (jefe de la Infantería de Marina acantonada en la base Almirante Zar) y del teniente de corbeta Roberto Bravo (el oficial superior en el lugar de los fusilamientos).

Para el final queda la consideración de los civiles que estuvieron a cargo de las diligencias posteriores. Ellos fueron el ministro del Interior, Arturo Mor Roig, un radical “prestado” por su partido para que “colaborara” con la dictadura, sin ensuciarse demasiado las manos –algo casi imposible- y Jorge Quiroga, entonces juez de la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, que era conocida en la Justicia como “el camarón”. Estos últimos, al igual que el contralmirante Quijada, fueron abatidos en sendos atentados entre 1973 y 1974 por una organización guerrillera de izquierda.

Ya pasaron 50 años desde aquellos sucesos, pero los asesinos aún no tienen paz.

Los fusilados, en cambio, arden en la memoria que mata al olvido.

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