Rogelio Frigerio: «El populismo es lo opuesto al desarrollismo»

Rogelio Frigerio: «El populismo es lo opuesto al desarrollismo»

Por Laura Di Marco

Preside la Comisión de Presupuesto. Afirma que el gobierno K “ha destruido el Estado” y que la sociedad registra su ausencia en la seguridad, en la educación, en la salud y en el transporte.


La receta populista, que apuesta a ganar las próximas elecciones y tiene su eje puesto en el consumo en lugar de en el desarrollo, es lo opuesto a un proyecto de país que piensa en el largo plazo”, dice Rogelio Frigerio (43), economista y diputado por el Pro. Y la frase sería una más desde la arena de la oposición, donde suelen describir a la década kirchnerista como aquella en la que se perdió la oportunidad de generar un proyecto de desarrollo de país de largo aliento, si no fuera porque quien la lanza es el nieto del fundador del desarrollismo, aquel Rogelio Frigerio que, junto con Arturo Frondizi, creo la idea de “desarrollismo” en la Argentina.

Frigerio nieto fue elegido diputado por la Ciudad en 2011 y, según cuenta en la contra de Noticias Urbanas, cree que Macri es lo más parecido a un Frondizi actualizado. “Es más, cuando Mauricio se acercó a mí, me dijo que lo hacía porque creía en el proyecto de desarrollo que habían concebido mi abuelo y Frondizi.”

–Entonces, ¿por qué la Argentina crece pero no se desarrolla?

–Justamente porque el proyecto populista, que siempre piensa en las próximas elecciones, es lo opuesto a un proyecto de desarrollo. Entonces, cuando hay un contexto externo favorable, excepcional digamos, como fue la última década, la Argentina crece, y cuando no lo hay, ni siquiera crece. Para que la Argentina se desarrolle tendríamos que estar pensando no solamente en cómo aumentar el consumo, como hace el kirchnerismo, sino en cómo hacer sustentable un modelo de crecimiento, a través de la inversión, y la Argentina –hay que recordarlo– no está recibiendo inversiones externas. Deberíamos explorar mercados competitivos, generar más Estado y fortalecer las instituciones. Es decir, todo al revés de lo que se está haciendo.

–Sin embargo, hoy tenemos más Estado que en los 90. El kirchnerismo lo ha reconstruido y eso no lo puede negar.

–No, el kirchnerismo lo ha destruido. Bueno, obviamente que si comparamos los indicadores sociales con 2001, las cuentas dan a favor. Pero en el medio hubo una década de extraordinaria bonanza, y sin embargo ese crecimiento no se ha reflejado, por ejemplo, en que podamos incluir en la clase media a los compatriotas que hoy viven en la pobreza, como sí lo han hecho otros países limítrofes, como Chile, Brasil y Uruguay, aprovechando estas condiciones externas de excepción.

–Usted menciona Chile, pero el conflicto estudiantil dejó al descubierto que se trata de una sociedad mucho más desigual que la Argentina.

–Por supuesto, pero lo que hay ver es la película, no la foto. Chile hace dos décadas atrás era mucho menos equitativa de lo que es hoy; sin embargo, a la Argentina le sucede al revés. Si lo medimos con relación a hace 30 años, la brecha entre pobres y ricos ha aumentado. Según nuestros números, uno de cada cuatro argentinos es pobre y uno de cada diez es indigente.

–¿Por qué dice que no hay Estado?

–No hay Estado porque existe una confusión sobre dónde tiene que intervenir el Estado, y dónde no. La sociedad registra ausencia de Estado en la seguridad, en la educación, en la salud, ni que hablar de los transportes o del control de nuestras fronteras. Entonces, se tilda al proyecto de Mauricio por ser de derecha y conservador, pero ha construido mucho más Estado que el kirchnerismo. Y cuando se hacen esas cosas que el Gobierno no hace a nivel local, porque lo que ha hecho Macri en materia de transporte en la Ciudad es revolucionario, no se apoyan esas medidas desde la oposición.

–Pero la política previsional del Gobierno ha beneficiado a mucha gente que, por ejemplo, pudo jubilarse sin tener los aportes necesarios. De hecho, gran parte del electorado del kirchnerismo son los jubilados, que habían sido olvidados por los anteriores gobiernos y hoy aumentaron su calidad de vida.

–Los jubilados han sido tan maltratados históricamente que cualquier mejora es vista como un paso gigante, cuando en verdad estamos hablando de lo que podría haber hecho un Gobierno que contó con más recursos que ningún otro en los últimos 50 años. La política provisional de este gobierno es un avance pequeño, y muy inferior al que podría haberse dado si realmente se hubieran aprovechado las oportunidades para sentar las bases de un desarrollo serio en esta década. Te pongo un ejemplo: la presión tributaria que aplicó este gobierno generó unos 300 mil millones de dólares con relación al esquema tributario anterior. Parte de ese excedente fue a los dos millones y medio de personas que lograron jubilarse, pero esa bonanza no alcanzó para aplicar el 82 por ciento móvil. El Gobierno exprimió todo el jugo de la bonanza.

–De todos modos, la deuda sobre el desarrollo no parece solo achacable a este gobierno sino a la política en general. ¿O usted cree en economistas gurús? ¿Por qué podría Macri hacer lo que no hizo la política en 50 años?

–No, yo creo que la política debe liderar la economía, como decís. Por eso no estamos pidiendo que los líderes de la oposición se sumen a un frente nacional. Los problemas de la política argentina y de la economía son tantos y tan complejos que no creo que haya algún gurú o una persona en particular que pueda arreglarlos. Nadie pide que se pinten de amarillo.

–Pero sí les gustaría sumar peronismo a Pro.

–Desde luego. Lo mismo que buscaba Frondizi hace 50 años generando un frente; quería sumar a una parte del PJ, de lo contrario es muy difícil generar transformaciones.

–¿Cómo se resuelve el problema de la inflación sin un ajuste feroz como los que vivimos?

–Allí hay un error de concepto porque el ajuste es la inflación en sí misma. Se ha gastado mucho tiempo en diagnosticar y en explicar la inflación, cuyas causas son múltiples. Primero, se tardó en reconocerla; luego, las causas. Yo compro cualquier explicación. Lo que pido es que este gobierno la resuelva o que empiece a atacar alguna de sus causas. Aquí existe la creencia de que sin inflación no hay crecimiento, creencia que, salvo rarísimas excepciones, está desterrada en el mundo. En cualquier país medianamente normal a la inflación se la controla.

–Pero, convengamos, no estalló nada como ustedes decían.

–Yo nunca dije que iba a estallar nada. Pero sí puedo decirte que, en los países de la región, que también se están beneficiando, nadie discute la inflación como un problema central. Y aquí en lugar de sentar las bases del futuro estamos pensando en cómo resolver el problema de la estanflación (bajo crecimiento con inflación alta), si se produjera. Hasta en eso atrasamos. Por lo demás, con estas condiciones externas, podemos tener alta inflación por largo tiempo. Pero, claro, con los costos políticos y sociales que ya conocemos.

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