Dilema y misterio en el cierre del Frente de Todos porteño

Dilema y misterio en el cierre del Frente de Todos porteño

El FdT no quiere el síndrome Fimus pero no se encarrila para evitarlo. La necesidad de cambiar la estrategia para ser competitivo.


El Frente de Todos vendría a ser como una continuidad histórica de lo que fue el Partido Justicialista de la Ciudad (PJ porteño) durante tantos años y elecciones, incluidas las de la época kirchnerista, en la cual hubo otros frentes.

Con una decena o quizás más -entre partidos y sellos pequeños que lo integran, veremos cuando cierren las alianzas- es hoy un espacio que con la base troncal en el PJ y aglutina a casi toda la centroizquierda del distrito.

Sin embargo, a todo ese supuesto poderío de amplitud partidaria, se lo puede resumir fácilmente en quienes conducen el PJ hace ya algunos años que son Juan Manuel Olmos con el Nuevo Espacio de Participación y La Cámpora que funciona de aliada y es conducida en el distrito por el hoy senador Mariano Recalde. Junto a Olmos –en una relación fluctuante suele estar el gremialista Víctor Santa María, hasta hace poco mandamás del Consejo y hoy presidente del Congreso partidario.

La conducción del partido la ejercen hoy Mariano Recalde (Cámpora, que tiene algunas diferencias con Máximo aquí) y María Rosa Muiños (diputada NEP, y esposa de Olmos) en una alianza con esquema rotativo, que funcionó ordenando al “sistema” pero que hoy, a la luz de los nuevos escenarios, no puede definir como antes las listas de diputados nacionales y locales para este 2021.

El peronismo porteño tiene que cumplir tres premisas para ser competitivo en esta elección. El visto de bueno del armado nacional habida cuenta que Alberto fue presidente del mismo y sobre todo Cristina (y aliada a a ella la Cámpora) que fue la base del triunfo nacional. Esa premisa estaría cumplida con La Cámpora y Alberto. En segundo lugar, tener al hombre que conoce a la perfección la botonera completa del distrito y una articulación de primer nivel con todos los sectores, y ese hombre es Juan Manuel Olmos, nada menos que el jefe de asesores del Presidente.

Pero falta la tercera premisa, el hombre que traiga los votos. Y son necesarios para aumentar la cantidad de diputados nacionales y legisladores, para condicionar las políticas del oficialismo y generar mejores expectativas para 2023.

El kirchnerismo más duro o más blando nunca tuvo un caudal de votos importante en la Capital. Por eso se necesitó de emergentes para que no encabezaran. Durante años –y le valió ser recordado por eso, más allá de su presente- Daniel Filmus clavó al PJ debajo del 27 por ciento de los votos, siendo la del 2007 con el 21,7 por ciento la más recordada y ese estigma se rompió precisamente en el 2019 con la irrupción del esquema antes descrito, pero con la candidatura a jefe de Gobierno de Matías Lammens que llegó a superar el 35 %.

El actual ministro de Turismo deshojó la margarita y al final declinó su candidatura para este año dejando al Frente en una situación difícil para retener ese nivel de apoyo. Quienes lo frecuentan dicen que ya habló con Alberto y que no revería su postura. Su dilema es que necesita competir ahora si quiere el 2023, una porque es el momento y basta con mirar al resto de las fuerzas políticas, y otra que nadie le garantiza su continuidad al frente del ministerio hasta ese año.

Habida cuenta que María Rosa Muiños no puede repetir su diputación, es actualmente vicepresidenta II de la Legislatura, y tampoco desea una candidatura nacional, el NEP se ve obligado a pensar bien la jugada ya que sus dos principales figuras no estarían representadas.

Si bajara Lammens, un dirigente progresista -onda Frepaso-  todo se acomodaría mejor. Pero sin sus votos y sin la presencia del jefe natural que es Olmos, el panorama pinta para volver al «karma» Filmus, ese es el horizonte que enfrenta un todavía no confirmado, Leandro Santoro. 

Salvo que algunas de estas condicionen cambien y jueguen fuerte en este turno algunos de estos dos jugadores, ya que a Cecilia Nicolini sola y debutando, no se le puede pedir cargarse la elección más allá de sus virtudes. El peronismo sigue pensando, hay que pasar el 32 por ciento y están las armas. ¿Las usarán?

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