Campolongo: “Como peronista, ni Alberto, ni CFK me convencen”

Campolongo: “Como peronista, ni Alberto, ni CFK me convencen”

Entrevista de Noticias Urbanas con el periodista, abogado, psicólogo y docente Carlos Campolongo.


Desde su rol como psicoanalista, ¿usted cree que, a nivel emocional y psíquico, se ha terminado la pandemia en nuestro país?

Desde lo biológico, se puede interpretar que no ha terminado o que nunca ha existido. Es una discusión que se esclarecerá en el futuro. No me considero conspiranoico, ni soy antivacunas, pero me resisto a creer que el virus tiene un origen natural. Siento que se vincula con intereses de ciertos sectores como son, por ejemplo, los laboratorios. Ahora, desde el punto de vista psíquico, estoy seguro de que la pandemia continúa, porque ha dejado vestigios de todo tipo. Y el problema es que nunca fueron considerados por el Gobierno Nacional. Dos o tres meses después de que se haya declarado la pandemia, yo sostuve públicamente que era necesario que existiera un equipo de expertos para lidiar con estos temas y desarrollar políticas públicas al respecto. Recién, un año después, se incorporó a una psicoanalista y médica psiquiátrica a la mesa de trabajo del Gobierno. Lamentablemente, la convocaron para muy pocas reuniones y no hicieron un trabajo denso sobre el tema.

¿Cree que esas consecuencias negativas fueron profundizadas por la longitud de la cuarentena? ¿Y qué opina sobre los protocolos de limpieza que dominaron los medios?

Sí, empeoró la situación. La pandemia era sujeto de una ezquizoparanoia porque un día se decía algo y al día siguiente, todo lo contrario. No hubo claridad sobre cómo debía ser la conducción de un problema de excepcionalidad. También, desaparecieron todos los epidemiólogos. Ahí, es donde yo me recuesto para pensar sobre un concepto crucial: el miedo. Conocí muchísimas personas que, cuando volvían de hacer las compras, limpiaban todo con alcohol. Y esto nos habla de cómo se desató un núcleo obsesivo. Todos tenemos un lado obsesivo, pero esta situación lo exacerbó. Y condicionó conductas que, hasta el día de hoy, perduran. Ante el miedo y la incertidumbre, muchas conductas se tornaron violentas en lo defensivo y en lo ofensivo. Yo sigo en la búsqueda de la verdad.

¿Y qué opina sobre las teorías de «control»?

Según teóricos como Michel Foucault, se pasó del disciplinamiento de las sociedades al control. En el disciplinamiento, te sentís libre y a gusto. En el control, hay coacción. Sigo investigando sobre el tema. Siento que el que mejor sintetiza este concepto es el surcoreano Byung-Chul Han, en su libro «Infocracia». Allí, él habla del dominio de la información. Esto lo vemos, por ejemplo, cuando compramos un producto. Estás buscando un lavarropas y, al instante, te empiezan a bombardear con información sobre electrodomésticos. Pero, ya que hablamos de la información, siento que necesito instruirme más sobre el tema. Lo que sí, puedo plantear dos cosas. Primero, que me resisto a denominar «conspiracionismo» a cierta interpretación de los hechos. ¿Por qué? Porque en la política siempre existe una dimensión de lo secreto. Y segundo, que el promedio de las personas no gozamos de dicha información porque también nos derivan agendas que no son pertinentes.

¿Cuál cree que hubiera sido el escenario si Mauricio Macri hubiese ganado?

Está muy instalado, especialmente en el oficialismo, que si Macri hubiera ganado, hubiera sido una catástrofe. Si yo tengo que dar una opinión sobre lo que fue el gobierno de Macri en materia de salud, diría que fue ambiguo, y que se bajó la categoría de un servicio que, en el peronismo con Ramón Carrillo, lograron que sea ejemplar. Carrillo entendió que la salud no era solo lo biológico, sino también lo social. Ahora, decir cómo hubiera sido la pandemia con Macri y… me parece que son más especulaciones que otra cosa. Es contra fáctico. Sería imprudente de mi parte hacer una estimación como si fuese Kreplak.

Y volviendo a lo que sí está ocurriendo, ¿qué opina de la interna dentro del oficialismo? ¿Quién cree que personifica mejor al peronismo? ¿Cristina o Alberto?

Yo, filosóficamente hablando, soy cada día más peronista. Aunque, tengo mis dudas sobre su prolongación. Pero volviendo a tu pregunta… ¿Quién se asemeja más? Ninguno. En el caso de Alberto, porque, como lo demuestra su biografía política, es un operador político. Estuvo con Alfonsín y con Menem, en puestos de, podríamos decir, segundo nivel y también, de primer nivel. Cuando fue legislador conmigo, entró por el cavallismo. Muchas veces, él ha venido a mi oficina y hemos conversado. Él no tiene una formación política profunda. En este sentido, con todo respeto, lo definiría como oportunista político. En el caso de Cristina, pretende ser una dogmática. Esto se alimenta con las ideas de Laclau, que revisa la teoría política de «amigo-enemigo» de Carl Schmitt con el objetivo de expandir la democracia, pero termina cayendo en un totalitarismo que, a su vez, está a la vuelta de la esquina de la autocracia. Ambos sostienen que la política es un momento de excepcionalidad. Se habla de los consensos, pero a los dos minutos se pasa al decisionismo. ¿Y qué es el decisionismo? En palabras de Luis XIV: «El Estado soy yo». Y esta es una tentación en la que muchas veces ha caído el peronismo. Perón, cuando vuelve en 1973, vuelve habiendo entendido que los tiempos cambian. Tenía una capacidad de adaptación política maravillosa. Y por ahí pasa el asunto. Ni Alberto, ni Cristina me conforman. Tendrían que liberarse de las pulsiones destructivas.

¿Cree que el peronismo es inherente a la política argentina?

Hay cierta idiosincrasia con respecto al peronismo. Hay un viejo chiste en donde le preguntan a Perón cómo está dividido el electorado, pero nunca menciona a los peronistas. Cuando le preguntan sobre esto, él contesta: «Peronistas son todos». Yo creo que es imborrable de la memoria colectiva de la Argentina. No se puede volver al Pre-Peronismo. Y eso que hubieron muchos intentos y con mucha sangre. Esta característica mantiene la pendularidad de nuestra política y le pone límites a los extremos, ya sean de derecha o de izquierda. Hay una búsqueda de cierta estabilidad y más después de todas las crisis que estamos atravesando.

En ese sentido, ¿qué opina de Javier Milei? ¿Ve factible que gane la presidencia el año que viene?

Sí, puede llegar a ser Presidente. No me animaría a decir que no. Ya vimos los casos de Bolsonaro y de Trump, que tienen mecanismos comunicativos muy similares. Podríamos llamarlos, con tantas palabras fetiches que hay, «Populismo de Derecha». De todas formas, creo que Milei responde más a un fenómeno de insatisfacción con el establishment político. Creo que tiene que ver con algo más psicosocial, que estrictamente político. Cuando conversás con las personas que simpatizan con las ideas de Javier, ves que no saben muy bien de qué se trata.

Su colega, Viviana Canosa, estuvo en la Feria del Libro con Javier Milei. En un momento determinado, Canosa dijo que «las mujeres no somos víctimas». ¿Qué piensa que quiso decir?

Yo sé perfectamente lo controversial que es la personalidad de Viviana. Pasa que, en lo personal, yo le tengo mucho cariño. Cuando yo fui censurado, hace tres años en Canal Nueve, se ha portado, desde el punto de vista del compañerismo, muy fraternalmente y peleó para que me levantaran. Más allá de eso, obviamente que no estoy siempre de acuerdo con ella. Muchas veces hasta lo hacemos público. Yo creo que el espíritu de lo que dijo se vincula con ir en contra de un discurso bastante dominante de cierto tipo de ideología de género. Un tipo de ideología que no hace una buena lectura de lo que fue la evolución del humano. Creen que siempre existió el patriarcado y eso no es así. Tampoco creo en las exageraciones. Creo que lo que Viviana quiere transmitir es que no hay que demonizar a todos los hombres. Te lo dice alguien que, durante los trece años que estuve casado, dividía las tareas con mi mujer que además era médica. Y nadie niega que los crímenes, abusos y ataques contra las mujeres deben ser condenados. Me preocupa mucho y, especialmente, desde el punto de vista psíquico. Estamos viendo tipos de violencia como nunca antes. Desde un tipo que acuchilla a una mujer en una confitería hasta casos aún más crueles.

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