Cambiemos saca pecho y va por los votos duros de Cristina

Cambiemos saca pecho y va por los votos duros de Cristina

La Provincia de Buenos Aires es la diva de los comicios por concentrar el 38 por ciento del padrón.

Vidal y Esteban Bullrich cada vez más entusiasmados

Faltan unos pocos días para que el 17 de septiembre, según la fecha que fijó la Cámara Nacional Electoral, comience el período legal para la campaña y se retomen las actividades proselitistas en todo el país de cara al 22 de octubre. La provincia de Buenos Aires, que siempre anda con la mochila a cuestas de ser la diva de los comicios por concentrar el 38 por ciento del padrón, se recibe de vedette: es el único distrito en el que el primero y el segundo más votados comparten el número (34%), llevando al clímax la expectativa y prometiendo un octubre consumido por la hoguera de la polarización.

Montado en un resultado en las PASO más robusto de lo imaginado y con mejores datos económicos en la mano, Cambiemos saca pecho y apunta en esta segunda fase a disputarle a Cristina Kirchner las localidades del conurbano que representaron el mayor caudal de votos para Unidad Ciudadana. Desde el comando de campaña del Pro bonaerense revisan los estudios encargados para analizar microscópicamente los votos cruzando franja etárea, localidad y nivel de participación de votantes, entre otras variables. Y creen, además, que el triunfo por poco de la expresidenta es una razón más para ir a pelear las localidades del conurbano bonaerense en donde el kirchnerismo obtuvo el mayor diferencial de sufragios con respecto a Cambiemos, haciendo eje, claro, en la imagen de la gobernadora María Eugenia Vidal.

«La idea es discutir los votos en donde gobierna el PJ y hacerlo desde abajo. Ir al territorio y aspirar a que el que votó a Cristina pueda cambiar su voto para nosotros», explica uno de los cerebros de la campaña oficial. Otra voz relevante y con poder de decisión difiere y cree que «quien votó al kirchnerismo es casi imposible que cambie su voto por Cambiemos», aunque más allá de los matices, está tomada la decisión de incrementar la presencia en los barrios del segundo y tercer cordón del conurbano en donde el voto le es más esquivo.

«Es hora de ir a pelear los votos al fondo de La Matanza, y que ellos [el peronismo] tengan que ir a defenderlos, para no darles margen de que crezcan y puedan tener la oportunidad de dedicar tiempo y recursos para buscar los votos de [Sergio] Massa en zonas de Ramos Mejía, por ejemplo», grafica uno de los jefes de campaña.

En Pro creen que para poder obtener un triunfo por más de dos puntos sobre Cristina el 22 de octubre hay que «plantear la discusión en donde ganan y evitar la inercia que permita que crezcan por la polarización», por lo que concentrarán esfuerzos en «meterse en circuitos difíciles». Esos circuitos esquivos a Cambiemos son La Matanza, Lomas de Zamora, Merlo, Moreno, Florencio Varela y otros 15, todos gobernados por el peronismo, y que representan 5.700.000 votantes.

Allí Cambiemos invirtió esfuerzos en los denominados «candidatos sin tierra» –funcionarios a los que se les pidió ir a competir como concejales a nivel local–, aunque el resultado fue magro: solo ganaron Lucas Delfino en Hurlingham, Ramiro Alonso López en San Martín y Gabriel Pozzuto en Ituzaingó. El agujero negro que más preocupa al Pro sigue siendo La Matanza: la diferencia en contra que debe remontar es de 320 mil votos a favor de Cristina, y que no logran licuarse con los resultados a favor en Mar del Plata y La Plata.

A ello está abocado el intendente de Vicente López, Jorge Macri, a cargo del aspecto territorial de la campaña y que trabaja codo a codo con el jefe de campaña provincial, Federico Salvai. En la Tercera Sección esperan también que se exporte el modelo Grindetti: ganó su distrito a nivel local y Cambiemos perdió por poco ante Unidad Ciudadana, mejorando el registro de la primaria anterior. Teléfono para el quilmeño Martiniano Molina, que prepara una andanada de apariciones en medios nacionales para remontar en su distrito y relanzar su gestión.

La amplificación de la bajada territorial también cuenta con el aval del asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba. “Él bendice todo lo que hacemos en el territorio. Lo ve complementario, solo que no lo dice en voz alta porque es más de lo mismo y no vende libros”, admite un encumbrado macrista.

Otra definición tomada es que el «equipo de candidatos», integrado por los aspirantes a senadores, Esteban Bullrich y Gladys González, y a diputados, Graciela Ocaña, Toty Flores y Guillermo Montenegro, comenzará a caminar por separado el territorio bonaerense, «cada uno con su perfil propio y su agenda de temas», a diferencia de lo que fue la campaña antes de las PASO, en las que solía moverse en grupo.

En Cambiemos también buscan salir a «seducir a aquellos que no fueron a votar», ya que, según los números que manejan, hubo entre un dos y un tres por ciento de menor afluencia de votantes con respecto a las primarias de 2015, justamente en los circuitos electorales que le son más favorables.

Otra esperanza que mantienen para poder sacar una diferencia con respecto al kirchnerismo –más allá de la polarización y el clima general de campaña, responsabilidad del jefe de estrategia, Marcos Peña– es el efecto primarias: «Las internas en las elecciones legislativas tienen la trampa de que algunos de los que pierdan no tienen mucho interés o motivación en salir a militar con igual intensidad por el que lo derrotó en la PASO, y en el peronismo hubo muchas internas a nivel distrital».

Pero en las últimas semanas la sombra de un escándalo político de envergadura empezó a asustar por sus posibles repercusiones. Si bien es prematuro y no lo tienen medido en encuestas, no son pocos quienes temen que la desaparición de Santiago Maldonado y el controvertido accionar del Gobierno terminen afectando la intención de voto. La enfática e insistente partidización del tema por parte del kirchnerismo y sus afines mediáticos y en los organismos de derechos humanos logró calar hondo y enciende una luz de alerta para octubre. Cuando el horizonte se veía despejado, en Cambiemos ruegan que Maldonado no sea el nombre de su tormenta perfecta.

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