«Argentina hoy forma parte de un activo tecnológico singular a nivel internacional»

«Argentina hoy forma parte de un activo tecnológico singular a nivel internacional»

Sabino Vaca Narvaja hizo un análisis sobre la relación bilateral entre China y Argentina y lo que se viene en materia de energía y tecnología.


Sabino Vaca Narvaja recordó una carta que escribió acompañado por Isidro Baschar, titulada «Argentina y China: a 10 años del inicio de las negociaciones para la construcción de una central nuclear en Argentina», en la cual realizaron un anáisis sobre la relación entre ambos países y lo que se viene en el plano energético y tecnológico.

Asimismo, los especialistas hicieron hincapié en que «el gobierno de Alberto Fernández ha expresado su interés en participar del principal proyecto sobre el que el gigante asiático no solo proyecta su política internacional sino sobre la que apuntalará su crecimiento y desarrollo en el futuro, siendo la infraestructura un eje central».

A continuación, la carta completa

En los últimos meses, mucho se ha dicho y escrito sobre el posicionamiento de la República Popular China en el sistema internacional y su eventual rol en el mundo post-pandemia. Quienes nos hemos interesado en el estudio del gigante asiático y las oportunidades para una asociación inteligente con nuestro país, rápidamente comprendemos que —cuando de China se habla— las circunstancias de un mundo en cuarentena representan solo un impasse en la normal ejecución de la estrategia de un país que planifica su desarrollo —y naturalmente, su política exterior— con una mirada de largo aliento.

Recientemente, informes sectoriales dieron cuenta que China, a la cabeza de un grupo países asiáticos, fue la responsable de traccionar la demanda de bienes argentinos y motivo del desplazamiento de Brasil como principal socio comercial. Esta información coincidió con la difusión de un informe del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que dio cuenta de esta situación en perspectiva regional con la clara excepción de las exportaciones de petróleo, por obvias razones: el desplome de su demanda y consecuentemente el de sus precios internacionales de referencia en el medio de una de las peores crisis económicas de la historia del capitalismo.

La energía nuclear y el primer peronismo

Mal que nos pese, la historia de la energía nuclear como acontecimiento político tiene sus orígenes en el desarrollo de las capacidades para fabricar un dispositivo que pretendía terminar con la Segunda Guerra Mundial. Y así lo hizo. Sin embargo, en su libro sobre la historia de la bomba atómica R. Rhodes sostiene, en defensa de la ciencia en general y de la física en particular, que ante la disyuntiva moral que produjo este desarrollo cabe considerar que el despliegue de las competencias que condujeron a su éxito era por entonces inevitable: detener el descubrimiento de la fisión nuclear hubiese requerido detener el estudio de la física. Al mismo tiempo, y en igual sentido, destaca que, si los científicos alemanes no hubiesen dado esos primeros pasos, tarde o temprano hubiesen hecho lo propio científicos británicos, franceses, estadounidenses, rusos, italianos o daneses con semanas o días de diferencia.

Con el diario del lunes, allí radica la singularidad argentina en materia de desarrollo nuclear, claro está, con fines pacíficos: hoy forma parte de un activo tecnológico singular a nivel internacional para un país en desarrollo y fundamental para el progreso nacional, pero también un acervo político indiscutible cuyos orígenes son directamente atribuibles a una visión estratégica que se ejecutó en plenitud durante el primer peronismo.

La anecdótica historia del origen de la energía atómica en Argentina nos cuenta un proceso errático pero único y definitivo para la ciencia y tecnología nacional y, al mismo tiempo, nos invita a pensar que no debemos perder de vista que ese camino que comenzó a transitarse por entonces fue el resultado de una evaluación inteligente del mundo y una aspiración irrenunciable a que nuestro país fuese un actor protagónico en su devenir.[2] De la mano de la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) hace 70 años nació la épica argentina en materia nuclear y hoy explica sus principales proyectos, así como también las capacidades que nos permiten pensar en una asociación estratégica con el gigante asiático.

Cooperación en el campo nuclear

En materia de cooperación nuclear, dos hechos fortuitos alcanzaron su madurez y se solaparon en el momento oportuno: por un lado, tras la reactivación del programa nuclear argentino iniciada en el año 2006 —cuyos principales estandartes fueron el proceso de terminación de la Central Nuclear Atucha II y el inicio de la construcción del prototipo del primer reactor de potencia argentino, CAREM—, nuestro país comenzaba a pensar en la construcción de lo que por entonces el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios (MINPLAN) dio a conocer inicialmente como la “Cuarta Central Nuclear”. De forma paralela, China, tras un camino que había comenzado a recorrer a comienzos de la década de los ochenta cuando incursionó en el desarrollo de sus capacidades nucleares con fines civiles, consolidaba el desarrollo de su tecnología de centrales nucleares y empezaba a apuntalar su potencial exportador.

Concretamente, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma china —a través de sus compañías subsidiarias—, en línea con el interés de promover la globalización de su industria en general y la nuclear en particular, comenzó a impulsar sus capacidades a un alto nivel político y para ello, naturalmente, utilizó y utiliza su influencia económica y diplomática. En este sentido, cabe considerar que entre una de las prioridades para llevar adelante esta estrategia se encuentra el proyecto para la construcción de una central nuclear en territorio argentino.

Las negociaciones comenzaron a cristalizarse el 13 de junio del año 2010 cuando el MINPLAN y la Agencia Nacional de Energía de China firmaron en Beijing un Memorando de Entendimiento en donde, a través de la CNEA, se invitaba a la Corporación Nuclear Nacional China (CNNC) a conocer el plan nuclear argentino y sus principales proyectos. El 26 de agosto de ese mismo año, la CNEA, Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA) y la CNNC suscribieron en Buenos Aires un Acuerdo de Intención de Cooperación en materia nuclear y, posteriormente, la CNNC se presentó en el proceso de calificación de potenciales proveedores argentinos con el modelo ACP-1000 —actualmente denominado HPR-1000—, del que posee los derechos de propiedad intelectual y lo respalda con el dominio completo de su ciclo del combustible nuclear.

Producto de las características de un proyecto como este y el volumen de recursos involucrados, la Argentina no se encontraba en condiciones de afrontarlo en ausencia de un socio internacional. En este caso, y de acuerdo con las definiciones políticas tomadas oportunamente respecto a la estrategia a adoptar por nuestro país de cara a la negociación con proveedores internacionales, la oferta tecnológica debía contemplar la posibilidad de garantizar financiamiento y, al mismo tiempo, estar dispuesta a maximizar la participación de la industria local y asegurar transferencia de tecnología en la medida de las posibilidades.

Estas exigencias posicionaron a la compañía china como el único proveedor que comprendió la robustez de la industria nuclear local y consecuentemente se encontró dispuesto a encarar una negociación para celebrar un contrato que respetara dichas demandas. Fue así como se iniciaron las negociaciones para la construcción de dos centrales nucleares de potencia: por un lado, sobre la base de la experiencia operativa y considerando el desarrollo del Proyecto de Extensión de Vida de la Central Nuclear Embalse, se acordó la construcción de una central nuclear de tecnología de tubos de presión y agua pesada. La famosa “CANDU”, que nuestro país opera desde 1984 en la provincia de Córdoba, fue bautizada así en la década del 60’ por su desarrollador original, Atomic Energy of Canada Limited (AECL), y hace referencia precisamente a su país de origen y a su ciclo de combustible: Canadá, deuterio y uranio natural, respectivamente. Por el otro, se iniciaron las negociaciones para avanzar en un contrato por la ingeniería, suministro y construcción de un reactor nuclear de tecnología de uranio enriquecido y agua liviana tipo HPR-1000 de diseño chino.

Así, en el marco de la visita oficial a la Argentina del presidente de la República Popular China Xi Jinping en julio de 2014, ambos países firmaron el Acuerdo sobre la Cooperación en el Proyecto de Construcción del Reactor de Tubos de Presión y Agua Pesada y en febrero de 2015, en el marco de la visita oficial de la entonces presidenta de la Nación de la República Argentina a Beijing, se firmó el Acuerdo sobre la Cooperación en el Proyecto de Construcción de un Reactor de Agua Presurizada.

En mayo de 2017, en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, se conoció la existencia de fondos chinos para proyectos varios, que contemplarían —entre otras esferas— a la cooperación nuclear. Antes de seguir, queremos dedicar unas líneas a este megaproyecto perfilado por el presidente Xi en el año 2013 y que actualmente se posiciona como una herramienta decisiva para los países de la región, así como para nuestro país, al momento de conseguir financiamiento para la construcción de líneas ferroviarias, autopistas, puentes, túneles, dragado de ríos y, por supuesto, centrales hidroeléctricas y nucleares. Esta Iniciativa habrá de estimular a la vez el comercio intrarregional y la gestación de cadenas regionales de valor. Por eso, formar parte “puede ampliar nuestras posibilidades de financiamiento e inversión en algunos vectores importantes para el desarrollo nacional.”

De forma reciente, el gobierno de Alberto Fernández ha expresado su interés en participar del principal proyecto sobre el que el gigante asiático no solo proyecta su política internacional sino sobre la que apuntalará su crecimiento y desarrollo en el futuro, siendo la infraestructura un eje central. De esta forma, se vislumbra la oportunidad y el interés argentino en consolidar una línea de continuidad a la tarea iniciada cuando el actual presidente de la Nación acompañó a Néstor Kirchner en la gestión y, de forma complementaria, con todos los esfuerzos realizados por la actual vicepresidenta durante sus dos mandatos al frente del Poder Ejecutivo.

Volviendo a la cuestión nuclear y de acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), a la fecha existen 440 reactores nucleares de potencia en operación que representan -en promedio- el 10% de la energía generada a nivel global. Tanto en Argentina que opera 3 centrales nucleares como en China que opera 48, la energía nuclear representa -en promedio- un 5% de la energía generada.

Por su parte, de los 54 reactores en construcción en el mundo, 1 se encuentra en Argentina -el CAREM- y 11 en China, quien en la actualidad junto a la región asiática motorizan la incorporación de capacidad instalada de origen nuclear: mientras que el 31% de los reactores en operación se sitúan en Asia, el 65% de los reactores en construcción se sitúan en esta misma región. Adicionalmente, de esos 54 reactores en construcción, 44 -o el 81%- son de la tecnología tipo PWR que utiliza uranio enriquecido y agua liviana como moderador y refrigerante al igual que lo hará el CAREM argentino o el HPR-1000 chino, a pesar de sus notables diferencias de escala y diseño.

Concretamente, la estrategia de internacionalización de la tecnología atómica china y la comercialización del reactor HPR-1000 se apalancan en un consorcio de bancos dispuestos a otorgar financiamiento y posee dos grandes brazos ejecutores: por un lado, el Grupo General de Energía Nuclear de China (CGN, por sus siglas en inglés) se encuentra enfocado en Europa y la CNNC en el resto del mundo, incluyendo América del Sur y la Argentina, principalmente.[5] La CNNC, a través de su subsidiaria, la Corporación China de Ingeniería de Zhongyuan (CZEC, por sus siglas en inglés) es la responsable de discutir los modelos de proyectos y tipos de contratos con los países con los que se encuentra negociando.

Fundada en 1988 como sucesora del Ministerio de Industria Nuclear, actualmente la CNNC opera 21 de las 48 centrales nucleares en operación en China y está a cargo de 5 de los 11 reactores en construcción en su territorio, incluyendo 3 reactores tipo HPR-1000 entre los que se encuentra la unidad de referencia para la Argentina —Fuqing 5—, próxima a iniciar el proceso de puesta en marcha.[6] Por su parte, la CZEC, fundada en 1992 como plataforma para los proyectos nucleares en el extranjero de la CNNC, se ha posicionado como la primera contratista china de proyectos nucleares en el exterior, entre los que se encuentra la construcción de los primeros reactores comerciales de diseño chino tipo CNP-300 conocidos como Chasma I y II, y la instalación de las centrales Karachi I y II de tecnología HPR-1000, todos ellos localizados en Pakistán.

El gobierno de Mauricio Macri de la mano de una política exterior errática en lo referido a la colaboración con China en grandes inversiones en infraestructura y energía vulneró el vínculo con el país asiático y mancilló los principales proyectos bilaterales en curso, comenzando con el intento de paralizar las obras en los aprovechamientos hidroeléctricos en la Provincia de Santa Cruz y culminando con la cancelación del proyecto de construcción de la central nuclear CANDU. Sobre el final de la gestión, cuando parecía que el contrato por el reactor HPR-1000 avanzaba, los cruces entre el entonces Secretario de Gobierno de Energía y la representación diplomática argentina en Beijing sellaron el final de una etapa amarga para la relación bilateral.

Perspectivas futuras

Actualmente, China ofrece la posibilidad de mantener un vínculo privilegiado debido a su performance como poder emergente tras su ingreso en la Organización Mundial de Comercio (OMC), especialmente si consideramos las necesidades de su enorme mercado interno y las oportunidades que otorga para acceder al financiamiento de grandes proyectos de infraestructura en donde participe como socio. Esta situación ubica a la Argentina en una posición inmejorable, pese a los riesgos relativos a las diferencias en la balanza comercial producto de una tendencia al deterioro de los términos de intercambio en favor de la economía asiática; asimismo deberán tenerse en cuenta las notorias brechas científico-tecnológicas y aquellas relativas a la escala y a la incorporación de valor agregado a los productos y servicios intercambiados.

Frente a un escenario poco alentador para cualquier estrategia de desarrollo —como refleja el informe sobre perspectivas económicas publicado recientemente por el Fondo Monetario Internacional (FMI)— China sigue siendo una oportunidad para consolidar una inserción internacional inteligente y trascender un esquema de vinculación en donde el rol de nuestro país se limite a la provisión de materias primas, o lo que en términos de la socióloga M. Svampa podemos llamar el “consenso de los commodities”. La cooperación en materia de ciencia y tecnología en general, y la colaboración en material nuclear que incluya el financiamiento y la transferencia de tecnología en particular, serán clave en este sentido.

Actualmente, la propuesta financiera china encabezada por el Banco Industrial y Comercial (ICBC) ofrecería la oportunidad de acceder al financiamiento del 85% del contrato de construcción del reactor HPR-1000 de acuerdo con los términos establecidos por nuestro país para definir a un crédito como concesional, es decir, brindaría una tasa de interés preferencial si se la compara a la ofrecida por el mercado internacional y un período de gracia que equivaldría a la duración del proyecto, entre algunos elementos a considerar. De acuerdo con esta situación, Argentina accedería a un financiamiento estimado en los USD 7900 millones que comenzaría a repagarse 8 años después, cuando el reactor comience a generar energía eléctrica. En el proceso, se estima la creación de 7000 empleos directos.

Al mismo tiempo, nuestro país se encuentra haciendo todos los esfuerzos necesarios para rediscutir la participación nacional del 40% del monto total del contrato acordada durante la gestión anterior con vistas a incrementarla, toda vez que se continúa conversando sobre las condiciones para la transferencia de la tecnología para fabricar el combustible nuclear en el país, clave para complementar las capacidades que ya tenemos en la fabricación de los combustibles para las centrales nucleares en operación -Atucha I, Atucha II y Embalse-, así como también para comenzar a adquirir experiencia en la fabricación de combustibles de características similares a las que utilizará el reactor de diseño nacional, CAREM.

Por su parte, NA-SA se encuentra trabajando en la posibilidad de reactivar el proyecto CANDU, al tiempo que explora con las contrapartes chinas la oportunidad tanto para NA-SA como eventualmente para la industria nuclear argentina en su conjunto para capitalizar las experiencias y conocimientos adquiridos durante la extensión de vida de Embalse, a través de la provisión de servicios de consultoría y componentes a los proyectos de extensión de vida de las centrales nucleares CANDU que China opera y que deberán encarar estas tareas en el corto plazo.

El gobierno argentino parece haber tomado nota de la oportunidad que ofrece una asociación inteligente con China para promover el desarrollo nacional. Tras la ceremonia de asunción, durante la reunión que el flamante presidente de la Nación, Alberto Fernández, sostuviera con el vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional Arken Imirbaki, enviado expresamente por el presidente Xi, se conversó sobre el proyecto nuclear teniendo en cuenta la importancia que tiene para Beijing y las indefiniciones registradas sobre el final de la gestión anterior. Posteriormente, en ocasión del primer encuentro oficial entre el embajador chino en el país, Zou Xiaoli, y el primer mandatario argentino en marzo de este año, la cuestión nuclear fue nuevamente uno de los ejes centrales que se trató en la conversación.

Así las cosas, las condiciones que se estructuraron durante el período 2003-2015 hoy permiten que, decisión política mediante, estemos ante el inicio de un nuevo período en donde podamos avanzar de forma definitiva y exitosa en un proyecto central y estratégico para el futuro de ambos países.

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