Alejandro Maci: «No esperaba que ganáramos el Emmy»

Alejandro Maci: «No esperaba que ganáramos el Emmy»

Por Daniel Gaguine

El director y guionista estuvo detrás del premio que recibieron Cristina Banegas y Darío Grandinetti por sus actuaciones en la serie "Televisión por la inclusión". También dirigió "En terapia".


Cuando uno hace su trabajo siempre espera lo mejor. Pero el Emmy no era esperado en absoluto. El Emmy es como si uno hiciese una pequeña película local y ganara el Oscar. Uno aspira a un Martín Fierro, a los premios Broadcast, premios nacionales. Que Televisión por la inclusión haya ganado los premios internacionales de televisión más importantes del mundo, compitiendo con programas que son superproducciones, es genial. Cuando volvió, Cristina Banegas me dijo que el programa que competía con nosotros lo hicieron en un mes. Así son las producciones internacionales. Por eso, estar nominados ya era un premio. Que un programa argentino obtenga una nominación al Emmy es como decir que obtuvo una nominación al Oscar. Si lo ganás, mejor; pero la nominación es un premio en sí mismo, porque hay un jurado altamente exigente e internacional. Estoy muy contento con todo esto. Nunca me imaginé un premio de estas proporciones. Es una locura. Ahora la miniserie va a dar la vuelta al mundo. Lo cual sirve para dar a conocer lo que se hace en la Argentina.

En terapia fue un suceso. Le fue bien en repercusión, rating –dentro de los parámetros de la Televisión Pública, ya que lideró el rating del canal–, tuvimos críticas que fueron de muy buenas para arriba. Fue una locura. Es una historia cuyo punto de vista es el de un terapeuta, interpretado por Diego Peretti, que está en un momento personal dificilísimo. Le pasa de todo. Se rompe su familia, el vínculo con su mujer y debe separarse de sus hijos. Se tiene que ir de la casa y abandonar su consultorio. En esa crisis, se enamora de la persona indebida y empieza la debacle. El contexto de la historia es Buenos Aires, una ciudad muy psicoanalizada. El lugar que ocupa acá el análisis, no solo el psicoanálisis, no existe en ningún lugar del mundo. Ni en Estados Unidos, ni en Francia, ni en España y menos en Israel, que es donde se origina el relato. Por eso, me parecía importante que fuéramos sensibles a esta situación. Acá, todos interpretan, hasta el que nunca pisó una terapia y dice “no proyectes”.

Impasse 1: Alejandro nos recibe en su casa. “Estamos arreglando”, cuenta con una sonrisa. Llegamos al lugar donde hizo su estudio. Está contento con este 2012 del que, según sus palabras, “no esperaba tanto”.

No hay mucha diferencia entre laburar en la televisión pública y la televisión privada. Para mí, la diferencia son los buenos y los malos proyectos. En la televisión pública siento una responsabilidad mayor porque lo que se hace se paga con la plata de los impuestos. La televisión privada, en cambio, es un emprendimiento empresarial. La televisión pública es más tranquila con respecto al rating. Eso, por supuesto, sin subestimar que le importa tener rating. Si En terapia hubiera tenido 0,2 o 0,5 punto en vez de los 4 puntos que logró, eso habría preocupado. Pero, igualmente, no es la competencia tradicional de El Trece con Telefé. Me alegró mucho lo que ocurrió con En terapia. Sentí esa responsabilidad que te decía. La serie tenía que tener nivel cinematográfico internacional. De hecho, la trabajé como cine. Ahora la compró España, lo cual es muy interesante, ya que van a usar la versión argentina, con acento argentino, no la van a rehacer.

Puede existir un buen programa con bajo rating. Lamentablemente, el éxito no va de la mano de la calidad. Hay programas de óptima calidad que pasan desapercibidos en un determinado momento histórico y social porque la gente está distraída con otra cosa. La televisión genera fidelidades. Entonces, la gente está viendo una cosa que no quiere dejar de ver y, por ahí, hay una joya en otro lado. La televisión es un fenómeno comercial. Eso no se discute. El canal, los productores, todos ganan mucho dinero cuando un programa tiene rating. Ahora, es discutible que lo que tiene mucho rating tenga que ser bueno. Vi programas espantosos con mucho rating. Y al revés también. A veces digo “tal programa es extraordinario y es un éxito”, y otras veces “es un éxito y los que lo hacen tienen mucha suerte de que funcionen así programas malísimos”. Pero ese programa generó adhesión, la gente se enamoró de un personaje, de dos o de todos. O enganchó la historia. Por algún motivo, pegó. La televisión siempre es coyuntural.

Impasse 2: Alejandro está lleno de proyectos para 2013. Cuenta que en febrero empezarán a rodar la segunda temporada de En terapia. Van a ser 40 capítulos, a diferencia de la primera, que tuvo 45. “Después –adelanta– tengo para hacer una película llamada Lo que queda del beso, con Darío Grandinetti. Además, estoy adaptando, con Esther Feldman, Los que aman, odian, una novela de Bioy Casares y Silvina Ocampo”, señala.

En mí surgió primero la dirección. El paso al guión fue progresivo. Empecé a coescribir mis propios trabajos, luego me propusieron escribir series, después se fue dando el resto. Hay cosas que escribo y no dirijo. Igual, el guionista o el director medio que van juntos: grandes libros se han hecho mal y malos libros han sido reescritos escénicamente logrando un éxito. El texto es la apoyatura dramatúrgica. Es la construcción del relato. Es fundamental. Al mismo tiempo, es inevitable que la dirección sea autoral: trata de reescribir en escena un texto. La tonalidad se encuentra en la escenificación. El tipo de humor, de melodrama, de tragedia o de comedia, la precipitación (o la falta de), los ritmos escénicos, todo eso no es del libro.

Me siento más cómodo dirigiendo cine porque hay un registro y permite un vínculo muy largo con los agentes de la acción, que son los actores. Allí tenés más tiempo para hablar, reflexionar y pensar. En la televisión hay mayor vínculo con la inmediatez, lo cual tiene su interés, pero a mí me gustan los procesos reflexivos más largos. A su vez, el teatro es la matriz. Es un espacio muy pequeño donde todo hay que generarlo en el público, como un imaginario. Nunca va a suceder lo que sucede en el cine o la tele, donde uno puede mostrar lugares e irse. En el teatro, se tiene que generar el exterior allí. El teatro es donde uno aprende lo que termina haciendo en otro lado.

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