Reencuentro de Alberto y Cristina: el tema es hacia dónde vamos

Reencuentro de Alberto y Cristina: el tema es hacia dónde vamos

Opinión.


Sergio Massa estaba sin señal en la cancha de Tigre viendo al club de sus amores, que sólo pudo empatar ante un descolorido Talleres de Córdoba que se llevó un punto de oro. Tamaña injusticia de alguna manera lo alejó de las dos cosas que atrapaban a la crema del Frente de Toda esa tarde, una el acto de Cristina en Ensenada y otra la contrariedad de Alberto ante la inesperada renuncia de Martín Guzmán, un funcionario que estaba muy dentro de su órbita y que le generó daño con la brusca salida.

Si bien hacía ya muchos meses que la comunicación directa entre Presidente y Vice era nula, damos por fallida la ocasión del aniversario de YPF, el tenor de la crisis política iba aumentando y ninguno de los dos daba el brazo a torcer para reencauzar la relación. Al mismo tiempo, discursos y decisiones que se tomaban, no hacían más que dar letra a todos aquéllos –muy pocos- que se beneficiaban de esa desafortunada situación.

El fin de semana es historia conocida, algunas versiones difieren de otras, pero la única verdad de peso se dio sobre el final del domingo cuando los dos ante un mensaje de Telegram enviado por Alberto, se dieron una oportunidad. Hablaron durante casi una hora a solas completamente, de una manera  respetuosa, coincidieron (aunque no los enamora a ninguno) en el nombre del Silvina Batakis para el reemplazo, descartaron otras movidas inmediatas, y coordinaron para seguir hablando el día siguiente.

Sergio Massa había acudido el domingo antes del mediodía con una propuesta de reestructuración general del gobierno, esta vez más en firme, ya que se lo había hecho saber en los dos viajes que compartieron con Alberto a la Cumbre de las Américas y al G7. La misma tenía una sensación como de relanzamiento que no convencía al primer mandatario dado que generaba por un lado la idea que el gobierno estaba en problemas graves (cosa que es verdad) y por otra que –y eso es cierto- a Massa se le fue un poquito la mano en el pedido, ya que aspiraba a controlar desde la jefatura de Gabinete a todas las áreas económicas y estratégicas. Eso y ganar las elecciones es bastante parecido, y por ahora no ha sucedido.

El presidente de la Cámara de Diputados había sugerido el nombre de Marco Lavagna para Economía y quedaba flotando el de Martín Redrado para el Banco Central. Incluso se hablaba de un upgrade de Guillermo Michel de la Aduana hacia la AFIP para completar el combo. Sin mucho dato preciso ya que no los hay y a pesar de haber mejorado mucho su relación con Cristina, es muy posible que la vicepresidenta se haya sentido sorprendida por el abultado pedido del tigrense. En la lógica de la Jefa del Patria se piensa así: “Yo tengo los votos, lo puse a Alberto, lo indulté a Sergio y ahora resulta que termina gobernando él”. La comilla remite al pensamiento, ninguna palabra de nadie, pero algunos hablan de veto.

La cuestión es que cuando cortaron los integrantes de la fórmula presidencial, Alberto se dirigió hacia sus leales visitantes y dijo: “Es Batakis”. Massa entendiendo perfectamente todo lo que pasaba esperó unos segundos, se dio media vuelta y se despidió. Había logrado parte de su cometido esa tarde, salir del medio de la pelea entre un Presidente y su vice, lugar incómodo si lo hay.

El síndrome “Benedetto” con Corintians parecía haberse adueñado de Massa ese día. Ocupó casi todos los cargos importantes durante todo el día y al fin del mismo no pasó nada. Massa igual se sentía aliviado con no cargar la mochila más kilómetros y poderse dedicar de lleno a la función que le compete en esta etapa y que, de hecho, realizó con profesionalidad logrando la sanción de varias importantes leyes solo dos días después, en una sesión que duró hasta las cuatro y media de la mañana, reuniones y fotos aparte nuevamente con el Presidente.

La cena que reencontró a la pareja presidencial en Olivos tuvo el valor de haber durado más de dos horas sin grandes problemas más allá de algunas discrepancias. El dato duro es que -desde Batakis en adelante- las relaciones entre ellos vuelven a ser más normales, cada uno en su rol. Y eso es muchísimo para este gobierno que era impotente para sellar el más mínimo acuerdo.

La política volverá a rodar más temprano que tarde, la continuidad y la efectividad del Frente de Todos es un enigma, como la relación que tendrán de aquí en más Alberto y Cristina. La idea es llegar juntos al año que viene, a pesar de la idea de adelantar las elecciones que sobrevoló el fin de semana y que puede volver tras algún grave traspié. Massa tomó distancia del conflicto entre ellos que ojalá -por el país- sea solo con diferencias y apuesta a que cualquier reconstrucción digna del espacio será con él adentro, ya que, si hay que poner un equipo que dé al menos algo de esperanza a la gente, ese equipo está más cerca suyo que del resto.

La economía diseñada para adelante no tendrá grandes cambios respecto de lo que se venía llevando a cabo. Fernández y Batakis ya tomaron nota de los «cables electrificados» de la coyuntura, tanto adentro como afuera del país, pero es mucho más necesario restablecer el poder de la política sobre la economía que los cambios que pueda aplicar la nueva ministra, que carece de espalda ancha para soportar una nueva crisis.

Los gobernadores y la CGT miran desconfiados por última vez al gobierno que querían bancar y éste no se dejó. No le queda a ninguno de ellos mucho más hilo en el carretel, algunos hablan de oportunidad perdida, otros de tomar aire para pegar el último salto. Y que no sea al vacío.

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